Editorial

Hostilidades estratégicas
24 de Octubre de 2016


Cuando confluyen tantos actos voluntarios que comprometen a dirigentes políticos y mandos militares, no hay extravío individual.

El hostigamiento de una nave de la Fuerza Aérea venezolana contra un Boeing 787-800 que atendía el vuelo comercial AV011, Madrid-Bogotá, es un acto para el que no cabe el concepto “confusión” con que Diosdado Cabello, segundo al mando en el chavismo, pretendió describirlo y quitarle trascendencia, y tampoco son razonables la trivialidad y prisa para pasar la página, en que se encuentran sumidos el presidente Santos, la canciller, su ministro de Defensa, la aerolínea afectada y medios de comunicación que apenas si han informado sobre el incidente.


De acuerdo con los mínimos, y hasta contradictorios datos, la hostilidad ocurrió el pasado viernes 21 de octubre a las 19:10 (hora de Colombia) en el espacio aéreo de Venezuela, que el avión puesto en peligro surcaba siguiendo las exigencias y el trayecto para aeronaves comerciales. Mientras avanzaba en vuelo rutinario, la tripulación recibió una alerta del sistema Traffic Collision Avoidance System (Tcas por sus siglas en inglés), que se dispara cuando dos aeronaves se encuentran a no más de 40 segundos la una de la otra. Por cuatro largos minutos, según informó un comunicado del Ministerio de Defensa de Colombia, se vivió una angustiante situación que los tripulantes colombianos afortunadamente lograron sortear preservando la calma y salud de los aproximadamente 250 viajantes. Sólo después de insistentes llamados y dos horas y media de espera, nuestras autoridades pudieron conocer la versión venezolana, ni satisfactoria ni exhaustiva, de una situación en la que fueron violados los estrictos protocolos para operación, siempre controlada, de aviones militares estratégicos; sobrevuelos comerciales, e interceptación de aeronaves en vuelos comerciales. Cuando confluyen tantos actos voluntarios que comprometen a dirigentes políticos y mandos militares, no es posible aducir extravíos individuales como excusa.


Las relaciones con el “díscolo y bienamado vecino”, como hemos señalado en editoriales como el de Gesto inamistoso y zurdo, del 18 de julio de 1997, han sido siempre afectadas por dificultades. Muchas de ellas, político-militares, agravadas por la presencia de las Farc y el Eln a ambos lados de la frontera; la gravísima crisis militar de la corbeta Caldas, por una equívoca incursión de buques patrulleros colombianos en la zona económica exclusiva, ocurrida en 1987, y la irresuelta política del cierre, anti-colombianista, de la frontera binacional, que fue ordenado por el gobierno Maduro en agosto de 2015. La indefinición de límites en el Golfo y la porosidad de la Frontera favorecen equívocos, y hasta abusos, en los que políticos en apuros -generalmente del lado venezolano- se escudan para despertar el nacionalismo como arma de cohesión de sus nacionales. Sabedor de que las maniobras del CNE significan ahondar en la pérdida de democracia, el chavismo quiere escalar la estrategia para rearmar alianzas americanas, ahora que la OEA ha sido nuevamente convocada a defender la Carta Democrática, toda vez que el secretario Almagro ha recalcado que la invalidación de las firmas es “una inflexión” que indica que “es hora de tomar acciones concretas”. 


En tanto ofendida y convocada a defender la Carta Democrática aprobada cuando el expresidente César Gaviria ejerció la presidencia, Colombia no puede resignarse al ejemplo del manso ofendido, como si el que se presenta fuese un incidente menor fruto del error de un amigo. Es verdad, sí, que por el enfoque diplomático personalista puesto en práctica por la canciller Holguín, se han perdido sólidos canales institucionales de mediación, diálogo y resolución estructural de los problemas diplomáticos. Además, nuestro Gobierno se ha dejado cercar por el garante en la Mesa de conversaciones con las Farc y auxiliador de la anunciada negociación con el Eln. Compromisos personales e incluso ayudas a las conversaciones con esos grupos criminales no pueden, sin embargo, doblegar a una Cancillería que había gozado de reconocimiento por su seriedad, respeto por las formas diplomáticas y garantía de defensa de los derechos del país. Muy al pesar de la señora canciller, pues, ha llegado el momento de pasar de la conversación directa con amigos ministros, a la acción diplomática contundente a través de la cual Colombia exija las claridades que faltan, demande el compromiso de no repetición de un incidente tan peligroso como molesto, y exhorte al chavismo la recuperación de los mecanismos diplomáticos hoy tristemente olvidados.