Columnistas

Desertores y disidentes
Autor: Rubén Darío Barrientos
15 de Diciembre de 2016


La noticia la publicó hace dos días El Universal de Cartagena: “20 guerrilleros habrían desertado de las Farc en Córdoba”. Todos pertenecen al frente 18, que opera en el Nudo de Paramillo, sur de Córdoba.

La noticia la publicó hace dos días El Universal de Cartagena: “20 guerrilleros habrían desertado de las Farc en Córdoba”. Todos pertenecen al frente 18, que opera en el Nudo de Paramillo, sur de Córdoba. Se dice que los desertores han tomado dos acciones, en sus caminatas por Puerto Libertador: a) intimidar a la población civil y extorsionarla a cambio de respetarle la vida y b) reclutar personal para llevarlo a sus huestes, tras su firme rebeldía de no cumplir con lo pactado por sus superiores en la firma de la paz.


Hace un mes largo, cuatro integrantes del frente 19 de las Farc, desertaron igualmente. Vienen por el norte del país, a sus anchas, extorsionando y delinquiendo. En un comunicado, el grupo guerrillero dijo que no les den dinero ni acepten sus exigencias, porque ellos ya no forman parte de esa facción de insurgentes. Los medios, además, han dado cuenta de que en Nariño, Bajo Cauca antioqueño y Vichada, se han presentado no pocas deserciones de guerrilleros de las Farc. Por ejemplo, en Tumaco se ha formado un grupo que está recogiendo y prohijando desertores que disienten del proceso de paz en procura de solidificar su financiación.


Lo anterior, sin dejar de considerar que hay bastantes guerrilleros de las Farc que han pasado a engrosar las filas del Eln. Se recuerda que en el año 2005 decenas de combatientes de las Farc fueron fusilados en juicios revolucionarios de guerra por las propias Farc, para evitar que se convirtieran en futuros informantes de la fuerza pública. Entre el 2002 y el 2008, cerca de 10 mil guerrilleros desertaron de las Farc, en donde muchos se acogieron a los planes de reinserción del gobierno de entonces, que comportaba trabajar en algunas entidades o ingresar a estudios técnicos.


Ayer se conoció que 5 integrantes de las Farc, casi todos del frente primero del bloque oriental, fueron separados de las filas por el estado Mayor Central de ese grupo insurgente. Eran personas que cumplían tareas de mando y sobre las cuales se invocó contradicción con la línea político-militar (disidencia conceptual). No estaban de acuerdo con la dejación de armas y venían haciendo proselitismo entre sus compañeros para que no se cumpliera con lo acordado en Cuba. Entre los expulsados está alias Gentil Duarte, quien participó de algunas mesas de negociación en La Habana y que cuando regresó al país, se “torció”.


Todas estas conductas estaban previstas. Se asegura en fuentes oficiales que las Farc tienen en Colombia unos 6.500 hombres, que entremezclan narcotráfico, extorsión, abigeato, secuestro, atentados y minería ilegal. En el año 2001 llegaron a ser 16.000 hombres. Es real que algunos tienen miedo de enfrentarse a la nueva realidad de desmovilizados, otros se asustan del nivel de exposición en que quedan y no faltan los que creen que sus jefes entregaron la causa con la firma del acuerdo de paz.


¿Qué porcentaje de desertores y disidentes puede haber? Es muy difícil saberlo, pero cada que hay rebeldes con causa que no se quieren ir a las veinte zonas de concentración, se genera una noticia ruidosa. Este proceso de la paz y del posconflicto no es nada fácil. Muchos no creen en el embeleco y el país está polarizado. Nadie confía en que la guerrilla abdique de su lucrativo negocio del narcotráfico y que renuncie a tanto dinero inmundo en caletas.


El objetivo claro de los capos farianos es conquistar el poder (lo que luce utópico) y darle un viraje al país para llevarlo a un socialismo criollo. Las Farc no parecen tan unificadas y el mediano plazo goza de alta incertidumbre.