Columnistas

Marihuana escolar
Autor: Manuel Manrique Castro
27 de Julio de 2016


Utilizando un perro adiestrado, la policía registró a los alumnos de dos colegios de Bello y encontró que 5 niños y 2 niñas, de entre 12 y 15 años, habían consumido marihuana antes del inicio de clases.

Utilizando un perro adiestrado, la policía registró a los alumnos de dos colegios de Bello y encontró que 5 niños y 2 niñas, de entre 12  y 15 años, habían consumido marihuana antes del inicio de clases.  La conclusión casi unánime, una vez que se divulgó  el resultado, fue que ese método para prevenir el consumo de la marihuana es eficaz y debe extenderse no sólo a otras escuelas sino también a los demás municipios del Valle de Aburrá, cuando no a otros departamentos y, por ese camino, a otras regiones del país.  Informa también la policía que la exitosa jornada se aprovechó para la búsqueda de armas corto punzantes o de fuego.  


La acción policial prueba que los estudiantes, pese a su corta edad, rompieron la barrera de las normas educativas  cuando decidieron  llegar aturdidos por el estupefaciente a un lugar donde su plena atención es indispensable.  


Desafortunadamente, la detección de niños consumidores de marihuana en los colegios refuerza el  enfoque represivo y daña a la institución educativa no sólo porque hace natural la presencia policial en un espacio donde no tendría por qué estar, sino también porque las autoridades de todo nivel reafirman su convicción de que este es el camino.  


La marihuana afecta la atención, memoria y aprendizaje. Cuando los alumnos la consumen con regularidad hacen de la mentira su aliada para engañar en el colegio y en casa. Inevitablemente sus resultados académicos decaen, tienen menos posibilidades de concluir sus estudios y más de desarrollar la dependencia corrosiva que los aleja de lo significativo.


Que el narcotráfico hace tiempo mira a las instituciones educativas como mercado apetecido no es novedad alguna y los casos de expendedores de droga merodeando colegios o de estudiantes portando estupefacientes, abundan en el país entero. Uno de tantos es el de un estudiante santandereano de undécimo grado sorprendido con 4 gramos de base de cocaína. Hace algún tiempo  la droga venció la valla  y ahora entra a los colegios en el indefenso cuerpo y mente de los estudiantes que equivocadamente la hacen suya. 


Estando lejos de casa y distantes de los padres, los escolares que sucumben ante la marihuana toman fuerza con la complicidad de los compañeros, consumen la hierba conseguida por alguno de ellos y se camuflan, bajo su  efecto, en el anonimato de una clase donde sentados en fila con un maestro adelante, disertando sobre alguna materia, pueden ausentarse sin que el docente repare que no están presentes.  


Con ese comportamiento y sin consciencia de lo que ocurre, los alumnos toman el camino de la deserción estudiantil.  Desatenderán la clase de hoy, tal vez la de mañana y las de los días siguientes, hasta perderse en el laberinto hacia el fracaso escolar.  Si son detectados, como ocurrió en Bello, engrosarán el registro policial y pasarán a ser objeto de la atención institucional del estado que, aunque bien intencionada  es aún ineficiente. 


En cualquier circunstancia, el primer y más importante paso es el conocimiento y contacto con la realidad familiar porque de allí  vendrán los mejores elementos de juicio para poner freno a las peligrosas y demasiado tempranas incursiones de escolares en el consumo de drogas.  Ya es  sabido que una familia disfuncional  es el mejor caldo de cultivo para que los hijos desafíen las normas del hogar –si es que las hubiera- y opten por rutas equivocadas. 


Si  la vía es someter diariamente a los niños al ojo escrutador de los uniformados, el mecanismo más seguro para su protección que es la proximidad del colegio con la familia, acaba perdiendo protagonismo al igual que la responsabilidad ineludible tanto del hogar como de la escuela,  uno de cuyos primordiales objetivos es ofrecer educación atractiva y de calidad, capaz de evitar que los alumnos le corten las alas a su futuro.