Clero y revolución

Autor: José Alvear Sanín
25 julio de 2018 - 12:08 AM

¡Abran los ojos, pues, los pocos que no se han pillado las verdaderas motivaciones de este cura traidor a la patria y la religión!

Tanto la Revolución Francesa como la Commune, la Rusa, la Mexicana, la Española de 1936, el estalinismo en la URSS y Europa Oriental, el maoísmo y el castrismo, han tenido el propósito de eliminar nuestra religión.  La Iglesia, sobre todo a partir de 1848, ha condenado esos movimientos, totalmente contrarios a sus  creencias, porque existe completa oposición entre la concepción religiosa cristiana y el materialismo dialéctico. Los católicos no pueden pertenecer a esos partidos, y los sacerdotes que adhieran a la revolución comunista, si no se retiran de su ministerio, son simple y llanamente traidores. 
En la historia de la Iglesia abundan los traidores, desde Judas Iscariote hasta hoy, cuando pululan tantos curas perjuros, desde la teología y la pederastia, hasta el activismo subversivo.
El traidor es, sin la menor duda, el más despreciable de los individuos. Dante, con razón, lo ubica en el más profundo círculo infernal, y nadie los ha pintado mejor que Shakespeare en el prodigioso diálogo sobre Julio César y sus asesinos, los más validos entre sus favoritos.

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El 4 de agosto de 1789, con el voto de no pocos abates, la Asamblea Constituyente abolía el clero como primer orden del Estado, antes de expropiar los bienes eclesiásticos, para luego decretar, el 12 de julio de 1790, la Constitución Civil del Clero, que convertía a la Iglesia en una burocracia remunerada al servicio del Estado.
Entre los 250 dignatarios eclesiásticos de ese État, finalmente 99 de ellos se plegaron, prestando juramento. Tan elevado porcentaje de traidores a sus votos no nos debe causar extrañeza, por la infiltración masónica en las filas del sacerdocio y por la cantidad de curas libertinos de la época, siempre presentes en la literatura del Grand Siècle. 
Sólo los personajes más execrables, como el cardenal Léomenie de Brienne, los obispos Maurice de Talleyrand y Gobel, los curas Emmanuel-Joseph Sieyès y Joseph Fouché, famoso asesino antes de dedicarse a las artes del espionaje y el chantaje, han pasado a la historia generalmente conocida. 
Con el correr de los días, muchos de esos sacerdotes participantes del regicidio y el terror apoyarán a Bonaparte, antes de traicionarlo cuando cae. Luego ofrecerán sus servicios a la restaurada monarquía. ¡Qué más puede esperarse de los traidores a lo más sagrado!
Chateaubriand, eterno realista, leal e indoblegable, llega al ministerio después de la caída del corso. Esperando audiencia del rey, “(…) de repente se abre una puerta: entra silenciosamente el vicio, apoyado en el brazo del crimen, Monsieur de Talleyrand caminaba sostenido por Monsieur Fouché: la visión infernal pasa lentamente por delante de mí, entra en el gabinete del rey y desaparece. Fouché acaba de jurar fidelidad y homenaje a su señor. El fiel regicida, de hinojos, puso las manos que hicieron rodar la cabeza de Luis XVI entre las de su hermano; el obispo apóstata hizo de garante del juramento”. (Memorias de ultratumba, Libro XXIII, cap. 20).
¡Desde 2010, cuántas veces nos ha tocado ver el vicio y el crimen colaborando con la paz de Santos!
No es este el espacio para alargarme en la tragedia de la Iglesia en América Latina, infiltrada en todos los países por la teología de la liberación, movimiento castrista oficiado por traidores como Laín, Pérez, Méndez Arceo, Boff, Gustavo Gutiérrez, Ernesto Cardenal, Miguel d´Escoto, Camilo Torres, Javier Giraldo, monseñor Romero, los curas villeros, Jon Sobrino y los jesuitas salvadoreños, etc., nombres que sobresalen entre la frondosa caterva de agentes revolucionarios que no se quitan la sotana precisamente para hacer más daño, no solo a la Iglesia sino a un pueblo que, superior a ellos, en vez de seguirlos a la revolución, más bien engrosa las iglesias protestantes o los cultos de la nueva era. 
A mayor actividad de estos falsos apóstoles, mayor deserción popular, hasta el extremo de que ya hay países excatólicos en nuestro continente, pero, desafortunadamente, esas comunidades protestantes no representan el sólido dique anticomunista que antaño significaba el catolicismo. 
Un gran analista del acontecer nacional, Eduardo Mackenzie, ha calificado justamente de desfachatez la exigencia de que a la comisión llamada “de la verdad” se le entreguen todos los archivos de la seguridad del Estado, para lo que sabemos: escribir una historia orwelliana de Colombia y entregar la munición que requiere el organismo paralelo de la JEP para la atroz revancha de la subversión. ¡Cuando el presidente Santos manifiesta que se pueden entregar esos archivos, teniendo el cuidado de no perjudicar la seguridad nacional, recordamos el padre que viendo a su hijo jugar con un revólver cargado, le recomienda suavemente tener cuidado de no matar a nadie!
El fementido sacerdote que preside dicha comisión dice que en un reciente video ha sido objeto de manipulación y tergiversación y que sus palabras se han falseado. Inclusive ha recibido el apoyo de eminentes personalidades que no han visto ni analizado el video completo, filmado el 28 de abril de 2017, donde ese individuo no oculta su admiración por Camilo ni su proclividad por el Eln, sus propuestas y sus líderes.
Cuando leo, veo y oigo a de Roux, no puedo dejar de recordar al cardenal Richard Cushing en los inicios del castrismo: “Si veo un animal que grazna como pato, vuela como pato y nada como pato, digo que es un pato”.

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Así pues, cuando llevamos cuarenta y más años viendo un cura que siempre ha colaborado como compañero de ruta; que ha sido llevado por las izquierdas a una posición clave para ellas y que la utiliza sin disimulo en favor de la subversión, concluyo que es comunista. ¡Abran los ojos, pues, los pocos que no se han pillado las verdaderas motivaciones de este cura traidor a la patria y la religión!      

 ***

¡Qué envidia del Perú, donde presidente y magistrados corruptos pueden ser destituidos!

***

¡Para no tener que sancionarlo, urge reformar el reglamento de las Cámaras y modificar el Código de Policía, para legalizar el simbólico lenguaje anal del contratista, exhibicionista y “faro moral del país”!

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Comentarios:

Maria Elena
Maria Elena
2018-07-25 16:40:58
Cura comunista
Luis Fernando
Luis Fernando
2018-07-25 08:58:21
Ojo con el camarada De Roux y sus conmilitones, los camaradas de la Jep

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