Largo & Ancho
Periodistas, cronistas y comentaristas
Autor: Rubén Darío Barrientos
4 de Octubre de 2006


Ha sido un propósito del gobierno el buscar la eliminación de las pensiones especiales en Colombia, valga decir, las que excepcionan y atenúan las normas generales en materia de requisitos.

Una de ellas, es la famosa pensión de vejez o jubilación de los periodistas afiliados al Sistema General de Pensiones, que se aplica a quienes al momento de entrar en vigencia el Decreto 1281 de 1994 tenían 35 años o más de edad si son mujeres, ó 40 años o más de edad sin son hombres, ó 15 o más años de servicio cotizados y que, además, exige el que se haya obtenido la tarjeta profesional de periodista, de conformidad con la Ley 51 de 1975 y el Decreto 733 de 1976.


Pues bien. Acabo de conocer el caso particular de un reconocido comentarista deportivo de esta ciudad (cuyo nombre no voy a revelar por obvias razones), que se paseó por las principales cadenas radiales y que alternó con los más destacados narradores que han desfilado por la ciudad de Medellín. Su impronta radial data de más de treinta años y su bagaje cultural es amplio y culto, amén de que combinó mucha parte de su actividad como servidor de la docencia.

Resulta que este personaje presentó los documentos vinculados con la solicitud de una pensión especial de jubilación para periodistas, pues encuadraba su condición dentro de los requisitos normativos. Pero el Seguro Social se la negó por una razón única: las certificaciones laborales venían concebidas como “comentarista” y no como “periodista”. Incluso, el hombre de marras, posee su tarjeta de periodista expedida por el Ministerio de Educación Nacional, pero esa razón semántica no tiene peso para la entidad que denegó la pensión.

El Decreto 1837 de 1994, que nos ocupa, dice que “se entiende por periodistas con tarjeta profesional vigente, al afiliado que en forma habitual y remunerada en su medio de comunicación social, se dedica al ejercicio de labores intelectuales, tales como las de director, subdirector, editor asistente de los anteriores que ejerzan funciones periodísticas y no exclusivamente administrativas, técnicas o de locución, jefe, subjefe o asistente de sección especializada en redacción; o de corresponsales; articulistas de planta, corresponsal de publicaciones nacionales o extranjeras, redactor, reportero gráfico, cronista y corrector de estilo, diagramador y caricaturista”.

El comentarista deportivo de nuestro cuento fue: subdirector de programa deportivo, redactor jefe de sección especializada, corresponsal, cronista, entre otras funciones. Desde luego, la antigüedad en materia de cotizaciones, el cumplimiento de los requisitos y la edad, le caben perfectamente. Pero una malhadada certificación dio al traste con las pretensiones del actor: la constancia de que fue “comentarista deportivo”.

El artículo 2º. del Decreto 1837 de 1994 posibilita que se excepcione la edad para obtener la pensión de jubilación, al permitir que a los 55 años se le disminuya por cada 60 semanas que excedan a las primeras mil, un año de edad cronológica, sin que la edad de pensionamiento pueda ser inferior a 50 años.

Por eso se dice que esa una pensión especial, porque un periodista puede jubilarse a los 50 años.

El debate gira en torno a si un “comentarista deportivo” es “periodista deportivo” o es “cronista deportivo”, por supuesto detentando la tarjeta profesional vigente como periodista.

Si se repara, se observa que el damnificado de esta historia es “periodista” por tarjeta, pero “comentarista” por certificación laboral.

Se dice que el “cronista” informa, narra, comenta lo que ha sucedido. Lo mismo que hace el “periodista” o el “comentarista”. Todo un galimatías.

Sería bueno que se creara jurisprudencia a este respecto, porque hay muchos periodistas (sin haber terminado la carrera de comunicación social), que han obtenido su pensión especial de jubilación. Pero hay otros que han fracasado en el intento. ¿Podrá una malhadada certificación, derruir las expectativas de alguien que como el de esta narración, ha sido periodista-cronista-comentarista? Vale la pena revisar este asunto. ¿O no?