Columnistas

Les Luthiers, en el Palacio de Exposiciones
Autor: Olga Elena Mattei
23 de Octubre de 2016


En días pasados se presentaron en Medellín los actores del famoso grupo Les Luthiers, maravillosos músicos, que además de poder interpretar con excelencia todos los géneros de la música, desde cualquier categoría de la popular, o de la folklórica,

En días pasados se presentaron en Medellín los actores del famoso grupo Les Luthiers, maravillosos músicos, que además de poder interpretar con excelencia todos los géneros de la música, desde cualquier categoría de la popular, o de la folklórica, hasta la más refinada de la clásica. Son ingeniosos y deliciosos artistas cómicos, que han recorrido numerosos países, incluyendo una exitosa visita a Medellín hace algunos años.


El grupo, un sexteto, es originario de Argentina, y presentó obras tan variadas como un Madrigal medieval en una versión de perfecto estilo, qué acabó con un gran chiste, y un conocido fragmento de ópera con su vena cómica, más una pieza creada totalmente de sonidos hematopéyicos. Un programa largo y maravilloso con más de 10 canciones-chistes de brillante humor.


Fue obvio que el público de esta ciudad recordaba con admiración la presentación pasada, pues la función contó con un inmenso público entusiasta, que toleró a las carcajadas cierta incomodidad inesperada, culpa de la ciudad misma, no de los artistas ni del productor que los trajo, el experimentado y exitoso empresario Javier Ortega.


Como él mismo me explicó, la capital antioqueña no cuenta con un gran teatro como el que él sabía que se necesitaría para esta ocasión:


“Se trata siempre de crear una atmósfera confortable para el bienestar del público y del artista. La comodidad necesaria para que uno y otro protagonista disfruten el espectáculo”. Son importantes el espacio, la accesibilidad, el plan arquitectónico, los materiales de construcción que influyen en la acústica y la sonorización, la visibilidad, la perspectiva, el confort, la seguridad, (desde que se intenta comprar la boleta, hasta la salida del espectáculo).


En nuestro país existen teatros o espacios torpemente acondicionados, construidos por arquitectos que desconocen lo que es una puesta en escena. 


Existen también los auditorios, excedentes arquitectónicos de las grandes construcciones empresariales, ubicados en sótanos o terrazas de centros comerciales.


Coliseos cubiertos, construidos con los peores materiales acústicos, diseñados solo para actividades deportivas, lugares desperdiciados para otras actividades culturales como recitales, conciertos, y obras de teatro, ópera, ballet…


Anfiteatros, (herencia lejana de los griegos), como lugares al aire libre que solo tienen el nombre, construidos en Colombia sin caja escénica ni proyección acústica. Y con idénticos problemas, estadios de futbol: copia de coliseos romanos, utilizados por toda Europa y África del norte para difundir la “cultura” de este deporte, en donde, por obra y gracia de los periodistas deportivos, no se puede tocar (utilizar) la cancha o grama. Mientras en Colombia se prohíbe el uso alternativo de los estadios, en Europa esto se fomenta y ellos se rentan para grandes espectáculos.


Y Centros de Convenciones: grandes hangares de exposición en donde no se piensa en más que rentar el metro cuadrado para el comercio.


Esos son algunos de los pocos espacios que disponemos para realizar eventos de calidad y de 


magnitud.


Todos los espacios convencionales o teatros en nuestro país tienen una demanda tan fuerte; que las fechas disponibles son programables sólo desde el año anterior. Otro problema que existe es la demografía que, con el crecimiento de nuestras ciudades, empequeñece los teatros y nos deja sin posibilidades de presentar los espectáculos modernos, diseñados para un número mayor de asistentes.


Cuando utilizamos los espacios disponibles con espectáculos extranjeros de gran categoría, nos enfrentamos a la necesidad de improvisar en la adecuación de un recinto con las cualidades, características y medidas técnicas de un teatro convencional local, para el doble del  publico normal. 


Doble presupuesto, doble cantidad de trabajo: acondicionamiento de: accesos, silletería, telones acústicos, piso, oscurecimiento total, camerinos, baños, taquillas, alimentación, seguridad...son demasiadas variables con las cuales debemos luchar, en Colombia, los productores de espectáculos, para lograr presentar a los artistas internacionales y nacionales de alta calidad.”


Aquí les dejo la proclamación de estos problemas cívicos que padece nuestra ciudad, para que mediten si algún día seremos capaces de atender esta carencia, mientras nos preocupamos asistiendo semanalmente a teatros que no tienen ni salida de emergencia...donde, sin tapicerías especiales, y con materiales que se caen del techo, (nuestro patrón, el Sagrado Corazón de Jesús nos proteja), estaríamos sin un rápido y eficiente acceso al exterior en caso de incendio u otra catástrofe. ¡Y, sería imperdonable, que ahora que el teatro Metropolitano está cerrado para reparaciones, no se aprovechara el receso ya obligado, para abrirle dos grandes portones en cada costado de la sala, (según el ejemplo del teatro de la Universidad Medellín) con sendas escaleras externas adosadas a las dos paredes, donde afortunadamente se cuenta con todo el espacio necesario!


Por mi parte, ya esta es la tercera columna en la que solicito a este periódico (y también a El Colombiano), y a tantas personas con la influencia de líderes cívicos, que insistan y presionen a las entidades clave para que tomen conciencia del grave peligro al que nos sometemos como espectadores... encerrados frecuentemente en cajas sin salidas eficientes.