Columnistas

Los ni駉s de las Farc
Autor: Alfonso Monsalve Sol髍zano
18 de Septiembre de 2016


Van menos de quince ni駉s entregados por las Farc, se supone que, en cumplimiento de la negociaci髇 de La Habana, luego de ser reclutados por esa organizaci髇.

Van menos de quince niños entregados por las Farc, se supone que, en cumplimiento de la negociación de La Habana, luego de ser reclutados por esa organización. Es una verdadera burla. Se estima que en la actualidad tiene cientos de niños en condición de “guerrilleros”, en realidad, de secuestrados, arrebatados a sus familias a la fuerza o engañados con falsas promesas, que para efectos legales y morales es lo mismo porque se han aprovechado de su vulnerabilidad. A ellos les robaron su infancia, los pusieron de carne de cañón y de sirvientes sexuales de los comandantes y otros miembros de esa agrupación. Los obligaron a matar a sus propios compañeros por faltas insignificantes, los pusieron en primera línea de fuego, los usaron para recabar inteligencia y los adiestraron para infringir dolor y muerte a sus compatriotas.


Y como un pésimo chiste, de esos que suele proferir uno de sus jefes para ofender al país, los de las Farc rematan la faena diciendo que los tenían bajo protección. ¡Bonita protección esa! Tal vez nunca sepamos cuantos niños fueron sacrificados, a cuántos niñas y niños violaron, cuántos convirtieron en sicópatas o sociópatas, cuántos tienen y quedarán con problemas siquiátricos y sicológicos permanentes.


Un crimen de guerra en toda la línea, que pretenden difuminar liberando del secuestro a un puñado de esas víctimas, con la intención manifiesta de hacerle creer al país que el reclutamiento de menores no fue una práctica sostenida y masiva, sino algo casual y muy intermitente. Porque los niños que ahora están en su poder no son más que la punta del iceberg de una práctica de muchos años, tal vez de siempre, mediante la cual alimentaron sus filas por generaciones, hasta el punto de que no es descabellado aseverar que muchos de los actuales guerrilleros mayores y un buen número de los que encontraron la muerte en combate o fueron ejecutados por sus propios compañeros, fueron reclutados siendo niños.


Las Farc esperan salirse con la suya con la complicidad del gobierno de Santos, que cerró sus ojos ante esta tenebrosa realidad. ¿Cómo es que firman un acuerdo sin que se aclare este obscuro capítulo y se repare a estas víctimas? ¿Cómo puede el negociador Sergio Jaramillo responderles a los colombianos que sobre el asunto de la entrega de los menores se les pregunte a las Farc, porque estas no quisieron acordar nada específico en el pacto? Ni siquiera les pedirán perdón, pues según ellos no han cometido ningún delito, porque como dijo alguien en tono sarcástico, tenían a esos niños en la guardería. Y claro, tendrían que pedirle perdón a casi toda la “guerrillerada” (como suelen decir los comandantes refiriéndose a la gente que tienen bajo su mando).


¿Y cómo esperan que los ciudadanos votemos sí al plebiscito con este tipo de impunidad? Este punto de los niños secuestrados por las Farc es de los peores que hay en ese acuerdo, plagado de impunidad por donde se le mire. Es que entre más se lee el texto, todavía no firmado, y se conocen las primeras respuestas de los comandantes y del grupo del presidente, más es el rechazo que el acuerdo produce. 


Como el binomio Santos - Farc lo saben, no dudan en pasar por encima de cualquier límite ético, económico, político y social para hacerlo aprobar. Ya montaron en Cartagena el show de la “firma”, al que traerán a presidentes y personalidades extranjeras que no conocen los acuerdos y que jamás los admitirían para sus países, todo a una semana del plebiscito. Lavar el cerebro, vender la mentira como verdad, apabullar y ocultar la realidad, para que los colombianos avalen este desastre. Y, para el colmo, Santos libera a más de veinte guerrilleros acusados de terrorismo, extorsión y secuestro, para que, en otro espectáculo deprimente, participen en el “pleno” de las Farc.


Pero estamos a tiempo de detener tanto exabrupto votando masivamente por el no en el plebiscito. El no ha ganado en otras latitudes en consultas como ésta, a pesar de todos los esfuerzos de quienes estaban en el poder para imponer su voluntad. Aquí también lo podemos hacer.