Editorial

Sí, en el Plebiscito, para acabar con las Farc
1 de Octubre de 2016


Por su cercanía y el valor del documento, le cedemos el espacio de nuestra columna editorial. Mañana, en cambio, repasaremos nuestras razones para apoyar el NO.

Nota de la Dirección: La campaña alrededor de la refrendación del Acuerdo de La Habana ha movido pasiones intensas, que propician rupturas. También, por fortuna, ha provocado reflexiones que enriquecen el proceso y revelan los múltiples sentidos de la decisión que el país tomará mañana. La argumentación construye ideas y deja puntos de encuentro en la diferencia, recordando que, cualquiera sea el pensamiento, todos somos colombianos. En EL MUNDO hemos dado espacio a posiciones contrarias y hemos hecho nuestras propias reflexiones sobre la negociación, el Acuerdo y el Acto Legislativo para la Paz. Aníbal Gaviria Correa, quien como gerente y periodista nos acompañó durante una década antes de ser gobernador de Antioquia y alcalde de Medellín, tiene fuertes argumentos para apoyar el SÍ; con ellos profundiza el análisis y ofrece pragmatismo. Por su cercanía y el valor del documento, le cedemos el espacio de nuestra columna editorial. Mañana, en cambio, repasaremos nuestras razones para apoyar el NO.


1. Como alcalde de Medellín en el período 2012-2015 y como ciudadano apoyé públicamente en repetidas ocasiones el proceso y los diálogos entre el Gobierno Nacional y las Farc.


2. La defensa de la vida como valor supremo y sagrado, ha sido columna vertebral de mi credo y mi ejercicio como servidor público, como periodista y como ciudadano.

3. Fiel a mi convicción y talante liberal, y consecuente con mi interpretación del ejemplo y legado de mi hermano Guillermo Gaviria Correa, mártir de la paz y la Noviolencia, secuestrado y asesinado por las Farc cuando lideraba una Marcha desarmada, pacífica y Noviolenta, he siempre mantenido la intención de apoyar decisiones y caminos que nos conduzcan a mayores niveles de convivencia, paz y reconciliación por difíciles que parezcan y que sean en realidad.


4.  A partir de la publicación del Acuerdo Final, momento en el cual los colombianos conocimos lo acordado, me he dedicado a leerlo, estudiarlo con detenimiento, discutirlo con asesores y amigos, escuchar y leer otros puntos de vista, tarea muy exigente no sólo por lo extenso del documento sino principalmente por lo complejo de los temas tratados y las profundas implicaciones de las propuestas y decisiones allí plasmadas.


5.  En este contexto, 30 días son un insuficiente periodo de tiempo para la discusión pública de un tema de tan trascendental importancia y para un documento tan extenso y complejo.


6.  No me atraen los apóstoles del Sí ni del No.  Su fanatismo expresado en futuros escenarios paradisíacos o catastróficos no me parece ajustado a la realidad, y generan un ambiente de división que dificulta, y aún lo hará más en el futuro, la necesaria reconciliación.  


7.  Respeto eso sí, absolutamente, integralmente, la decisión de cada colombiano.  En un tema tan complejo, tan manipulado, con tanto dolor acumulado, es imperativo no macartizar, no estigmatizar a quien piensa y vota diferente.  No considero justo ni veraz que se califique de amigo de la paz a quien vota Sí y de enemigo a quien vota No.


8.  Nunca he estado en la orilla política del expresidente Álvaro Uribe Vélez.  Siempre hemos sido contradictores políticos.  No obstante reconozco que sus dos gobiernos fueron  fundamentales para lograr el debilitamiento militar y político estructural de las Farc, sin el cual nunca se habrían sentado en La Habana.


9.  El presidente Juan Manuel Santos participó en forma importante como ministro de Defensa en ese proceso de debilitamiento de las Farc, y como presidente ha sido tenaz, frío, persistente, en la planeación y ejecución de los diálogos en La Habana.  Su liderazgo para lograr este acuerdo final es evidente e indiscutible.


10.  Mi decisión no está influenciada por el miedo y espero que no lo esté la de ningún colombiano, primero, porque sería la negación misma de la esencia democrática y segundo, porque no creo en la capacidad de las Farc de volver a la confrontación.  Las Farc no tienen ni la fuerza militar ni política de antes, como tampoco la voluntad de combate.


11.  En lo relacionado con la forma, la redacción general del acuerdo se hace con terminología, lenguaje y conceptualización de las Farc, lo cual es desequilibrado, ofensivo e inconveniente; en lo concerniente con el fondo del acuerdo es excesivo en concesiones a las Farc, una organización debilitada y derrotada por la historia.


12.  En general no creo en las Farc: su estrategia: la violencia; su poder financiero: el secuestro, la extorsión y el narcotráfico; su discurso: el odio; su propuesta: el comunismo y el socialismo soviético derrotado por la historia.  No obstante, y como parte de la lógica de cualquier acuerdo de su tipo, bienvenidos al debate democrático, sin armas y sin ventajas. No creo que sean la guía futura de Colombia pero si algunos o muchos colombianos las acogen están en su derecho.


13. Tanto el acuerdo final, como la mayoría de las declaraciones de las Farc están impregnadas de su proverbial cinismo y soberbia, pero es claro, mejor unos cínicos y soberbios sin armas en el debate público y no en guerra.


14. El sacrificio de miles de hombres y mujeres de nuestras Fuerzas Militares y Policía Nacional sirvió no sólo para frenar las intenciones por 50 años de las Farc de imponer a sangre y fuego a los demás colombianos su ideología y concepción del Estado, sino también para debilitarlos y llevarlos así a la mesa de negociación.  Poner en plano de igualdad a nuestras Fuerzas Militares y Policía Nacional y a las Farc como se desprende de muchos apartes del acuerdo ofende profundamente y hace mucho más difícil la justicia y la reconciliación.


15.  La reconciliación será un proceso largo, complejo y con altibajos.  La guerra que las Farc le declararon a nuestra sociedad causó más de 260.000 muertes.  Hay mucho, muchísimo dolor acumulado y para ello la verdad es y será el principal camino.  Sin verdad y el consecuente reconocimiento y arrepentimiento público y explícito de las Farc queda inconcluso nuestro proceso de reconciliación.


16.  A las víctimas, de las cuales hago parte directa con mi familia, mi solidaridad y respeto. No sólo nosotros, las víctimas, sino todos los colombianos debemos exigir que las Farc cumplan sin engaños.


17. Sigo teniendo dudas sobre la utilización del plebiscito para refrendar acuerdos puntuales y específicos como son los de La Habana que fue suscrito este 26 de septiembre por el Gobierno y las Farc, lo que podría ser contrario al orden constitucional.


18. Me temo que quienes fueron los señores de la guerra por 50 años y quienes por tanto tiempo los acompañaron en ese propósito ahora quieren convertirse, quién lo creyera, en los señores de la paz, apropiándosela cínicamente para explotarla como lo hicieron con su “guerra justa.”  No faltaba más.  No, pasemos la página definitivamente y que lo que venga para Colombia sea verdaderamente una nueva agenda, pero no una maquillada, con ideas anacrónicas y caducas y viejos protagonistas disfrazados, una nueva agenda que nos convoque a todos y no que nos divida, una nueva agenda para la equidad, la seguridad y la justicia, la transparencia, la educación, la innovación, la responsabilidad ante el cambio climático, la integración, en resumen una nueva agenda para una Colombia nueva, un país para la vida.


19. Hago esta expresión de mi decisión porque lo considero un deber emanado de las inmensas y honrosas responsabilidades públicas que he desempeñado, sin ningún interés distinto al de acertar por el bien de Colombia, no para hacer campaña sino para hacer pedagogía.


20. Pido a Dios que nos ilumine y acompañe como sociedad para tomar la mejor decisión y que sea cual fuere el resultado de este plebiscito avancemos hacia la reconciliación y la unidad, y en lo personal, uno mi plegaria a la de mi hermano Guillermo que nos expresó en su última carta-testamento: “Si he sido asesinado mi espíritu estará rogando por la paz de Colombia” Guillermo Gaviria Correa – 17 de abril de 2002.


En definitiva, SÍ en el plebiscito, para acabar finalmente con las Farc, con su violencia y destrucción que han sido la razón y al mismo tiempo la gran disculpa para que nuestra nación no enfrente sus más grandes falencias y retos: la inequidad, la corrupción y la ilegalidad.


Bienvenidos, con dolor pero sin odio; con perdón pero sin olvido; con verdad, sin más mentiras.  Bienvenidos a la casa grande de Colombia, la que por tantos años sembraron de dolor y pretendieron destruir.  Esperamos que dejen realmente atrás su historia de violencia, odio y mentiras, y así unidos, con respeto, con dignidad, sin abrazos ni poses artificiales, trabajemos para construir una Colombia para la vida:  Una Colombia equitativa, segura y pacífica, justa, legal, responsable con el planeta y con las próximas generaciones, un país que sea orgullo para nosotros y nuestros hijos.