Historia de Medellín a cuentagotas 13

Autor: Luis Fernando Múnera López
2 septiembre de 2019 - 12:03 AM

La diferencia social determinaba el sitio de la vivienda dentro del poblado. Las pocas manzanas que rodeaban la plaza principal se asignaron a los de más alta clase social. A los pobres, se les relegó a los terrenos circundantes

Medellín

Luis Fernando Múnera López

La sociedad de Medellín en la Colonia

Desde sus inicios, en Medellín existió una clara diferenciación entre ricos y pobres, acompañada por un sentimiento clasista muy fuerte. Los ricos eran los españoles venidos de la península que tenían títulos y concesiones de encomenderos, hacendados, mineros y comerciantes. Los pobres eran los mestizos, los indios, los negros y los mulatos, excluidos de tierras y otros medios de subsistencia.

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La diferencia social determinaba el sitio de la vivienda dentro del poblado. Las pocas manzanas que rodeaban la plaza principal se asignaron a los de más alta clase social. A los pobres, se les relegó a los terrenos circundantes. No obstante, una zona y otra eran tan cercanas que con el tiempo dejó de existir una clara diferenciación social en los vecindarios.

A pesar de esta discriminación social, en Medellín, y en general en Antioquia, la posibilidad de acceder a cargos públicos o a actividades económicas productivas y rentables no fue tan exclusiva de los blancos, pues en ciertos casos se extendió a los mestizos y mulatos libres, como se mencionará más adelante. En esto se diferenciaron de otras regiones del virreinato de Nueva Granada.

Las familias eran casi exclusivamente mononucleares, formadas por los padres y los hijos, sin convivencia con abuelos, tíos, nietos o primos. El promedio de hijos era de 3,3 por familia, aunque había algunas con nueve o diez vástagos, que vivían hacinadas en viviendas de dos o tres alcobas.

Los matrimonios eran actos trascendentales para las familias, y se concertaban después de analizar conveniencias e inconveniencias, en particular el honor, la legitimidad y la pertenencia, de preferencia entre iguales sociales y étnicos. Pocas veces la decisión era exclusiva de los novios.  La dote se entregaba al marido para su administración, quien no podía derrocharla ni venderla. Era frecuente que la esposa demandara al marido si veía peligrar sus bienes.

Los valores familiares y conyugales de ese tiempo eran muy distintos a los actuales. Como los matrimonios se pactaban por interés, era normal que la relación estuviese exenta de amor. El papel de la mujer en el matrimonio estaba signado por la sumisión y el sacrificio. La relación conyugal también se condicionaba por las ausencias largas y frecuentes del marido, que se desplazaba a sus minas y haciendas. No obstante, con los años muchas parejas llegaban a desarrollar sentimientos de compañerismo, gratitud, afecto y devoción.

La calidad de las viviendas era precaria, y su tamaño, mediano o pequeño. Se construían en bahareque o en tapia, con techo de paja, tenían un solo piso. A mediados del siglo dieciocho la construcción de las viviendas mejoró, por la mayor solvencia económica de sus dueños, gracias a la minería y el comercio. Empezaron a levantarse casas de dos pisos y con techo de teja.

La vida de la villa era simple y tranquila. La rutina se interrumpía por las fiestas religiosas tradicionales, en especial la Semana Santa y la Navidad, o por la muerte o jura de un rey de España. En esas ocasiones los habitantes rurales concurrían a Medellín, dejando las parcelas o las minas donde permanecían la mayor parte del año. La fiesta religiosa más importante era la de la patrona de la villa, la virgen de la Candelaria.

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Las fiestas se acompañaban de actividades recreativas como la lidia de toros, para lo cual se cercaba la plaza mayor, y las riñas de gallos. Los altos costos de las festividades eran cubiertos por las familias más acaudaladas. El carácter colectivo de estas celebraciones servía de ocasión para el contacto entre clases sociales. Existía también una gran afición por los juegos de azar como el naipe y los dados, así como por el billar, la taba de carnero y la mesa de truco.

Fuentes de consulta:

Rodríguez, Pablo “El calor de hogar en la vieja Villa de la Candelaria”, en Jorge Orlando Melo, editor, “Historia de Medellín” dos tomos. Compañía Suramericana de Seguros, Medellín, primera edición 1996, tomo 1, páginas 121 a 130.

Patiño M., Beatriz “Medellín en el siglo XVIII, en Jorge Orlando Melo, editor, “Historia de Medellín” dos tomos. Compañía Suramericana de Seguros, Medellín, primera edición 1996, tomo 1, páginas 137 a 175.

Continuará.

 

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