Toda crisis abre las puertas a lo desconocido. En un abrir y cerrar de ojos lo imposible termina en realidad. La historia dirá si volvemos a lo mismo o si veremos un nuevo día inspirado por los mejores impulsos.
Repetidamente hemos escuchado que el mundo no será el mismo pos-coronavirus. Depende de quién lo dice y la actitud que cada uno asuma según su propia experiencia. Esta pandemia ha revelado lo mal que estamos por el individualismo incomprensible, la falta de generosidad de algunos poderosos y una asombrosa desigualdad que nos deja sin aliento. Toda crisis abre las puertas a lo desconocido. En un abrir y cerrar de ojos lo imposible termina en realidad. La historia dirá si volvemos a lo mismo o si veremos un nuevo día inspirado por los mejores impulsos.
El estrés de la sociedad durante este período ha sido inconmensurable en la medida en que la gente ha perdido su empleo, sus empresas y hasta los ahorros. Los esfuerzos de los gobiernos por evitar una quiebra masiva se quedan cortos. Anteriormente, las recesiones se dieron porque los consumidores decidieron cortar los gastos, llevando a la destrucción de muchas fuentes de trabajo. En esta oportunidad, el cierre es motivado evitando un aumento en la tasa de infección que impida más muertes.
La economía global no será la misma por el brote del covid-19 y las medidas que se han tenido que tomar para responder al mismo han ahondado la crisis económica a todos los niveles. “Fundamentalmente, habrá enormes cambios en los patrones de consumo, el modelo de negocios y las cadenas de suministro”. Tan solo en los Estados Unidos, el numero de personas que ha reclamado subsidios de desempleo hasta el viernes se acerca a los 17 millones. Una cifra sin precedentes que sube con el paso de los días.
Y ¿qué significan los cambios que se han acelerado en tan corto tiempo? Muy seguramente veremos una pausa en la globalización y la cooperación global afianzando un clima en el que las compañías mas fuertes arrasan con las mas débiles. Es lo que Robert Kaplan llama “Globalización 2.0”: la rivalidad entre las grandes potencias, la separación de las cadenas de suministro, el auge del populismo, la angustia de las clases medias en las democracias occidentales, es decir un panorama apto para los pesimistas.
Una visión más dramática del mundo pos-virus es la que nos ofrece Torsten Slok, economista en jefe del Deutsche Bank, quien avizora un publico muy averso al riesgo, dándole prioridad al ahorro, algo similar a lo que vimos luego de la Depresión de los 30. Slok además anticipa un cambio en la vida de los negocios con más espacio en los restaurantes, cines y eventos deportivos. Las ansiadas vacaciones pasan a un segundo plano pues habrá menos dinero disponible, además de las restricciones que los gobiernos se verán obligados a imponer de modo que no haya un rebote de la pandemia.
La pregunta que a todos preocupa es ¿de qué dimensión será el desplome de la economía? Como se dijo arriba, el coronavirus ha resultado ser la peor máquina destructora de puestos de trabajo. Hay quienes se atreven a pronosticar niveles de desempleo cercanos al 20 por ciento de la población. También los que le apuestan a una recuperación rápida a partir del tercer trimestre. Nadie sabe a ciencia cierta. Ni siquiera los gurús de la economía podrán determinar el futuro cercano.
Un proceso deflacionario por la disminución de la demanda es otro escenario posible. Una caída modesta de precios podría ayudar a la restauración económica haciendo que los bienes y servicios sean mas accesibles. Es lo que se esta viendo con los precios del petróleo abaratando la gasolina. Pero una persistente deflación produce un efecto contrario para el sector productivo con menor rentabilidad y un consumidor que pospone las decisiones de compra a la espera de que los precios bajen aún más.
En una reciente encuesta preguntando cuanto tiempo estima la gente tardará la vida en retornar a los niveles de normalidad, las repuestas se inclinan a un panorama nada esperanzador como se observa a continuación:
Los más optimistas “comenzando mayo” con un 9 por ciento. Un 18 por ciento el “4 de julio” día de la Independencia de los Estados Unidos. Otro 16 por ciento, hacia el “Día del Trabajo” (que en ese país es el primer lunes de septiembre). En “Navidad” un 9 por ciento. Un sorprendente 37 por ciento, “En algún momento del próximo ano” y un 11 por ciento de escépticos “Nunca”.
