Columnistas

Después de los Juegos Olímpicos
Autor: Pedro Juan González Carvajal
13 de Septiembre de 2016


El 21 de agosto de 2012, escribía una Columna titulada “Pensamientos Olímpicos”.

El 21 de agosto de 2012, escribía una Columna titulada “Pensamientos Olímpicos”.


Hoy, una vez terminados los XXXI Juegos Olímpicos, con la exitosa participación de Colombia, quisiera de nuevo traerlo a colación, pues cuatro años después continúa teniendo vigencia.


Loor y gratitud para Mariana Pajón, Caterine  Ibargüen, Oscar Figueroa, Ingrit Valencia, Yuri Alvear, Luis Javier Mosquera, Yuberjén Martínez y Carlos Ramirez, quienes dejaron el nombre de nuestro país en lo más alto y nos pusieron a todos a soñar. 


Decíamos en ese entonces:


“Terminan los XXX Juegos Olímpicos de la era moderna y, de nuevo, nos pusieron de presente que el deporte es una de las más elevadas expresiones de una humanidad que se debe proponer ir cada vez más alto, más lejos y más fuerte.


Personajes carismáticos como el jamaiquino Bolt, como el norteamericano Phelps, entre otros, nos hicieron admirar durante algo más de dos semanas sus magníficas gestas. Y, por fortuna, en esta oportunidad la delegación colombiana, la más nutrida de la historia, nos recordó que lo que no hagan por nuestro país los deportistas y los artistas, no lo hace nadie.


Los ocho medallistas, nos hicieron emocionar. Todos, sin duda. Pero indudablemente fue nuestra reina dorada, Mariana, la que nos arrebató unas lágrimas de felicidad y orgullo cuando por segunda vez en la historia se escuchó nuestro himno en unas olimpíadas. Fue ella quien demostró cómo a sus veinte años se puede estar llena de madurez y jerarquía. Demostró que no le quedó grande el favoritismo, demostró que la mejor del mundo tenía que ir a ganar ¡y ganó!  Guardadas las proporciones físicas, ver correr a Mariana en su deporte es como ver correr a Bolt en  los cien metros planos: su espíritu ganador se percibe de inmediato.


Y nos hicieron reflexionar sobre lo que puede lograrse cuando existe constancia, dedicación, sacrificio, talento y, por supuesto, organización y planeación.


Luego de muchos años de críticas merecidas a nuestra dirigencia deportiva, como regla general conformada por medallistas olímpicos de la burocracia y los viáticos,  debemos darle todo el reconocimiento al Director Nacional de Coldeportes  y al Presidente del Comité Olímpico Colombiano, porque demostraron que con orden y planificación se puede potenciar el enorme talento de nuestros deportistas aprovechando al máximo el ciclo olímpico con los Juegos Nacionales, Bolivarianos, Suramericanos, Centroamericanos y del Caribe, y  Panamericanos  para llegar con alta preparación a las Olimpíadas. 


Dentro de tal planificación, aparecen posibilidades para que dentro de cuatro años –si las profecías mayas lo permiten- las emociones,  las victorias  y las medallas sean muchas más.  Qué tal pensar que dentro del plan de preparación  nuestros actuales medallistas tengan el objetivo claro de subir un escalón: quienes ganaron bronce, obtener plata u oro, quienes obtuvieron plata, lograr el oro y nuestra Mariana, convertirse en la primera doble medallista de oro del país. Todos tienen la edad y las capacidades para lograrlo.


Así mismo, qué bueno sería que deportistas que tenían posibilidades de obtener medalla en Londres, encuentren el apoyo para redoblar sus esfuerzos y lograr ese propósito.


Qué tal  pensar en un centro de alto rendimiento deportivo en la región de Urabá, donde encontramos atletas en varias disciplinas con un fenotipo,  que con adecuada preparación,  pueden llegar a los niveles, por qué no, de un Usain Bolt. Existen muchos atletas esperando ese salto cualitativo que los convierta en medallistas olímpicos.


Qué tal pensar que el dinero del Estado se destine a los deportes individuales que son los que nos han dado y nos darán medallas y dejemos que la empresa privada apoye los deportes de conjunto, más taquilleros y más rentables, pero condenados al fracaso por nuestra histórica incapacidad de trabajar en equipo.


Ojalá esta cosecha sin antecedentes de ocho medallas olímpicas, nos haga entender la importancia del deporte y de los deportistas. Ojalá que nuestros atletas no tengan que volver a depender de ganar una medalla para tener una casa propia, pues un deportista de alto rendimiento debe tener sus aspectos básicos solucionados para pensar solo en dar lo mejor de sí.


Con el vértigo de la vida actual y el rigor del ciclo olímpico, Rio de Janeiro 2016 está a la vuelta de la esquina. Los atletas no paran en su preparación y en la competencia. Nuestra rutina tampoco se detiene y esperaremos los XXXI Juegos Olímpicos como un nuevo oasis en medio de nuestras dificultades y los enormes problemas del planeta”.