Mundo deportivo

Head high, firm pulse
Cabeza en alto, pulso firme
Autor: Juan Felipe V閘ez Tamayo
21 de Octubre de 2016


Mauricio Ortega es uno de los atletas colombianos con mayor proyecci髇 internacional. 蒷, como muchos otros deportistas, trabajan jornada tras jornada para otorgarle triunfos al pa韘 y forjar un futuro con sus logros.


Foto: Hern醤 Vanegas 

Con 22 años, Mauricio compite de igual a igual con la élite mundial del lanzamiento de disco.

Después de que se confirmó su eliminación en Río 2016 cayeron las críticas; los medios de comunicación que cubrieron los Juegos lo buscaron para pedir explicaciones, y él le explicó a todos con total aplomo, pese a que algunos periodistas pasaron directamente al juicio sin atenuantes.


Mauricio Ortega era uno de los deportistas colombianos que figuraban en el sonajero de medallas o primeros lugares en los Juegos Olímpicos. Había hecho una preparación ejemplar en Europa y su rendimiento en la prueba de lanzamiento de disco hacía pensar en la posibilidad de contar, mínimo, con un diploma olímpico para la cosecha de la delegación colombiana.


Antes de los Olímpicos estuvo cuatro meses en República Checa, donde entrenó y compitió con los mejores. De doce eventos,  Mauricio se subió al podio en diez. “Estar allá fue lo que más me dio seguridad y empecé a pensar en una medalla porque me codeé con todos los grandes de Europa, competí en las mismas condiciones que ellos y tuve un plan de trabajo muy bueno”, dice.


Pero la medalla no llegó, porque a Mauricio le pasó factura la juventud y la inexperiencia, en una prueba en la que, generalmente, se llega a la cima después de los 30 años.


“De Río llegué con un sinsabor por no haber podido hacer las cosas como estaba planeado. Mi objetivo era ser medallista, pero me pudo la ansiedad”, dice el atleta de Apartadó, quien nunca evadió el reto sobre sus hombros de figurar dentro de la delegación colombiana a los Juegos. 


Mauricio reconoce que el revés en Río fue duro de asimilar y pasó un mal rato durante varios días. “Me tranquilizó el apoyo de mi mamá que me dijo que ella presentía que algo así podía pasarme por mi juventud”, dice el lanzador.


Con el pasar de los días el traspié fue quedando atrás y la desazón fue reemplazada por su habitual tenacidad en la pista. Volver a empezar y renovarse para un nuevo ciclo no es fácil, pero Mauricio ha demostrado tener una cabeza tan fuerte como sus brazos con los cuales revolea el disco por los aires.


Mauricio Ortega conjuga todos los valores de una nueva generación de deportistas colombianos, quienes ya no están solamente dotados de un talento para una disciplina específica sino que sus formaciones son cada vez más integrales, y así mismo sus ambiciones y necesidades.


Se exigen así mismos, pero también exigen a las instituciones para recibir lo que es justo. “Lo ideal es que el sistema se adapte a nosotros”, dice Mauricio, quien explica que el deporte nacional no puede esperar más para tener un profundo cambio, en el cual los atletas sean el centro de un componente integral entre la formación deportiva, universitaria, en lo económico y lo social. “¿Por qué no patrocinan a los deportistas desde jóvenes? Si fuera así, a Óscar Figueroa no habrían tenido que operarlo tantas veces ni habrían tenido que esperar tanto a Caterine (Ibargüen) para que diera una medalla”, dice Mauricio.


A la larga, la mentalidad de los deportistas como Mauricio puede ser molesta para la dirigencia y muchas otras personas. Pero es algo que no puede esconderse: los deportistas del país claman por una posición más digna en la sociedad. “Tenemos que cambiar el chip y el egoísmo. Debe haber una mejor disposición hacia el deportista y comprender que son personas que lo sacrifican todo por un beneficio para todos, porque los triunfos en el deporte los celebran todos”.


Sería bueno que llegara ese momento para dejar de medir a un deportista sólo por un resultado. Por ejemplo, tanto los medallistas de Río como los que no obtuvieron medallas necesitan respaldo y que sus esfuerzos diarios no sean invisibles. De modo que cuando les llegue la gloria, la sociedad, los medios y las instituciones puedan sentirse parte activa de esos logros y no se queden sentados simplemente esperando el resultado para gozar con el triunfo ajeno o sacar el arsenal de críticas por la derrota.