Columnistas

Sociedad en el ostracismo
Autor: L醶aro Tob髇 Vallejo
10 de Septiembre de 2016


匬ero la ley no se ha hecho para estos seres superiores, sino que ellos mismos son la ley.

…Pero la ley no se ha hecho para estos seres superiores, sino que ellos mismos son la ley. Sería ridículo intentar someterlos a la constitución, porque podrían responder lo que, según Antístenes, respondieron los leones al decreto dado por la asamblea de las liebres sobre la igualdad general de los animales. Este es también el origen del ostracismo en los Estados democráticos, que más que ningún otro son celosos de que se conserve la igualdad…” (Del libro Política, libro tercero, capítulo VIII, de Aristóteles. www.filosofia.org/)


El párrafo anterior fácilmente puede aplicarse al mundo contemporáneo, muy especialmente a Colombia, que se encuentra en un dilema para determinar quiénes son los “seres superiores” que no son sujeto de aplicación de la ley y mucho menos someterse a las normas constitucionales.


Sí nos vamos para el extremo de la derecha, dirán que son los de la izquierda con la complicidad del Gobierno, que gracias al acuerdo de voluntades en la Habana han acabado el marco jurídico colombiano y llenándonos de inseguridad, lo que se podría decir, mandaron a la derecha al ostracismo. 


Pero, si las circunstancias se ven desde el otro lado del prisma, desde la izquierda y el gobierno, el panorama tampoco es que sea diferente a lo que la derecha pretende, enviar al ostracismo a la izquierda y los “gobernistas”.


Tanto los unos, como los otros, históricamente han arrinconado al queso y la mortadela del emparedado social, integrado por aquellos que, aunque, la carta de los derechos civiles, indica que todo el mundo nace igual, la dinámica social se encarga de “volverlos invisibles” y tenemos que idear como sacarlos de allí y “cranearnos” un marco jurídico especial para esos segmentos de la población, entendiéndose por mujeres, ancianos, étnicos, infancia y adolescencia. 


Vergüenza nos debe dar como sociedad, que tengamos que formular normas especiales para esos segmentos de la población, porque fuimos incapaces de desarrollar escenarios sociales de equidad e igualdad ante la ley, con iguales derechos y deberes.


En el ostracismo han estado por décadas y porque no, por centurias la población rural colombiana y la población vulnerable de las urbes, cuando a través del acuerdo de la discordia “Para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, se tengan que pactar elementos fundamentales de condición de vida de los seres humanos, tales como: igualdad y enfoque de género, erradicación de la pobreza, salud, educación, vivienda, acceso a la tierra como medio de supervivencia alimentaria y productiva; derecho a la alimentación, entre otros pactos que pretenden hacer una tarea que le correspondió llevarse a cabo desde el primer Virrey del Nuevo Reino de  Granada, Antonio Ignacio de la Pedros (1717-1719), hasta Juan Manuel Santos. Es decir, la medio bobadita de 297 años de construcción de una sociedad inequitativa; y en vez de estar agarrados de las mechas por un si o por un no, deberíamos estar pensando en cómo sacar del oscurantismo a una sociedad que, aunque está llena de leyes protectoras, su implementación ha sumido a la sociedad rural en los más oscuros recónditos de la indignidad humana.