Columnistas

Uribe y su combo no quieren Reforma Agraria
Autor: José E. Mosquera
6 de Octubre de 2016


La frase célebre de Woody Allen: “La vocación de un político de carrera es hacer de cada solución un problema”, sirve para explicar lo que paso con las votaciones del plebiscito para refrendar el acuerdo de paz.

La frase célebre de Woody Allen: “La vocación de un político de carrera es hacer de cada solución un problema”, sirve para explicar lo que paso con las votaciones del plebiscito para refrendar el acuerdo de paz. Triunfo la manipulación, la política del odio y el miedo que difundieron los líderes del no, para oponerse a las reformas que se plantean en el acuerdo de paz. 


Reformas que son las mismas que se vienen pidiendo desde la primera década del siglo XX, las mismas que por no hacerse, originaron los 52 años de guerra con las Farc.  El Acuerdo de paz no modifica ni el sistema económico, ni el régimen de propiedad en Colombia.


Pudo más el miedo y el odio, que el perdón y la reconciliación. En los que votaron por el no, no hubo sindéresis a la hora de decidir entre la paz y guerra. De hecho, ganaron el odio y la sed de venganza, perdieron el perdón y la reconciliación. Se demostró otra vez que la manipulación de la población pobre y de la clase media ha sido un instrumento político eficaz de la oligarquía para conservar su poder y sus privilegios de clase dominante. 


Las desavenencias entre el presidente Juan Manuel Santos y el expresidente Álvaro Uribe, esconden una realidad que poco se habla, el enfrentamiento entre dos sectores de la oligarquía que representan ambos personajes. El proceso de paz ha puesto en contexto las diferencias, entre estos sectores de la oligarquía por las reformas que demanda la sociedad colombiana desde los albores del siglo XX.


Es claro que el sector de esa oligarquía, que representa el presidente Santos, quiere reformas como la agraria y apertura política para los sectores insurgentes y las minorías étnicas. En cambio, el sector de la oligarquía que representa el expresidente Uribe, asociado a los terratenientes y a los dogmas religiosos, impulsador del paramilitarismo, no quiere en el fondo reformas como la agraria, que afecten su poder económico, sus privilegios y de hegemonía de clase.


Postura que se matiza con una campaña de manipulación que la gente no alcanza a comprender y que le ha servido al uribismo para mantener su electorado cautivo. Detrás del uribismo lo que se camufla es una poderosa fuerza de la oligarquía colombiana que se ha opuesto a las reformas más liberales que demanda la sociedad colombiana. Fuerza que desplegó todo su poder económico y político para determinar los resultados en la región andina, la más rica y poblada del país. 


Detrás de las desavenencias entre Santos y Uribe lo que hay es una disputa entre dos sectores de la oligarquía, con marcadas diferencias sobre la conducción el Estado dentro del establecimiento. Producto de ese enfrentamiento, las Farc ha quedado en el centro del péndulo de la política. Los que votaron por él no, en su ceguera ideológica y de odio, indirectamente ha jugado en papel decisivo para que Las Farc obtengan un posicionamiento político más rápido que lo que se esperaba. Por esas luchas entre la oligarquía, Las Farc se han convertido otra vez, en punto de desacuerdo y de acuerdo en esta coyuntura política. 


Ahora los enfrentamientos de ese tipo en la oligarquía colombiana no son nuevos, los vivimos en el siglo XIX cuando los Radicales, plantearon grandes reformas para la modernización del Estado y encontraron férreas oposiciones de los sectores tradicionales.


Igualmente sucedió en los años 30 del siglo XX, cuando Alfonso López Pumarejo, impulso las reformas para adecuar la estructura del Estado a los nuevos cambios que demandaba la sociedad, entre ella la reforma agraria. La reforma Agraria que se plantea en el acuerdo de paz es idéntica a la que no dejaron hacer los terratenientes a López Pumarejo y a Carlos Lleras Restrepo.