Columnistas

Comienza la transición. . .
Autor: José Alvear Sanin
7 de Diciembre de 2016


El Congreso, violando deliberadamente la Constitución y todos los principios democráticos y jurídicos, ha dizque “refrendado” el “nuevo” acuerdo entre Timo y Santos, copia aumentada y corregida del anterior,

El Congreso, violando deliberadamente la Constitución y todos los principios democráticos y jurídicos, ha dizque “refrendado” el “nuevo” acuerdo entre Timo y Santos, copia aumentada y corregida del anterior, pero con solapados retoques cosméticos. Con ese acto tramposo y delictual se inicia la etapa de transición de Colombia de la democracia al régimen comunista totalitario.


No nos digamos mentiras: Desde que el gobierno presidido por un compañero de ruta, encargó a otros dos, De la Calle y Jaramillo, para que convinieran con un brazo armado del PC, la entrega del país, empezó una primera y larga etapa para la paulatina ocupación del Estado mediante la infiltración de todos sus órganos, la toma del control de los medios, la neutralización de las Fuerzas Armadas y la Iglesia Católica, para que asistan impasibles a la toma del poder por parte de sus peores enemigos.


Paralelamente a esa operación se redactaba un mamotreto disfrazado de acuerdo especial humanitario, para suplantar la Constitución por un cuerpo de extrañas disposiciones que consagraran el dominio del PC sobre el Estado colombiano. 


No olvidemos que las Farc, apenas son parte del tinglado que desde Cuba, a través del Foro de Sao Paulo, viene haciéndose al control de América Latina, y por tanto, el convenio no es entre la subversión y el gobierno, sino entre este y el PC.


A partir de la semana entrante una extraña y sombría comisión del gobierno, las Farc, Cuba, Venezuela, Noruega y Chile, la Cvrc, se encargará de supervisar, tutelar y autorizar los actos del presidente, de tal manera que será ella la que ejerza en realidad el poder ejecutivo.


Después de la tal refrendación, Colombia es un país completamente dominado por el comunismo, a través de sus proteicas manifestaciones, pero la estructura sigue siendo democrática y de libre empresa. Para convertir esa situación de hecho en una de “derecho” hay que hacer la transición, cuyo propósito es cambiar las instituciones para iniciar en firme la tercera etapa, la revolución.


Desde luego, si con otras trapisondas “jurídicas”, a través del Congreso y la Corte Constitucional se reviven las facultades omnímodas del acto legislativo para la paz, la tarea será muchísimo más fácil. Si, en cambio, sorpresivamente, la Corte Constitucional obstaculiza ese fast track (que hace posible cualquier barbaridad en cuestión de horas), la transición tampoco se detendrá, porque la alianza Farc-gobierno dispone de un Congreso vasallo (o rubber stamp, como dicen los ingleses), dócil, incondicional y cómplice.


Hay numerosos indicios en el sentido de que, además del mamotreto (ahora de 310 páginas), también existe un convenio secreto de 74 puntos, entre los dos bandos conjurados, como denunció Juan Lozano hace poco en El Tiempo. Realmente, ese convenio es lo que ahora llaman hoja de ruta, y contiene, por tanto, los textos de reforma electoral y voto electrónico y los de las leyes de amnistía, reforma colectivista agraria y las necesarias para poner en marcha la Justicia Especial de Paz (verdadera Injusticia Especial para el Posconflicto). Contiene también las leyes para crear más de un centenar de organismos burocráticos requeridos para implementar el famoso acuerdo. Y otras fuentes consideran que ya está establecida la lista de las primeras víctimas para llevar a la proterva JEP.


De aquí a 2018, todo el modelo económico, social y jurídico será sustituido por otro colectivista, comunista y dictatorial, y si en las elecciones de ese año triunfase, venciendo todos los obstáculos imaginables, un candidato democrático, el elegido estaría maniatado por las 310 páginas supraconstitucionales y por todo el nuevo derecho, en un país cuyas divisas provendrían del narcotráfico y de la exportación de minerales obtenidos de la destrucción del entorno. 


Por eso cuando Timo reclama un gobierno de transición y un candidato único para 2018 (¿De la Calle?), no lo hace por carencia de poder, sino porque quiere hundir el acelerador en aquello de la transición.


Esta ya está pues en marcha. El profesor Juan David Escobar Valencia (Lo que se nos viene encima. El Colombiano, nov. 28), describe muy bien lo que nos espera en materia de desgobierno y de avance subversivo, hasta la toma completa del poder, que él prevé para 2026. Comparto los vaticinios del excelente análisis del doctor Escobar Valencia, salvo en lo que dice a la toma definitiva del país, que para mí será lograda desde 2018, a través de elecciones manipuladas, locales, de Congreso y de presidencia, mediante el fraude electrónico, abuso publicitario, amenazas, presencia armada del ELN en muchas regiones, y todas las demás trampas que sean necesarias para establecer la República Bolivariana de Colombia, aterradora perspectiva  que nos obliga a luchar con las armas de la democracia, para restablecerla en este país.


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¡Uribe lo hizo Mindefensa, y Timo lo hizo codictador!