“Mi empleada es como de la familia”

Autor: Valentina Montoya Robledo
22 julio de 2019 - 09:03 PM

En términos legales, la frase “mi empleada es como de la familia” enmascara una desprotección legal que contribuye a que más del 80% de las trabajadoras domésticas del país esté en la informalidad.

Bogotá

Valentina Montoya Robledo

Vuelvo a Roma, la película, convencida de que más allá de su estética impecable, sus mayores logros son dos: haber plasmado la disyuntiva de las trabajadoras domésticas en América Latina consideradas por muchos empleadores “como de la familia” y haber mostrado las complejidades del trabajo doméstico para ayudar a legitimarlo como trabajo.

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Me concentro en el adverbio como, precisamente porque las trabajadoras domésticas resultan en un limbo entre ser de la familia de sus empleadores, en la medida en que comparten la intimidad de sus hogares, y no serlo, porque ellas tienen vida propia y una familia de la que sí hacen parte.

En una de las escenas, Cleo aparece viendo televisión con la familia para la que trabaja. Ella no se sienta en el sofá, como los empleadores y sus hijos, sino al lado, en el piso. Nunca en igualdad de condiciones. Uno de los miembros de la familia, le pide a Cleo que traiga algo de tomar. A pesar de la hora de la noche ella sigue en función de prestar un servicio, aunque comparte con los miembros de la familia momentos recreativos.

En mi investigación doctoral he entrevistado a trabajadoras domésticas y empleadores/as en Bogotá y Medellín y les he preguntado qué opinan de la frase “ella es como de la familia”. Las respuestas varían.

Para las trabajadoras sindicalizadas, la frase como de la familia” se usa para que los empleadores enmascaren sus sentimientos de culpa frente a incumplimientos en las prestaciones sociales o el salario completo. Muchas, cuando exigen sus derechos laborales, se han encontrado con empleadores que les responden que no deberían reclamar más porque ya les regalaron la ropa que la señora no quería usar o el colchón de la cama del niño que creció.

Para las no sindicalizadas, la frase resulta una muestra de amor y confianza, propia del afecto que crean con las personas que trabajan, especialmente los niños. Sin embargo, se preguntan: “No entiendo por qué, si soy de la familia no me dan carne o me hacen servir mi almuerzo en platos diferentes a los que ellos usan”.

Para los empleadores de más edad, la frase no da lugar a dudas. Cuentan historias de la trabajadora interna a la que contrataron desde joven, incluso desde niña, y con la que compartieron buena parte de su vida. Muchos afirman: “Es que nosotros nos criamos con ellas, casi como hermanos”. De nuevo aparece el casi, similar al como en su significado problemático que las aleja de sus derechos.

Para los empleadores más jóvenes, con trabajadoras por días y una conciencia mayor sobre derechos, la cosa ha cambiado. Ya no las consideran “como de la familia” sino como alguien que les presta un servicio. Hay casos en que ni las ven porque salen de sus casas antes de que ellas lleguen, les dejan el pago en la mesa de la cocina y se comunican por WhatsApp para dirigirles sus labores.

Finalmente, en términos legales, la frase “mi empleada es como de la familia” enmascara una desprotección legal que contribuye a que más del 80% de las trabajadoras domésticas del país esté en la informalidad. Por una parte, como ha aparecido en una encuesta a más de 400 empleadores en Bogotá y Medellín que realicé junto a otros investigadores, muchos empleadores no les pagan el salario completo ni las prestaciones sociales. Varios consideran, por ejemplo, que el salario se puede negociar por debajo del mínimo legal, o que, si la empleada no quiere formalizarse, pueden evadir las prestaciones sociales mediante el aumento del pago en cada jornada.

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Por otra parte, el derecho de familia confirma que las trabajadoras domésticas son trabajadoras: no tienen derecho a la custodia de los hijos de sus empleadores pese a haberlos cuidado desde bebés, ni a la herencia del empleador. Más allá del respeto que debe existir y de las relaciones de afecto naturales en la convivencia, a las trabajadoras domésticas deben reconocérseles sus derechos laborales y evitar la confusión que crea pensarlas como de la familia”.

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