Columnistas

La primavera criolla
Autor: Carlos Arturo Soto Lombana
11 de Octubre de 2016


Me referí en columnas anteriores sobre la posición de los jóvenes (columna de junio: Los jóvenes tiene la palabra) y la participación de la comunidad internacional en el proceso de paz de Colombia (columna de agosto:

Me referí en columnas anteriores sobre la posición de los jóvenes (columna de junio: Los jóvenes tiene la palabra) y la participación de la comunidad internacional en el proceso de paz de Colombia (columna de agosto: La comunidad internacional y proceso de paz). Sin duda alguna las voces de los jóvenes del Sí y del No, unidos por un mismo propósito se puso de manifiesto: exigir a la clase política una pronta renegociación de los acuerdos, sin dilaciones. La toma simbólica de la Plaza de Bolívar de Bogotá, en donde se han montado carpas y están pernoctando jóvenes que reciben el respaldo de la ciudadanía, con la promesa de permanecer allí hasta que se firmen los acuerdos de paz, hace recordar al movimiento de los indignados que se tomaron la Puerta del Sol en Madrid con la intención de promover una democracia más participativa alejada del bipartidismo Psoe-PP. 


Por otra parte, la no intromisión de la comunidad internacional en el proceso de paz solicitada por los expresidentes Uribe y Pastrana tuvo esta semana una inesperada respuesta por parte del Comité Noruego del Nobel al distinguir al presidente Santos con el Premio Nobel de Paz. Sin desconocer los méritos de nuestro presidente para obtener el galardón más importante que se pueda otorgar a una persona en el mundo, lo cierto es que con esta decisión del Comité Noruego del Nobel se envía un mensaje a Colombia para que culmine el proceso iniciado hace cuatro años en Oslo y de esta manera ponga fin a la tragedia humanitaria y social en la que ha vivido la nación durante medio siglo de conflicto armado. En esto la comunidad internacional ha cerrado filas.


Los jóvenes están dando un mensaje de tolerancia y madurez que los ha llevado a unir “fuerzas”, entre partidarios del Sí y del No, que se traduce en las marchas pacíficas, llenas de simbolismos por la paz y la reconciliación de los colombianos, que con el correr de los días podría tener los efectos de las marchas que inspiraron a los ciudadanos de los países árabes, en lo que se conoció como la primavera árabe o el movimiento de los indignados en España. La clase política no puede desconocer el clamor de la juventud ni lo debe subestimar; las consignas actuales van en el sentido de una renegociación de los acuerdo de La Habana pero en un horizonte temporal inmediato, sin dilaciones y sin cálculos políticos en espera de las próximas elecciones presidenciales. Las próximas semanas serán cruciales para que el movimiento de los estudiantes defina su rumbo dependiendo de la dinámica política y del compromiso y prontitud con que las élites avancen en procura de un nuevo Acuerdo entre el Gobierno y las Farc. La posibilidad de una primavera criolla no se puede descartar y las consecuencias de subestimarla pasarán factura a muchos dirigentes y partidos políticos. De alguna manera lo que el mundo ha vivido en otras regiones es un espejo sobre el cual Colombia debe aprender; lo sucedido con el Brexit en el Reino Unido debió tomarse en cuenta en el plebiscito realizado en Colombia.


Me sostengo en lo escrito en mi columna de junio: “El voto por el sí o por el no a la refrendación de los acuerdos de La Habana, es una oportunidad para un acercamiento intergeneracional que permita dialogar entre los jóvenes, las personas de mediana edad y las personas mayores sobre lo concertado entre la guerrilla más antigua de Colombia y el gobierno; no obstante, la decisión final debería estar en manos en los más jóvenes.”


(*) Profesor Universidad de Antioquia