Elogio a la Policía

Autor: Luis Felipe Dávila
21 enero de 2019 - 09:04 PM

Si me preguntan ¿qué se debe hacer con la policía?, les diría: mejorarla, apoyarla, fortalecerla. No concibo una sociedad sin policía.

He tenido el honor de compartir mucho tiempo con algunos miembros de la Policía Nacional, unas veces como profesor, otras como estudiante, otras veces como amigo. Por este motivo, quiero presentar hoy este elogio a la Policía.

Lo invitamos a leer: Limpiar las calles de la ciudad

No es usual (en el ámbito académico) elogiar a las fuerzas del orden, puede llegar a tener una mayor sensualidad el elogio de la insurgencia, de los rebeldes, de aquellos que van contra lo instaurado. No obstante, hoy quiero elogiar a los otros, a aquellos a los cuales no se les ha escrito tanta poesía. Pero no me refiero a los agentes conservadores del statu quo, sino que quiero referirme a aquellos hombres que, a pesar de no recibir un abultado salario, ni un gran reconocimiento, salen a diario a las calles procurando sostener esta frágil democracia.

Recuerdo en trabajo de campo hace un par de años, que junto con otros colegas llegamos a la conclusión de que el Estado colombiano -en su humilde totalidad-, es tan bueno o es tan malo, como bueno o malo sea el policía que regenta su cuadrante. En el policía descargamos toda la institucionalidad, pero olvidamos que muchas veces este agente está allí solo, y no me refiero a la cantidad de policiales por lugar, me refiero a que la sociedad les da la espalda a esos hombres o a esas mujeres, me refiero a que enfrentan peligros inmensos como la criminalidad organizada y la estatalidad precaria… y el resto… que no creo que tenga que mencionarlo.

Recuerdo que un policial me decía que el ámbito procesal penal era para la mayoría de los miembros de la institución un punto de gran incertidumbre, que los hacía, en ocasiones, dudar a la hora de proceder con el servicio, esto en virtud de la cambiante regulación legal y de la superproducción normativa. Incertidumbre, violencia, conflicto armado, criminalidad organizada, instituciones débiles e inciertas, amplia aceptación de la informalidad y la criminalidad por parte de la comunidad, por no decir complicidad, todo esto marinado con una impunidad de casi en 99%. Empero, todo se mantiene.

Recuerdo que cuando hacíamos las entrevistas, era frecuente que en los barrios los ciudadanos pidieran más policías, y que, además, equipararan la seguridad con mayor presencia policial. Incluso, en las mediciones realizadas en dicha consultoría, la policía era una de las organizaciones con más prestigio social en Medellín, por debajo de la iglesia católica, el ejército y las universidades, y por encima del resto (Presidencia, Gobernación, Alcaldía, Congreso, Concejo, Asamblea, etcétera)

Ponemos en sus hombros una responsabilidad muy grande, a cambio (como encontramos en esta investigación) de obtener muy pocos estímulos. Aun así, la mayoría no dudan en salir a resolver las problemáticas. Recuerdo que uno de los patrulleros entrevistados me dijo: "uno es muy vulnerable, lo matan saliendo del turno o recogiendo a la esposa”, a lo cual otro contestó: “El policía está entre cuatro o más fuegos cruzados, siempre puede ser la víctima, pero nunca el héroe”. Yo en cambio creo que si son héroes, quizá no todos, pero si la gran mayoría.

Si me preguntan ¿qué se debe hacer con la policía?, les diría: mejorarla, apoyarla, fortalecerla. No concibo una sociedad sin policía. Hegel consideraba que la función de policía es parte de la vida ética, teniendo en cuenta como momentos de la vida ética a tres instancias: la familia, la sociedad civil y el Estado, y Neocleous en su investigación llegó a la conclusión de que la función de policía es más antigua que su propio nombre, diciendo, además, que la función de policía va más allá que la suma de los uniformados. Muchas funciones de policía de antaño son ejercidas hoy por civiles, civiles que miran por debajo del hombro a los policiales. La policía, concluye el autor, es la gran constructora del orden social. Orden que nos permite ser libres, no al revés.

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Marcelo Saín escribió un gran libro sobre la policía de su país, Argentina (es crítico como deben ser los libros), y recuerdo que en uno de sus primeros capítulos afirma que la función de policía no es neutral, es política. Y yo agregaría que es política porque es humana. Y no es humana solamente la policía, sino cualquier discusión sobre ella. Hablar de la policía es hacer política, proteger a los uniformados es hacer Estado.

 

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