Política

It’s never too late to study
Nunca es tarde para estudiar
Autor: José Ignacio Mejía / Nacho
23 de Julio de 2016


Historia de vida y de superación de una muchachita que llegó de secretaria a la Oficina de Comunicaciones del Concejo de Medellín y hoy es la jefe de esa dependencia.



Fotos Álex Flórez – Prensa Concejo

El secretario general del Concejo de Medellín, Franz Alexánder Restrepo, en el momento de entregarle el acta mediante la cual Adriana Moncada se convierte en la nueva jefe de Comunicaciones de esta corporación.

Muy jovencita, casi una pipiola, comenzando el nuevo siglo, llegó feliz de la vida, con muchas expectativas y sueños como secretaria de la Oficina de Comunicaciones del Concejo de Medellín.


Este 2016, trece años después, ya convertida en toda una mujer, retornó a esa misma oficina como asiste del jefe de Comunicaciones, Gabriel Arango Echeverri, quien tras jubilarse recientemente, le dio la gran oportunidad de su vida y desde hace menos de un mes es la nueva directora y orientadora de todas las comunicaciones del Cabildo de la ciudad.


Don Guillermo Moncada, muy orgulloso, con su hija Adriana Moncada tras recibir el grado de Maestría en Administración de la U. de M.


Es ni más ni menos una historia de superación personal y profesional la que encarna Adriana Moncada Ávila, y con ello se vuelve a hacer realidad aquello de que nunca es tarde y menos para estudiar, prepararse, calificarse y ocupar, en un mundo muy competido, en el cual no regalan nada, importantes cargos en el difícil sector público de la ciudad.


Su historia en el Concejo Municipal comenzó siendo una joven de 22 años, por allá en 1992, como asistente del exconcejal Gustavo Valencia.


Inicialmente no laboraba en la propia sede de esta corporación, sino en un almacén donde el cabildante era el contador. El contacto con las personas del Cabildo era sólo por teléfono.


Hoy se le vienen, con nostalgia, los recuerdos de Angelita Mejía, secretaria de la Presidencia, y de Olguita, de la Oficina de Concejales, quienes con su conocimiento y experiencia en el Concejo, le despejaban todas las dudas sobre proyectos, nombres de funcionarios y trámites internos. O Ramiro, el mensajero, quien llevaba a diario la correspondencia del concejal.


Al Concejo


En las elecciones siguientes su concejal no logró la reelección, pero como en el camino y en el diario trajín se cosecharon relaciones y amistades, pudo regresar al Concejo, pero ya trabajando dentro de sus instalaciones.


Tenía la misión de reemplazar las vacaciones de las personas que salían a disfrutar de este beneficio, reemplazó a todas las secretarias, al personal de archivo, de servicios generales, de la biblioteca y hasta del conmutador.


En 1995 concursó para quedar vinculada en carrera administrativa en el cargo de secretaria. Lo logró y fue así como en enero de 1996 se posesionó y la ubicaron en la Oficina de Concejales.


Eran dos secretarias para atender a todos los corporados, no existían las actuales unidades de apoyo y todo el trabajo se realizaba con máquina de escribir.


En 1999 y por varios años la trasladaron a la Unidad de Servicios Generales, dependencia en la cual era jefe Ovidio Londoño, un ser que ella califica de especial, pero con un temperamento terrible, pero a pesar de todo le fue muy bien.


Las comunicaciones


En el 2003 le notificaron un nuevo traslado interno y llegó a una unidad del Cabildo que años después le cambió la vida: las comunicaciones.


En efecto, ese año arrancó a laborar como secretaria de la Oficina de Comunicaciones, trabajando al lado de Gabriel Arango Echeverri, el jefe de la sección, y con su entrañable e inseparable amigo Jorge Eduardo Betancur, el asistente de prensa. Además de conocer a los periodistas de los medios que cubrían las incidencias del Cabildo.


En esa oficina fue donde nació su pasión por las comunicaciones, las relaciones públicas, las ganas de estudiar nuevamente y lo hizo.


Ella misma rememora que “fue entonces cuando comencé a indagar por universidades, facultades, materias y elegí a la Universidad de Medellín”, donde volvió a su etapa estudiantil ya no de secundaria, sino universitaria pero con 35 años de edad.


Muy elegante, como siempre ha vestido por su rol  de secretaria, comenzó a estudiar rodeada de jovencitos recién salidos del colegio, en una etapa que califica de maravillosa, con muchas historias y momentos inolvidables.


Por un lado esos chiquillos tejieron hilos de ternura, alegrías, nostalgias y, por otro lado, las buenas relaciones que fomentó con los  profesores, hoy sus colegas.


En esa primera etapa de universidad comenzó a trabajar en la Comisión de Presupuesto del Cabildo, bajo las órdenes de las que siempre considera sus adorables Carmen y Patricia (la hoy contralora de Medellín), excelentes jefes y compañeras que no la dejaron desfallecer en su doble esfuerzo de trabajar y estudiar.


Fue la universidad donde más se enamoró de su profesión, por sus profesores siempre atentos y dispuestos a ayudarla, porque como estudiaba en jornada diurna muchas veces tenía que ausentarse para regresar al Cabildo por el cúmulo de trabajo.


Se graduó


En ocho años Adriana Moncada, La Nana, logró culminar su pregrado en Comunicación y Relaciones Corporativas.


Pero entendiendo que debía prepararse aún más, siguió de largo e inmediatamente empató con su especialización en Alta Gerencia y al concluirla no frenó y siguió con la Maestría en Administración, de la cual se graduó hace pocas semanas atrás.


Gracias a esa tenacidad y a su esfuerzo académico, y después de trece años de haber sido secretaria en la Oficina de Comunicaciones, recientemente volvió, pero ya como jefe.




Aura M. Arcila

En la historia de superación de Adriana Moncada tiene un capítulo aparte y especial la concejal Aura Marleny Arcila, igualmente presidente de la Consiliatura de la U. de M.


Fue ella quien siempre la animó y le colaboró en los diez años que duró la enorme faena académica, para que siguiera adelante y La Nana nunca la defraudó. Hoy se ven los resultados de que nunca es tarde para estudiar.