Columnistas

Volver a aprender
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
11 de Octubre de 2016


Con frecuencia dicen que uno nunca olvida cómo montar en bicicleta, que esta tarea se ha interiorizado y convertido en una acción automática: se menciona conceptos como las sinapsis dormidas que se reactivan,

Con frecuencia dicen que uno nunca olvida cómo montar en bicicleta, que esta tarea se ha interiorizado y convertido en una acción automática: se menciona conceptos como las sinapsis dormidas que se reactivan, y se traen argumentos sobre amplificación de redes neuronales y cuestiones más o menos técnicas relacionadas con propiocepción y cinestesia. Hace pocos días se recordaba un párrafo de un escritor, creo que H. G.  Wells, en que se refería con optimismo y buen humor al esperanzador significado de ver a un adulto que monta en bicicleta: vuelve a la memoria la imagen de un sonriente y melenudo Einstein de saco y corbata que se desplaza en su “cachona” en algún campus universitario 


norteamericano. 


Después de haber sido un ciclista esporádico retorno ahora –tras años de inactividad- a las dos ruedas, y llego, con mención y reconocimiento positivo para Medellín, al sistema público local de bicicletas Encicla. He tenido casi que aprender desde los inicios; por fortuna, de modo rápido y amable, pero ha sido sin duda en el caso que refiero, un nuevo aprendizaje. 


Es un grato descubrimiento y un volver a experiencias previas, que se remontan a muchos años atrás –muchos, en serio, ¡cómo pasó el tiempo!-. Mantener el equilibrio, evitar obstáculos, tomar decisiones inmediatas para sortear pequeñas y grandes dificultades como la rama del árbol que aparece a la altura de la nariz, la  abuela que cruza mirando el celular en la mano derecha y en la izquierda llevando a su nieto de cinco años, el inesperado orificio en el camino causado por unos adoquines faltantes, el poste que está allí porque no parece haber otro sitio para él, en fin… Todo ello hace parte, además, del placer sorprendente de ver detalles del área urbana, del entorno, de la arquitectura, de la topografía, incluso de las gentes, que de otro modo no hubiera conocido o  apreciado en su variedad y colorido. El soplo del viento fresco en la cara, la sensación de leve aumento de la frecuencia cardiaca y un particular bienestar a ello asociado, todo tiene mucho de descubrimiento. Es un  volver a aprender, gratificante, saludable: ¡una bella joven se detiene por unos segundos a mi lado, esperamos juntos el cambio del semáforo y sonríe! Al tener luz verde ella acelera asombrosamente y desaparece de modo definitivo en la distancia; una pequeña y fugaz hada que apareció en el bosque citadino, conduciendo su cicla azul... 


Indudablemente, persisten dificultades en el sistema local que ahora tiene algo así como cuarenta y un mil afiliados a las bicicletas compartidas. Con ánimo positivo señalo algunos que mejorarán con esfuerzo persistente y con decisiones políticas, educativas y administrativas.


Hay  en general buena señalización de los senderos dedicados a las bicicletas; en cruces clave, de mayor congestión vehicular (ejemplos críticos: Palacé con la 33, san Juan con Palacé, el cruce al frente de la Alpujarra) es esencial  la coordinación de los semáforos y la disponibilidad de tiempo y espacio peatones-ciclas.  


La tarea educativa por delante es de envergadura; no se trata sólo del buen uso que el ciclista haga del caballito de acero, de su ruta y sus señales. Por supuesto, importa mucho la eficaz educación a conductores de vehículos, y –quizás más aún- a los peatones: en muchos casos es evidente que el transeúnte aún no asimila la noción clara de que existe ciclo-ruta, y esto es un tema seguramente de complejas dimensiones para los arquitectos, urbanistas y pedagogos, pues hay zonas en las que el espacio disponible presenta especiales restricciones y dificultades. También están aquellas otras áreas difíciles en las que la invasión al espacio del camino por parte de comerciantes y de otras actividades callejeras es expresión de un total desconocimiento o inoperancia de las normas. Tienen tarea por delante las autoridades relacionadas si recorren la carrera Carabobo, por ejemplo.


Seguramente la red de vías disponibles pronto se irá ampliando, en la medida lo permitan los espacios, los recursos limitados y sujetos a múltiples y diversos intereses lícitos, incluidos por supuesto, los de residentes y comerciantes. Es bueno que el ciudadano tenga mayor acceso por  los medios de comunicación a cuestiones como datos, mapas, cifras, estadísticas sobre seguridad, sobre tiempos de desplazamiento, rutas disponibles, reglamentaciones vigentes, motivaciones para el uso racional y económico de los sistemas privados y públicos de transporte. Qué  interesante y positiva tarea la de una ciudad que en este particular avanza y nos hace recordar que con orden, claridad de objetivos y racionalidad, es posible ganar tramos que mejoran las condiciones de vida de cada uno de los habitantes de este valle.


Termino esta nota de prisa: tengo que ir a conseguir el casco, que pronto será de uso obligatorio, ¡ah! y un poco de agua, el combustible que necesito. ¡Enhorabuena!