Verdad» oficial, obligatoria y coercitiva

Autor: José Alvear Sanín
7 febrero de 2018 - 12:10 AM

En toda guerra ambos bandos incurren en excesos, pero más tarde la historia produce un veredicto, libre pero discutible

Entre marzo y julio de 1936, los extremistas se hacen al control del gobierno de la república, que hasta ese momento solamente operaba como uno “de transición” hacia el leninismo. El asesinato de Calvo Sotelo hace estallar la guerra como reacción nacionalista y católica contra la atroz violencia, la persecución religiosa, el incendio sistemático de iglesias y conventos, la eliminación de millares de religiosos, y demás hechos que habían convertido la península en un abismo de terror y muerte de los peores que registra la historia.
En toda guerra ambos bandos incurren en excesos, pero más tarde la historia produce un veredicto, libre pero discutible. Así, por ejemplo, si condena los horrores nazis, no puede absolver las bombas de Hiroshima y Nagasaki, ni desconocer el bombardeo sobre Dresden o los abusos de las tropas soviéticas que atravesaban la Europa oriental.
Lo terrible es cuando ese veredicto  es sustituido por una rígida versión política que absuelve todo lo de un bando y condena todo lo del otro, para establecer una “verdad oficial” (cuyo desconocimiento puede llevar hasta la cárcel), que luego desciende a la instrucción pública, antes de envenenar el debate político. 

Lea también: De mártires y censuras
Yo estaba bien crecido, había estudiado algunos cursos en España y leído mucho sobre la fascinante historia de ese país, cuando el gobierno de Rodríguez Zapatero (¡sí, el cómplice de Maduro!) logró la expedición de la Ley 52 de 2007, dizque “para dictar medidas en favor de quienes padecieron violencia en la guerra civil y la dictadura…”, pero en realidad, para hacer obligatoria cierta “memoria histórica” ideologizada, maniquea, unilateral y fanática, para apuntalar la vasta operación de inculturación y propaganda que padece España desde hace años. 
Básicamente, esa ley
•    Ordena la eliminación de cruces, placas, monumentos y símbolos religiosos, así se encuentren en templos, cementerios o recintos privados, por la simple razón “jurídica” de que se pueden relacionar con Franco.
•    Anula las condenas proferidas sobre delitos cometidos durante la guerra civil y “grupos de resistencia”, lo que podría llevar, inclusive, a la absolución de terroristas como los de Eta.
•    Otorga la nacionalidad española (¿post mortem?) a los miembros de las Brigadas Internacionales Comunistas, que asesinaron multitud de españoles durante la contienda.
•    Determina la “expropiación” del Valle de los Caídos…
•    Clausura asociaciones y fundaciones que se consideren franquistas.
•    Crea un archivo general sobre la guerra civil (unilateral, desde luego).
El posterior regreso del PP a la Moncloa, a pesar de su promesa de derogar el adefesio, no cambió la situación, dada la pusilanimidad e ineficacia del señor Rajoy, bien demostrada, incidentalmente, durante sus dos gobiernos, empezando por lo de Cataluña.
Como el bipartidismo desapareció con el surgimiento de Podemos (gracias al dinero de Chávez), movimiento que ha traído otro elemento disociador a la escena española, con el renacimiento de un fanatismo comunista y antirreligioso que recuerda el de 1931, 1934 y 1936, combinado con la presencia, en las alcaldías en Madrid y Barcelona, de dos euménides de la ideología de género, afines al anarquismo, que se creía superado. 

En este clima delicuescente, ahora el Psoe se alía con Podemos para presentar un proyecto de Ley para reforzar la actual de memoria histórica, con prescripciones aun más drásticas y antidemocráticas, incluyendo hasta una “comisión de la verdad”. 
Esta semana, los neotalibanes españoles, encabezados por el alcalde, han demolido, de noche, la cruz de Callosa del Segura, pero los habitantes de ese pueblo valenciano se han apresurado a levantar una cruz de madera.
Acabo de leer un libro excepcional, Los mitos de la guerra civil, que solo en 2003 tuvo nueve ediciones (Madrid: La Esfera – Historia), que presenta en 603 páginas el  más objetivo y documentado análisis que hasta ahora haya encontrado sobre la Segunda República y la Guerra Civil. Su autor, Pío Moa (1948), joven comunista y terrorista del Grapo, que participó en varios asaltos criminales, se dedicó luego al estudio de esa época, y en media docena de grandes libros ha contribuido a esclarecerla.
Así como el historiador inglés Paul Johnson ha dicho que “la guerra de España ha sido el acontecimiento de los años treinta sobre el que más mentiras se han dicho”, Pío Moa pudo concluir así su magistral indagación: 
“El supuesto de que Franco se habría rebelado contra un gobierno legítimo y aplastado una república democrática, es la base que parece justificar todos los denuestos y maldiciones. El mismo supuesto permite, por el contrario, glorificar sin tasa a Azaña, Negrín o Prieto, o excusar cualesquiera de sus errores. Sin embargo, Franco no creía haberse rebelado contra una república democrática, sino contra un extremo peligro revolucionario. ¿Tenía razón? Si los datos expuestos en esta investigación son correctos, como confío, no puede haber la menor duda de que la tenía”.
Ahora bien, no sé hasta dónde el esfuerzo coactivo por angelizar a quienes condujeron a España a la revolución, el caos y la guerra, y por demonizar a sus contrarios, logre evitar el estudio desapasionado de su historia, inoculando a las nuevas generaciones con una confusa mezcla de odio por la religión y la unidad de España, dentro de un clima de imposición del marxismo cultural. Lo que sí sé es que en Colombia, con el “Acuerdo Final”, se avanza hacia una “verdad histórica” elaborada por una comisión ideologizada, presidida por un cura acomodaticio, que luego pasará al sistema educativo a través de la cátedra obligatoria de “paz”, y que tendrá brazo armado en la JEP.
Si no reaccionamos, nuestros nietos crecerán en medio del hambre y la dictadura, obligados a creer que toda nuestra historia es de injusticia y opresión, que nuestros gobiernos fueron tiránicos y que Timochenko, en cambio, era un héroe entre san Francisco, Marco Fidel Suárez y Bolívar.

Puede interesarle: ¿Hacia las últimas elecciones libres?
 

 ***

Der Spiegel  (01/ 02/ 2018), en un largo comentario sobre la frecuente manipulación en la investigación de mercados, señala que las encuestas políticas no son la excepción. En ese artículo no falta la nota irónica: No confíes en ninguna estadística que tú no hayas falsificado personalmente. ¡Imposible que el pueblo colombiano, que le da una preferencia de 2% a Timo (=Engaño), escoja a su cómplice por el 23 %!

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