Columnistas

Analfabetismo político
Autor: Omaira Martínez Cardona
3 de Agosto de 2016


Cuál democracia?, ¿qué es eso? Respondieron algunos estudiantes en un sondeo al que asistí en un taller sobre cultura política.

Cuál democracia?, ¿qué es eso? Respondieron algunos estudiantes en un sondeo al que asistí en un taller sobre cultura política. Respuestas que alertan sobre el desconocimiento, la poca importancia y el analfabetismo político de las generaciones actuales en esta época en la que se cuenta con todas las posibilidades de fomentar y la cultura política en los ciudadanos.


Se ha insistido en la necesidad e importancia de entender lo que significa ser ciudadano,  un derecho fundamental cuando se pertenece a una sociedad. Siglos han pasado desde que en Atenas la ciudadanía era ejercida como un derecho exclusivo de unos pocos, en un territorio pequeño y con una población no mayor a los 300 mil habitantes. Hoy aunque el contexto ha cambiado no sólo en extensión de territorio, sino en cantidad de países y de miles de millones de ciudadanos, la consciencia de muchos no cambia. Mientras algunos hacen uso lo mejor posible y usando todos los mecanismos con que cuentan de sus derechos ciudadanos, otros sólo se interesan en conocerlos cuando tienen una necesidad que el gobierno no les está atendiendo.


Lo que debe entenderse y que tanto se reitera es que la ciudadanía no es una condición inherente sólo a la edad, el nivel económico o la ideología. Desde que se nace, se habita y se convive en una nación, se tiene el deber de participar en la vida pública.El ejercicio de la política debe dejar de ser un tema tabú para algunos, aburrido y complejo para otros y la mejor arma para ejercer el poder y la manipulación para la gran mayoría.Lo que debería conservarse de la práctica de la política y la ciudadanía en la antigüedad es la posibilidad de argumentar las ideas aunque sean opuestas, con conocimiento, convicción y ejemplo.


Llevar la política a la calle,  a la plaza pública y hacerla accesible a los ciudadanos, es mucho más que convocar, movilizar y hacer uso de la retórica. Fomentar y promover el ejercicio de la política es poner a disposición de todos los mecanismos para que puedan acceder al conocimiento, a saber los antecedentes, al intercambio y a la confrontación de las ideas, al análisis de todos  los aspectos que inciden en la toma de decisiones, a la reflexión y las acciones que provoquen transformaciones culturales y sociales. 


Este es un ejercicio que toma todo el tiempo de vida y que no debe asumirse de forma  apresurada, con campañas de momento, cartillas ilustradas o discursos intimidantes.Como alguna vez lo manifestó el escritor uruguayo Eduardo Galeano, en las democracias actuales quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las que tienen.


No puede esperarse más que esa especie de ingenuo desencanto por parte de los jóvenes y de muchos ciudadanos que nacieron y han logrado sobrevivir en un país que cada vez se preocupa menos por recordarles su historia para que no conozcan de dónde vienen, dónde están y cómo pueden decidir. Se necesita mucho más que una varita mágica o una cátedra para romper el desencanto y transformar el analfabetismo político en una ciudadanía activa.


La discusión sobre la política y la ciudadanía es interminable y queda mucho por aprender sobre los mecanismos para asumirlas. Mientras en países como el nuestro el tema sigue pasando inadvertido y la mayoría no lo entiende o se interesa en conocerlo, seguiremos pagando las consecuencias de la ignorancia y es probable que vengan muchas más generaciones que no conozcan los motivos por los que  en la nación en la que viven fue necesario hacer campañas por el respeto a la vida, la libertad y la paz.