Columnistas

Aterrizaje forzoso
Autor: Alberto Maya Restrepo
10 de Octubre de 2016


Al menos por un tiempo más se podrá escribir sin temor a la estigmatización, a las mentiras a granel y a la vanidad del poder.

Al menos por un tiempo más se podrá escribir sin temor a la estigmatización, a las mentiras a granel y a la vanidad del poder. Muchos de quienes respondieron a los encuestadores que votarían Sí fue por miedo, pues esa campaña la basaron en aterrar con la guerra urbana que vendría, según Santos, si ganaba el No; respondieron que Sí por pánico a la aplanadora montada por el Estado.


A propósito de las encuestadoras, que se pifiaron, fallaron estrepitosamente, queda la duda de si estaban también enmermeladas a cuenta de los contribuyentes para que dieran resultados acordes con los deseos de quien con las Farc negoció arrodillado y de quien, sin haberle primero consultado al pueblo, con bombos y platillos, gastando inmensas cantidades de dinero en exhibiciones, parafernalia, escenarios, luces, sonido, invitados, comilonas, etc. celebró arrogantemente lo que no se sabía si sería aceptado o negado el 2 de octubre. Visto retrospectivamente: un gran oso internacional.


Las Farc se reunieron durante unos días para decidir si aprobaban o no el acuerdo que hicieron con Santos. Ellos lo hicieron al derecho porque no se pueden adoptar acuerdos como el firmado en La Habana sin averiguar primero si el pueblo los acoge o los rechaza. Santos, simplemente, ensilló sin traer las bestias y se dio todo tipo de baños de popularidad para presionar un voto por el Sí y, claro, en pro de su alborotado ego.


En su corta intervención del 2 de octubre por la noche, por fin, dijo Santos que “todos quieren y queremos la paz”. Antes de esa fecha los del No éramos tachados de guerreristas insensatos que no queríamos paz. ¡Aterrizo!... y de barriga.


La oferta central de Santos para que votaran por él para ser reelegido fue alcanzar la paz. Ya se “comió” 6 años de mandato, de los que, por otro lado, quedan desastres en lo económico, en lo fiscal, en salud, en el agro, en educación, en transporte, en cultivos de coca, en corrupción galopante, etc. Acuerdo por ahora no y estamos mal en lo demás, al punto que para remediar el grave hueco de las finanzas públicas Santos quiere una reforma tributaria, la que no podrá imponer basado en argumentar desarrollos de un acuerdo derrotado en las urnas.


Que con calma el Centro Democrático lidere una amplia recopilación de los puntos que se deben renegociar para construir así un verdadero pacto de paz estable y duradera. Los santistas, a su mejor estilo, amenazan con el fin del cese al fuego si hay demoras, pero… Santos quemó todos sus cartuchos, políticamente quedó muy maltrecho y él y su equipo, según lo dijeron varias veces, entregaron “el mejor acuerdo posible”.


Una renegociación no debe ser liderada por quien se quemó, por quien perdió autoridad política y moral para cambiar lo que defendió ardorosamente como “lo mejor que se podía lograr”. Más y más propuestas llegan para modificar puntos del fallido acuerdo; así, esto va para el 7 de agosto de 2018 y que Santos no afane invocando peligro de deterioro económico, pues desde antes del 2 de octubre ya existía ese deterioro.


En Caldas, tierra de Humberto De la Calle, ganó el No. En Risaralda, tierra de César Gaviria, ganó el No. En Santander, tierra de Serpa, ganó el No. En Norte de Santander, tierra del ministro Cristo, ganó el No. En Antioquia, tierra de Álvaro Uribe V., ganó amplísimamente el No. ¿Conclusión?... Gustavo Álvarez G. escribió en ADN el 3 de octubre: “Santos debe renunciar a la presidencia si de verdad quiere salvar la paz. Una nueva negociación, con representación de los estamentos que fueron despreciados, es la única forma de sacar avante esta paz que todos necesitamos. Le tocó el turno doctor Vargas Lleras. El futuro de la paz lo tiene usted”.


De darse una refrescante y saludable recomposición del equipo negociador, ¿por qué no incluir en ese cuadro a la senadora Sofía Gaviria C.? Ella tiene información, tiene fórmulas de arreglo y cuenta con las vivencias que le dan credenciales para desempeñarse con lujo en un grupo así.