Columnistas

Un mundo mejor para todos
Autor: Carlos Alberto Atehortua R韔s
30 de Septiembre de 2016


La guerra, la muerte y la destrucci髇 deben hacer parte del pasado, el presente es de la verdad, la justicia transicional, y la reparaci髇 integral de las v韈timas.

La guerra, la muerte y la destrucción deben hacer parte del pasado, el presente es de la verdad, la justicia transicional, y la reparación integral de las víctimas, pero para pasar la página de la barbarie e iniciar la de la civilización, se requiere de una nueva actitud en la que lo determinante sea la decisión sincera de construir una nueva sociedad.


Colombia avanza positivamente en el camino de la paz y la reconciliación nacional, que es el camino de la equidad, la participación, el desarrollo económico y social y la unidad de los colombianos en el propósito de construir en forma colectiva un mundo mejor para todos.


Aunque la suscripción del acuerdo para el fin del conflicto armado, es el hecho histórico más importante en la historia de Colombia en todo el siglo XX y lo que va corrido del XXI, lo cierto es que, desde 1991, el constituyente sentó las bases del Acuerdo, que no son otras que la transformación del Estado de Derecho, funcional y representativo, por uno nuevo basado en la cláusula de Estado Social de Derecho, gestor de desarrollo y participativo.


Este camino se debe experimentar en todas la actividades que se desarrollan en la sociedad, una de ellas es la forma como opera el ordenamiento jurídico, que no es otra cosa que un medio que facilita la convivencia social,  por ello el fortalecimiento de las instituciones propias del “estado social de derecho” es esencial en la construcción de la paz; el respeto por el derecho como mecanismo para la solución de conflictos, la supremacía de los valores y principios constitucionales, la dignidad de la vida humana, la equidad y la democracia de participación deben ser principios irrenunciable sobre los que se edifica sólidamente la estructura de la nueva sociedad, que nos estamos comprometiendo a construir.


La paz no es solamente el fin el conflicto armado, y el paso a un nuevo escenario de confrontación política e ideológica, para la toma de las decisiones fundamentales que determinan la vida en sociedad, es además del silenciamiento de las armas el compromiso social de construir una sociedad más justa, en la que se reivindique el valor del trabajo y se permita el acceso democrático a los medios de producción, a la propiedad y a los servicios públicos propios de la sociedad contemporánea.


La paz implica el reconocimiento de que todos los miembros de la sociedad tenemos derecho a intervenir en las decisiones que nos afectan a todos, es aceptar la existencia de una verdadera democracia política, económica y social, en la que no sea la decisión de unos pocos la determine el rumbo del Estado, sino que a través de la utilización de mecanismos propios de la democracia de participación seamos todos los forjadores de nuestro destino.


El sí y el no, en las elecciones del próximo domingo representa la elección entre la civilización y la barbarie, entre la solución política y razonable a los conflictos sociales o la opción de la solución armada, que no es otra que la muerte, la destrucción y la injusticia.


Con el debate sobre el plebiscito se descubre claramente que todos estamos de acuerdo con la Paz, lo que nos diferencia es la forma y el momento de lograrlo, pues mientras muchos pensamos que la salida es la solución política e inmediata entre las partes, otros creen que la paz puede construirse prolongando el conflicto armado.


Abandonada la guerra como mecanismo para la solución al conflicto económico y social en Colombia, se abre una oportunidad para los concesos y las decisiones razonables, para que la inteligencia ocupe el espacio que tenían las armas y en ese escenario de promuevan medidas de equidad, que reivindiquen la dignidad humana y que ofrecen condiciones adecuadas para que todos los colombianos podamos acceder al bienestar y a condiciones de vida, que estén acordes con la sociedad contemporánea.