El opaco brillo de nuestra joyería

Autor: Jorge Alberto Velásquez Peláez
26 junio de 2019 - 09:02 PM

El escenario del oro podría ser diferente, ojalá empezando por recuperarle al Banco de la Republica el monopolio en la comercialización del metal, y definiendo un plan de acción para la conquista del mercado global de joyería

Medellín

Jorge Alberto Velásquez Peláez

Si Usted hubiera querido hablar de oro cuando ese negocio era más decente, su interlocutor podría haber sido Ramiro Sanín Posada en el Banco de la Republica, y no, como hoy, Sebastián de la Oficina de Envigado, o Eduardo Otoya, expresidente de la Frontino Gold Mines y de Continental Gold -conocido entre sus colegas del Clan del Golfo como “el doctor”-, traqueto minero, como muchos otros doctores de verdad, que han arrastrado hacia el descrédito nacional por corrupción a empresas reconocidas como Goldex, C.I. Metales, y, supuestamente, a la tradicional compañía paisa J. Gutiérrez, investigada hoy por lavado de activos. No solo es criminal este negocio sino también extraño, y algo fantasmal, pues ocho mil barequeros vendieron oro a las comercializadoras a pesar de estar ellos muertos. Sin duda, un enorme caos ocurre con el primer renglón de las exportaciones antioqueñas, y, en consecuencia, con las más importantes empresas exportadoras del departamento. Y es que, en el negocio del oro, la plata llama; según el exfiscal Martínez, un kilo de coca en EE.UU. vale 20.000 dólares y uno de oro, 42.000 dólares; lo increíble es que, siendo tan brillante, el oro tenga que lavarse, y tanto se ha hecho, que calcula la misma Fiscalía que una cifra de 10,2 billones de pesos en los últimos años terminó en los bolsillos de grandes comercializadoras y de bandas criminales. En 2018 las exportaciones colombianas de oro ascendieron a 1.422 millones de dólares, buena cifra para el contexto exportador de ese año, aunque baja respecto a la obtenida en el 2012, de 3.385 millones; en el presente tendremos grandes ingresos gracias a mejores precios internacionales, tanto así, que esta semana se marcó un nuevo récord de 1.439 dólares la onza, el máximo en seis años. El oro brilla para muchos, tramposos o no, pero corrompe y destruye a nuestro país, acaba con nuestras selvas y propicia deforestación, envenena las aguas con mercurio y a nuestros animales. Triste escenario, pero podría ser diferente, ojalá empezando por recuperarle al Banco de la Republica el monopolio en la comercialización del metal, y definiendo un plan de acción para la conquista del mercado global de joyería, que quizás algunos expertos en comercio exterior no lo saben, también puede ser de oro.

Lea también: Los aguacates de Nairo

En un mercado mundial joyero de 103.000 millones de dólares anuales podría participar Colombia sustituyendo en alto porcentaje sus actuales ventas de oro en bruto, con nuevas empresas que se puedan crear mediante vinculación de inversionistas extranjeros, y con las existentes y la valiosa participación de orfebres de varias regiones del país; si se adelanta un plan de fomento exportador como debe ser, ese objetivo puede cumplirse, y si acaso dicho plan se implementa a medias, como es costumbre, algo se lograría mejor que lo actual, de absoluta pobreza en resultados. China e India asumen el liderazgo como exportadores con 13.331 y 12.395 millones, respectivamente, seguidos por Suiza con 11.753 millones. Los italianos, que en el pasado manifestaron sus deseos de invertir en Antioquia, venden joyas por valor de 7.071 millones. Es Colombia apenas el séptimo exportador latinoamericano con una ridícula cifra de 4,5 millones de dólares, siendo superada por México, República Dominicana, Perú, Bolivia, Brasil y Panamá. Mexicanos y dominicanos exportaron 347 y 198 millones de dólares, respectivamente, mientras los peruanos, también exportadores de oro en bruto, como nuestro país, recibieron 113 millones de dólares por sus despachos de joyería. ¿Podemos lograr cifras como las anteriores? Claro que sí, y por qué no, mayores, pero debe haber un plan estratégico de promoción del sector joyero que combine cooperación técnica y económica internacional, identificación de nichos para las joyas colombianas actuales con desarrollo de nuevos productos, y una campaña de atracción de inversionistas extranjeros que sepan entender nuestro enorme potencial por la disponibilidad de la materia prima y el acceso libre a los principales mercados del mundo. Un programa de esa naturaleza podría concebirse en el ministerio de comercio o en Procolombia, pero la verdad, es mucho pedir. Antioquia no puede esperar por un plan nacional que nunca va a llegar, y por lo tanto debería avanzar con uno propio, y nuevo, pues queda demostrado que todo lo que se ha hecho en el pasado, por las absurdas cifras de joyería exportada, han sido un fracaso. Para terminar, sería importante que se considerara una intervención del Banco de la Republica, que permita a esa entidad proveer el oro requerido por los joyeros exportadores.

Lo invitamos a leer: Por un gobernador global

 

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