Columnistas

Una nueva era de proteccionismo
Autor: Juan Felipe V閘ez Tamayo
23 de Noviembre de 2016


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Durante el último año la democracia ha dado al mundo varias sorpresas con respecto a los resultados en las urnas. Los movimientos de extrema derecha han venido cogiendo fuerza en Europa, llegando a tener mayorías en muchos parlamentos e incluso nombrando un presidente como fue el caso de Hungría. Adicionalmente, el Brexit marcó el inicio del nuevo proteccionismo europeo y la elección de Trump en Estados Unidos lo definió como tendencia mundial.


Desde el 2008 la globalización y las ideas liberales de libre circulación de bienes, personas y capitales no habían vuelto a enfrentar una oposición tan sórdida. Más preocupante aún, resulta que los opositores políticos de este nuevo conservadurismo tampoco parecen querer adoptar una postura férrea en contra de sus ideales proteccionistas como así lo demostró Hillary Clinton al cambiar radicalmente su postura frente a la Alianza Trans-Pacífica o TPP, por sus siglas en ingles. 


La crisis del 2008 dejó una impresión incomoda con respecto a las aperturas comerciales en los países del mundo desarrollado. Las políticas de austeridad aconsejadas por el FMI y llevadas a cabo por la mayoría de los gobiernos europeos, junto con la lenta recuperación de dichas economías y altos niveles de desempleo en países como España e Italia, permitieron que tanto movimientos de extrema izquierda y derecha ganaran fuerza entre los votantes, dando como resultado la legitimización de sus agendas, y entre sus propuestas un mayor proteccionismo.


Los promotores del libre comercio tampoco se esforzaron mucho por demostrar sus beneficios e incluso pusieron en duda su legitimidad, llevando a cabo negociaciones totalmente confidenciales y ajenas al público con el TPP y su contraparte europea, la TTIP (Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión).


El miedo se sobrepuso sobre el público y los rumores sobre la pérdida de soberanía, privatizaciones masivas, protección de la propiedad intelectual a favor de multinacionales como consecuencia de estos acuerdos hicieron que el electorado reaccionara de forma negativa frente a dichas negociaciones.


Aunque los beneficios del libre comercio, tales como la alocación eficiente de sectores productivos, control de la inflación, llegada de nuevos sectores económicos pueden parecer evidentes, los contras son muy tangibles para muchos sectores de la sociedad, sobre todo para los trabajadores empleados en los sectores menos productivos que tienden a ser desplazados por la competencia manufacturera.


Aunque se ha confirmado que la desaparición de muchos trabajos en las economías desarrolladas se ha dado como consecuencia de los cambios tecnológicos, todavía existe la percepción de que estos se perdieron como consecuencia del libre comercio. No tan aparente resulta que el 29% de las ganancias en poder de compra de la población norteamericana son resultado del libre comercio.


El mundo se enfrenta a una nueva era de proteccionismo, donde los mayores perdedores no son los europeos sino las economías en vía de desarrollo, principales beneficiados de las liberalización comercial de los 90, sobre todo en el sureste asiático y en un menor grado en América Latina.


La defensa del libre comercio recae en los políticos moderados tales como Hollande en Francia, Merkel en Alemania, Justin Trudeau en Canadá; ya que los dos países iconos por su libertad económica sucumbieron a los populismos más mundanos basados en el nacionalismo y la abstracta idea de que “estamos mal por culpa de los otros”.