Editorial

El paso de Mercosur
16 de Julio de 2016


El destape de Mercosur hacia la democracia remueve estructuras y crea encrucijadas para varios pa韘es, siendo Colombia uno de los m醩 impactados.

La sorpresa de la canciller Delcy Rodríguez, cuando los integrantes de Mercosur impidieron a Venezuela asumir la Presidencia del organismo, revela el significado de la primera contención al chavismo en un organismo internacional. La decisión ofrece los primeros signos de retorno del péndulo que parecía estancado en la extrema izquierda autoritaria encarnada por el régimen de Caracas. Aunque el movimiento aún es débil y sigue amenazado por la tiranía y sus validos, nuevas esperanzas nacen para el pueblo venezolano.


Tras años de penosa soledad en el rechazo al chavismo, el Gobierno de Paraguay tuvo la voz cantante en la reunión que mostró el viraje ideológico de Argentina y Brasil y que puso a titubear a Uruguay. Siguiendo el camino de sus predecesores, el canciller Eladio Loizaga exigió que la representación del grupo recayera en quien tuviera “todas las credenciales que nosotros practicamos democráticamente en nuestros países”. Aunque falta decidir el relevo de Uruguay, la mayoría realizó una interesante versión de “carta democrática” que tiene mucho que enseñar a los tibios cancilleres de la OEA.


Como si se tratara de Pandora abriendo su caja a los ojos de un mundo expectante a cambios en Venezuela, como lo han mostrado The New York Times y Moisés Naim, el destape de Mercosur hacia la democracia remueve estructuras y crea encrucijadas para varios países, siendo Colombia uno de los más impactados.


Vigorizada como el más fuerte proceso de concertación e integración del continente, la Alianza del Pacífico acogió la invitación del Gobierno chileno para intentar acercamientos, tendientes a acuerdos formales, con Mercosur. Formulada cuando las distancias ideológicas entre los bloques casi formaban abismos, la invitación adquiere nuevo interés en perspectiva del lenguaje común de los países que representan las economías más grandes y prósperas del subcontinente. Aunque todo sueño es prematuro, dado que Ernesto Samper insiste en emplear a Unasur como bastón del gobierno Maduro, la reconfiguración de sus líderes tendría que impulsar cambios en favor de la democracia dentro de esa Organización y desde ella hacia la OEA.


El orden nuevo en Mercosur pone en situación incómoda a Uruguay, que enfrenta el quiebre del Frente Amplio entre los aliados de Luis Almagro, secretario general de la OEA; Tabaré Vázquez, presidente y todavía tibio aliado del chavismo, y los fieles al indeciso José Mujica y su afán de marcar distancia con los dos enfrentados. Aunque molesta, la situación del país austral es pálida frente a la que enfrenta el Gobierno del doctor Santos, llamado a optar entre honrar la historia del país como ejemplo de democracia y respeto a sus valores, o, por el contrario, privilegiar la firma de un acuerdo de la Mesa de conversaciones de La Habana, sin importar su costo. La reciente preocupación por la mala suerte de los colombianos de la frontera Este, aquejados por el cierre que rige desde agosto de 2015, y la consecuente interlocución que relegitima al Gobierno de Venezuela como par del colombiano, dan indicios de la opción ya tomada y los olvidos que ella conlleva en materia de exigencia por respeto a los colombianos y control al corredor de criminalidad, camino protegido por la Guardia Nacional de Venezuela.


Las nuevas miradas del Gobierno y líderes de opinión en Estados Unidos y la OEA, así como el valioso cambio en Mercosur, no implican que los venezolanos puedan albergar esperanzas de prontos cambios. La agresiva militarización de la ayuda humanitaria, con el nombramiento del general Padrino como coordinador de distribución, y la amenazante notificación de que no habrá referendo revocatorio, pronunciada por Maduro el pasado lunes, son los últimos capítulos de las continuas agresiones del Gobierno a la Asamblea Nacional, amenazada de cierre, y a la oposición, evidenciados en el robo de documentos de la defensa de Leopoldo López. Engrandecidos a pesar de la arremetida, los líderes de la Mesa de Unidad Democrática tienen el reto de resistir mientras consiguen que los últimos bastiones del chavismo, como Rodríguez Zapatero y Unasur, reconozcan el régimen antidemocrático. Ese es el valor de la voz del preso López cuando notifica a sus perseguidores que “no serán ustedes quienes, por estar enfermizamente aferrados al poder, le roben la esperanza a este pueblo que quiere y lucha por un cambio pacífico, constitucional y democrático”.