Columnistas

Wiesel e imaginación moral
Autor: Hernán Mira
17 de Julio de 2016


Elie Wiesel, premio Nobel de Paz en 1986 y sobreviviente de los campos de concentración nazis donde murieron sus padres y una hermana, falleció, a los 87 años, el pasado 2 de julio y su muerte ha pasado más bien desapercibida entre nosotros.

Elie Wiesel, premio Nobel de Paz en 1986 y sobreviviente de los campos de concentración nazis donde murieron sus padres y una hermana, falleció, a los 87 años, el pasado 2 de julio y su muerte ha pasado más bien desapercibida entre nosotros. Fue un luchador incansable por la paz que insistía en que siempre debíamos estar del lado de las víctimas y buscar la paz. Al recibir el premio Nobel dijo: “Cuandoquiera y dondequiera que los seres humanos padecen sufrimiento, toma partido. La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima. El silencio alienta al torturador, nunca al torturado”, reafirmando su rechazo a la indiferencia frente a las víctimas, el dolor humano y la enorme tragedia de la guerra. Su misión fue recordarle al mundo sus errores y se declaró decepcionado ya que nada cambió. “La naturaleza humana siguió siendo lo que era. La sociedad siguió siendo lo que era. Demasiada indiferencia en el mundo, ante el Otro, su dolor y angustia y esperanza”.


Wiesel, después de ser liberado del campo de concentración de Buchenwald en el este de Alemania -había estado inicialmente en Auschwitz-,  durante diez años se negó a escribir sobre su horrorosa experiencia, y fue convencido por el escritor Françoise Mauriac de publicar su memoria. Su libro más conocido es La noche, el título está basado en la tradición judía  que cada día comienza con el ocaso, una hermosa alegoría sobre como la paz se empieza a vislumbrar y nace en el ocaso de la guerra, algo que retrata muy bien lo que ahora vivimos nosotros. “Desde tiempos inmemoriales la gente ha hablado de paz, pero no la ha conseguido. ¿Será sencillamente que carecemos de suficiente experiencia? Aunque hablamos de paz, hacemos la guerra. A veces hasta guerreamos en el nombre de la paz. Puede que la guerra sea una parte tan intrínseca de la historia que no pueda eliminarse”, dijo Wiesel, algo que igualmente se aplica a nosotros ahora, divididos entre quienes creemos con esperanza en la paz y los que no ven mayor salida al ocaso guerrerista.


¿No puede eliminarse la guerra en la historia nuestra? Es la pregunta que se ha resuelto enfrentar en los diálogos y acuerdos de La Habana, con logros positivos y con una paz ya a la vuelta de la esquina. El profesor de la Universidad de Notre Dame John Paul Lederach, plantea que la imaginación moral es fundamental en la resolución de conflictos, la superación de la guerra y consecución de la paz. En la resolución de problemas morales –la guerra es el gran problema- la imaginación es esencial. Se trata de fijar los hechos y discernirlos con una moral crecida y una imaginación para ver lo que podría suceder. En vez de solo mirar lo establecido, se trata de cuestionar y cuestionarse para decidir si se acepta o no una determinada conducta moral. 


Para salir de una guerra de más de cincuenta años, esta imaginación moral ha jugado y juega un papel fundamental; sin ella no se habría llegado tan lejos como nunca antes se había llegado. Cuando la lógica no alcanza, como ocurre en el caso de la guerra, entonces se recurre a la imaginación para evolucionar de “modelos de relaciones definidas por el temor, la recriminación mutua y la violencia a otros caracterizados por el amor, el respeto mutuo y el compromiso respetuoso”, dice Lederach. El recurrir a la imaginación moral se puede enmarcar en un dicho: el que no es flexible se quiebra. La flexibilidad de lo establecido y de los actores como la gente las bases, mediadores, dirigentes y mandatarios, es esencial para aguantar las sacudidas venideras sin que se desmorone el castillo de naipes que es en su comienzo todo proceso de paz. Es lo que se ha visto en los diálogos y acuerdos de hoy, como también la inflexibilidad de los que se aferran a conceptos de un pasado de odio, venganza y violencia.