Colombia y la odiocracia  

Autor: Hernán Mira Fernández
18 febrero de 2018 - 12:05 AM

Si queremos progresar en lo socio-político tenemos que enfrentar el odio, educar para dejar de ser una sociedad propensa a "usar la cabeza para embestir" sin pensar y razonar

El odio en la política colombiana es una especie de endemia (enfermedad que reina habitualmente, o en épocas fijas, en un país o comarca) y en el caso de la actual campaña electoral y, mejor, desde que se logró un acuerdo de paz, se ha vivido una gran oleada de este odio en la democracia colombiana que la ha llevado a ser como una “odiocracia”. En la historia patria hay varios ejemplos de odios políticos de los que tomo uno representativo, de cómo esos odios son una vía regia a la guerra. En la llamada “Guerra de los Supremos” que duró tres años (1839 – 1842) se enfrentaron por motivos inicialmente religiosos, José María Obando y Pedro Alcántara Herrán. Cuenta Argos, que Obando al saber que el designado para someter a Pasto era Herrán, se puso de parte de los facciosos porque él se mantenía ‘muy ardido’ contra Márquez que lo había derrotado en las elecciones de 1837 para presidente. Estos odios también llevan a asesinatos como en los casos de Gaitán o Galán. Con alguna razón, ahora se empieza a temer que pueda empezar a correr la sangre en esta encarnizada campaña.
¡Dios nos libre!

La verdadera democracia solo es posible si enfrentamos al odio con valor y con valores, dice Carolin Emcke en el excelente libro Contra el odio, que recomiendo ampliamente. Se plantea enfrentar el discurso del  odio que se cocina en un espacio público cada vez más polarizado, que criminaliza y acribilla las ideas ajenas pero jamás pone en duda las propias –entre nosotros es evidente la polarización y esa especie de criminalización de las ideas del contrario con calificativos como terrorista, “guerrillero”, extraditable, comunista, castrochavista, etc-. Se trata de una forma de dogmatismo al que hay cuestionar y enfrentar no sólo en el espacio de la política sino en el ejercicio y la práctica ciudadana.
Esta “odiocracia”, aquí se alimenta de esa falta sin fondo que tenemos en formación política y ciudadana

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El populismo es un muy especial sustento del odio en la sociedad y la política. El populismo es una forma pretendidamente moralizada de políticas de identidad ideológica o nacionalista. Los populistas necesitan una distinción ‘moral’ entre aquellos que pertenecen a su pueblo y los que no. Estos últimos siempre representan un peligro que amenaza al pueblo o nación verdaderos, como lo representa también cualquiera que discrepe de los populistas. Los populistas siempre convierten el conflicto en algo personal y en medio de este conflicto se termina dando valor a lo que dicen y hacen ellos. En esta Colombia donde se impone la política deshumanizada y de odio, los cuestionamientos y  críticas se responden con violentos ataques personales, y los que no siguen o seguimos los planteamientos del grupo de la derecha se califican de apátridas y que queremos llevar al país a lo que es Venezuela hoy. Este tipo de propaganda es como inspirada en Goebbels, el gran estandarte del nazismo: "La propaganda debe facilitar el desplazamiento de la agresión concretando los objetivos del odio". 
No se nace odiando, se aprende a odiar. Y a nosotros muchas veces se nos ha enseñado a odiar. A católicos y cristianos se nos ha enseñado a odiar a los ateos, como gente sin principios ético-morales que solo teníamos los de fe religiosa. Nunca se nos formó en ética civil o ciudadana que parten de la base del reconocimiento del otro como igual en dignidad humana, la tolerancia y el pluralismo. También se nos ha enseñado a odiar al comunismo y los países cercanos a él, algo bien alimentado en el hoy por hoy. Y en el racismo, discriminando y excluyendo especialmente a los negros los que se veían casi como desechables de esta sociedad “decente”.

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Si verdaderamente queremos progresar, es la hora de enfrentar el odio y reeducar para dejar de ser  una sociedad tan propensa a "usar la cabeza para embestir" antes de pararse a pensar y razonar.

CODA. A propósito de esta “odiocracia”, siempre vale la pena recordar a Fernando González: “Es en el corazón y en el espíritu donde residen las dificultades y donde está la solución de los problemas; con estos directores colombianos bien podéis expedir mil leyes y ordenanzas, y la vida continuará desagradable, difícil y fea”.

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