Palabra y obra

A “Dark diary” for seeing the light
Un Oscuro diario para ver la luz
Autor: Daniel Grajales
15 de Julio de 2016


Hasta el 11 de septiembre, el Museo de Arte Moderno de Medellín tendrá abierta al público la exposición Oscuro diario de la artista María Isabel Rueda (Cartagena, 1972), con la cual presenta su nueva serie de exposiciones.



La primera exposición de María Isabel Rueda tuvo lugar en 1999, en el Salón de Arte Joven de la Galería Santa Fe. Aquí se ve en el Mamm, junto al mural especial que realizó para esta muestra. 

Aunque la sala está totalmente oscura, el mar se ve vivo, bello, fuerte, imparable. La naturaleza se toma las paredes, comenzando por seres humanos y animales, finalizando con la vía láctea, con la fuerza de unas cataratas vistas desde una cámara de un teléfono móvil.  


Sobre las paredes negras, el arte toma un misticismo interesante, radiado por formas, tanto trazos como imágenes fotográficas, que se complementan con proyecciones de video.


El muelle de Puerto Colombia, el pueblo en el que María Isabel Rueda vive actualmente, en el cual desarrolla su proyecto La usurpadora, una serie de residencias artísticas, es la primera parada, la primera hoja de su Oscuro diario, de su universo silencioso, en el que el sol y el trópico se complementan, paradójicamente, con personajes que han sido vistos por la sociedad como extraños: sus vampiros; pero también con escenas de sexo dibujadas con la magia del blanco y negro o constelaciones divididas en piezas de pequeño formato. 


Oscuro-soleado. Gótico-tropical. Vampiros-humanos. Luz-oscuridad. La obra de esta artista cartagenera, nacida en 1972, graduada de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia, de donde es maestra en Artes Plásticas y Visuales, quien desde un año antes de que cambiáramos de milenio expone sus creaciones; tiene como punto común la figura del oxímoron, con esa retórica de pensamiento en la que una palabra se complementa con otra que tiene un significado contradictorio, opuesto. 


“La sala está completamente oscura, pero es porque en realidad el mío es un trabajo sobre la búsqueda de la luz, toda mi búsqueda está centrada en cómo salir de la oscuridad hacia la luz”, dice la artista, con una mariposa dorada, muy al estilo macondiano, que adorna el cuello de una camiseta rosada. No parece esa mujer oscura y que toca temas góticos, oscuros y no corrientes en sus obras, y menos cuando comienza a hablar, porque el tono dulce de sus palabras, su dicción pausada, su serenidad dicen otra cosa de ella. 


“Estas fotos las hice yo cuando era la fotografía análoga, no había photoshop, hacíamos máscaras con una cartulina, por eso algunas caras están más blancas que lo otro. Hablan sobre los espejos, sobre cómo los vampiros son imposibles de reflejar en los espejos, entonces nos muestra la imposibilidad del medio, de uno querer encontrar al fotografiado. Mis vampiros salían a la luz, eran completamente colombianos, sin los estereotipos nórdicos. Quería traspasar hacia la otra persona, fundirme con el otro, pero el aparato me lo imposibilitaba”, explica Rueda sobre su serie de vampiros, una de las creaciones de inicios de su carrera, la segunda parte de la exposición, que está unos centímetros junto a su obra Retrato de Norman Mejía.


“Yo conocí a Norman como artista, pero también como ser humano. Desde determinada época, él decidió nunca más salir de su casa, no volverse a dejar ver por la sociedad. Me interesó, no por no querer volver a salir de mi casa, sino porque planteaba esa idea de que hay gente que se crea otros mundos y crea una nueva forma de vivir en el mundo. Este es un retrato a partir de la arquitectura, de cómo la naturaleza se devora la casa de él. Cuando lo vio, me dijo ‘Gracias, es el mejor retrato que me han hecho”, relata.


Oscuro diario de estrellas (2009), impresión lambda, dimensiones variables (54,7 x  39,4 centímetros).


Aunque el Caribe colombiano tiene en la cultura popular mucha cercanía con los médiums, con espíritus guías, muy al estilo supersticioso que García Márquez dio a personajes como Úrsula Iguarán, Rueda no tiene relación con las búsquedas de, por ejemplo, Álvaro Barrios (Barranquilla, 27 de octubre de 1945), así los dibujos de Barrios se asemejen a sus series iniciales.


“Cuando yo hice los vampiros, Luis Ospina era pareja de una de mis amigas, Lina Caro, entonces, cuando yo iba a almorzar donde ellos, me dijo ‘ven te muestro que yo hice una película de vampiros’, que era Pura sangre. Entonces, descubrí que el ‘gótico-tropical’ que yo proponía ya en Cali lo habían trabajado Carlos Mayolo y Luis Ospina. Fui descubriendo de para atrás”. 


Los personajes que la creadora aborda en sus creaciones tienen transformaciones, así como la naturaleza, como el trópico que plasma en dibujos a blanco y negro, pero que también son protagonistas junto a seres humanos que hacen el amor, o en solitario. 


Según ella, “en mi obra las cosas van mutando, se van volviendo animales, el hombre y los animales se van transformando. En la universidad, vi estudios sobre el camuflaje de los animales, y entendí que se camuflan, con teorías que dicen que algunos animales tienen una especie de esquizofrenia, colapsaban, convulsionaban con el espacio y se pierde la frontera entre ellos y el espacio mismo, se vuelven el espacio mismo. Eso me fascinó, la idea de perder los límites, tanto yo de fotógrafo con los fotografiados, como los fotografiados con el entorno”. 


Rueda asegura que es fotógrafa por querer mostrar luz, no oscuridad, como muchos piensan. Su principal referente es Diane Arbus, pero, más que quererla copiar, ha buscado en ella su reflexión por ver donde otros no han visto. 


“Me gustaba mucho, en mi época de estudios, no quería ser ella, me encantaba su espíritu. Ella era una mujer rica, evidentemente no era yo, que se dedicaba a fotografiar todo lo ‘outsider’, la gente que socialmente no encajaba. Cuentan que salía por las noches a buscar a sus personajes, que se perdía muchos días, siendo una mujer casada, y a mí me fascinaba esa vida de ella, que podía ser una persona, pero tenía otra personalidad, salía en la noche otra. La gente le tenía miedo, porque decía que ella podía sacar lo peor de uno, entonces nadie quería que lo fotografiara. Arbus se relacionaba con los travestis, con los enanos”. 


Vampiros en la sabana (2003), impresión en gelatina de plata, 61 x 42 centímetros.


Sus alusiones a la fotografía y al cine, que se expresan en videos como uno capturado en una catarata con un celular, otro en el río Nilo, en Egipto, del que sabe toda la leyenda de Isis  y uno más de su hábitat en Puerto Colombia, no son una nostalgia por la imagen, son una mirada al pasado, a sus tiempos de revelado tradicional: “No es la nostalgia, es cómo puedes utilizar hoy la tecnología para mirar hacia atrás, pero con ganas de saber cómo podemos retomar lo nuevo para seguir avanzando”, detalla. 


Hoy, cuando su proyecto La usurpadora va cosechando logros, Rueda está animada a seguir trabajando para que artistas y gestores se apropien de Puerto Colombia, ya que tiene la idea de recuperar su arquitectura, pero, ante todo, de que la cultura genere de nuevo movimiento en esta tierra olvidada, que tiene una historia fundamental de casas de grandes artistas del país.


“Por un lado, el Muelle, oficialmente hace un mes, tuvo la aprobación de la reconstrucción de la primera parte que estaba destruida. Por otro, puedo decir que en el último año y medio Puerto Colombia es otro pueblo, creció en comercio, en construcciones, se puede decir que ha avanzado, que la ciudad ya se está desplazando hacia ese lado”.


La artista concluye que su obra sí tiene luz, que no es oscura, que está en busca de brillar, desde la oscuridad: “Uno piensa que lo oscuro es lo contrario de la luz, pero el uno no puede existir sin el otro,  no son tan contradictorios. Gracias a la oscuridad, desde mi punto de vista, aparece el tiempo, porque sólo cuando sale la noche, cuando se acaba, inicia el día, sino no tendríamos las estaciones. En toda mi obra el protagonista es la luz, la pregunta es cómo puedes capturar luz desde la oscuridad. Mis vampiros están en el sol, las plantas necesitan del proceso fotosensible. Esta exposición habla de mis viajes, de mi infancia, mi adolescencia, por eso esta exposición tiene el nombre de ‘diario’”.