Mundo deportivo

Between the hope for gold and the fear of contagion
Entre la ilusión del oro y el temor al contagio
6 de Julio de 2016


El comité organizador de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro anunció ayer que entregará repelentes contra insectos a los deportistas, voluntarios y trabajadores, una medida que busca evitar el contagio y la expansión del zika.



Policías y bomberos del estado de Río de Janeiro protestan la semana pasada por el retraso en sus salarios y por mejores condiciones de trabajo.

EFE


El temor al contagio del zika, enfermedad que ha encendido las luces de alerta sanitaria en el mundo debido a su propagación a 36 países, principalmente de América Latina, ha sacado nombres ilustres a la lista de 10.500 deportistas esperados en Río de Janeiro para los Juegos Olímpicos.


Siete golfistas, un saltador y un ciclista han renunciado al certamen que transcurrirá entre el 5 y el 21 de agosto. Y entre el temor y la duda permanece la tenista estadounidense Serena Williams y su colega checo Tomas Berdych, la nadadora española Mireia Belmonte o figuras del fútbol femenino y la lucha.


Aunque otros tienen posiciones diferentes, lo cierto es que el zika no es un asunto que deje indiferente a nadie en el mundo del deporte.


Después de pensárselo mucho, el pívot español Pau Gasol anunció el 25 de junio que acudirá a Río porque su compromiso con la selección “es más grande que el temor a lo que pueda pasar”.


Participar en unos Olímpicos “sin importar en qué lugar del mundo se disputen” y respetar “las razones personales” de los que han renunciado son las consignas del tenista suizo Roger Federer, quien a los 34 años atesora 17 títulos de Grand Slam, un oro olímpico en dobles en Pekín 2008, y una plata individual en Londres 2012.


Como piensa frente al virus Zika el número tres del tenis mundial, piensa el número dos, el británico Andy Murray, quien tras consultar a su médico se ha ratificado en “ir a Río y competir”. A ellos los anima más la ilusión de un oro que eternizaría su historial deportivo.


El velocista jamaicano Kemar Bailey-Cole, campeón olímpico en relevos 4x100 en Londres 2012 y mundial en Moscú 2013, en ambos casos junto a Usain Bolt, no ha necesitado plantearse si va o no a Río de Janeiro, o si teme o no al virus zika.


Él lo padece, según anunció el 25 de junio, y aun así no renuncia a participar. “No es fácil recuperarse porque todavía tengo erupciones en el cuerpo. Me duelen los ojos, pero lo bueno es que por el momento no siento ninguna molestia muscular”, declaró el campeón de la Commonwealth en 100 metros al diario Jamaica Gleaner.


Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha asegurado que “es mínimo” el riesgo de contagio en el caso de deportistas, delegaciones y turistas, es claro que aún resuena el eco del pedido de suspensión, cancelación o traslado de los Juegos hecho por 150 científicos por considerar que acelerarían la expansión del virus.


Este pedido fue rechazado en mayo por la misma OMS pero ¿cómo ignorar casos, aunque pocos, de adultos contagiados que han desarrollado problemas neurológicos como el síndrome de Guillain-Barre, que provoca parálisis y hasta la muerte?


El virus del Zika, que se puede transmitir por vía sexual y contra el que no existe vacuna o tratamiento específico es la principal amenaza para las mujeres embarazadas, cuyo feto puede sufrir malformaciones neurológicas.


Y es esta la poderosa razón que ha causado las principales bajas.


La más sensible hasta ahora se conoció hace una semana, cuando el australiano Jason Day, número uno del golf, justificó su renuncia por el temor a “los riesgos potenciales” que podría provocar a su esposa en futuros embarazos.


El mazazo sentido con la renuncia de Day en la organización de los primeros Juegos Olímpicos en Sudamérica confirmó que sigue con fuerza el efecto dominó entre deportistas que no quieren ser la próxima víctima del virus transmitido por el mosquito Aedes aegypti, el mismo vector del dengue.


Hasta el día que habló Day las renuncias más lamentadas para los Juegos de la XXXI Olimpiada corrían por cuenta de otros tres golfistas: el norirlandés Rory Mcllory, el fiyiano Vijay Singh y el australiano Marc Leishman.


 


 


Así luce la tienda oficial de los Juegos Olímpicos, ubicada en la playa de Copacabana, en  Río de Janeiro, a un mes del inicio de las competencias.


Triste noticia para un deporte que vuelve a unos Olímpicos por primera vez desde 1904, es decir, tras 112 años de ausencia.


Mcllory, cuarto de la clasificación mundial y reciente ganador del Abierto de Irlanda, argumentó que su salud y la de su familia están “antes que todo lo demás”.


Singh, ex número uno del mundo y ganador de tres “majors”, dijo el día que declinó que le preocupaba “el virus Zika y todo ese rollo”, y que se concentraría en el PGA Tour.


A Leishman, número 35 del mundo, le asusta la posibilidad de afectar la salud de su esposa.


Y a esa lista, aunque no lo hayan admitido públicamente, se suman las dos mayores estrellas de la NBA en el momento, Stephen Curry y LeBron James, quienes adujeron motivos personales para justificar su ausencia en el equipo de baloncesto de Estados Unidos.


El zika es especialmente peligroso en el periodo de gestación y puede ocasionar al feto microcefalia, que hace que los bebés nazcan con una cabeza y un cerebro inusualmente pequeños.


Según cifras oficiales, desde el año pasado a la fecha cerca de 1.300 bebés han nacido en Brasil con malformaciones irreversibles. Ante este panorama, el campeón olímpico de salto de longitud, el británico Greg Rutherford, optó por congelar su esperma por temor al virus y para preservar a su mujer, según explicó ella hace un mes.


Cinco días antes Tejay Van Garderen pidió su baja a la federación ciclista de Estados Unidos debido a que su mujer está embarazada.


Otros golfistas como Adam Scott, Charl Schwartzel y Louis Oosthuizen achacaron a esta enfermedad una de las razones para renunciar, aunque mencionaron que también les preocupaba de Río la violencia y la contaminación de las aguas.


La infección con el virus, que se evidencia en síntomas leves como sarpullido y fiebre ha hecho que los comités olímpicos de algunos países vayan más allá de las recomendaciones de la OMS.


El de Australia distribuirá preservativos entre sus deportistas, y el de Corea del Sur diseñó trajes antimosquitos para los suyos.


“Creo que si estuviera planificando tener un hijo el siguiente mes, me sentiría muy incómoda sobre esto”, declaró la luchadora estadounidense Adeline Gray, tres veces campeona mundial.


“Si los Juegos Olímpicos fueran hoy, yo no iría”, dijo hace cinco meses Hope Solo, guardameta titular de la selección estadounidense. El fútbol femenino de este país ha ganado cuatro medallas de oro y una de plata en los cinco Olímpicos en que ha estado presente.


Para la capitana Carli Lloyd, nombrada por la Fifa Mejor Jugadora de 2015, los Juegos Olímpicos “siempre parecen tener componentes negativos: en Pekín 2008 fue la contaminación y en Londres 2012 las amenazas terroristas”.




“Bienvenidos al infierno”

"Bienvenidos al infierno", rezaban las pancartas que policías y bomberos exhibieron esta semana en el aeropuerto internacional de Río de Janeiro para denunciar la precariedad de sus condiciones de trabajo a un mes del inicio de los Juegos Olímpicos.


“Welcome to Hell" (Bienvenidos al infierno), “policías y bomberos no reciben salarios y cualquiera que visite Río no estará seguro”, advertían, en inglés, los carteles utilizados en la protesta.


“No se preocupe, en Río sólo 54 policías fueron asesinados en este año olímpico”, denunciaba otra de las pancartas que sorprendió a los turistas que desembarcaron en la terminal 2 del aeropuerto internacional de Río, donde varios agentes portaron muñecos manchados con tinta roja.


Policías y bomberos protestaron porque no reciben su salario desde el mes de mayo pero con sus movilizaciones pretenden llamar también la atención sobre la precariedad de los medios de trabajo.


Según organizaciones sindicales, en muchas de las delegaciones de la Policía del estado de Río no hay agua, ni tinta para impresoras, ni siquiera papel higiénico.


Los recortes alcanzan al uso de patrullas y de helicópteros utilizados en tareas de seguridad.


El Gobierno de Río de Janeiro declaró recientemente el estado de “calamidad pública” ante la imposibilidad de hacer frente al pago de los funcionarios y los compromisos contraídos en vísperas de las Olimpiadas.


 Tras la declaración, el Gobierno federal desembolsó cerca de 850 millones de dólares para evitar la “vergüenza internacional”, en palabras de un alto funcionario brasileño, que supondría para el país no cumplir con sus obligaciones olímpicas.




Presentación del abanderado

En ceremonia que se realizará hoy en la sede del Comité Olímpico Colombiano (COC), a partir de las 3:00 p.m., se presentará al deportista abanderado que llevará el tricolor nacional en los Juegos de Río de Janeiro.


El concurso que se realizó durante varios meses con siete deportistas, Yuri Alvear, Jackeline Rentería, Caterine Ibargüen, Jossimar Calvo, Mariana Pajón, Óscar Figueroa y Fernando Gaviria, terminó el 30 de junio y hoy se dará a conocer la votación de los colombianos.


El evento se cumplirá en medio de la polémica que desató la protesta de la saltadora Caterine Ibargüen, quien aseguró el pasado fin de semana que un “monopolio, políticas e injusticias” la privan de ser la abanderada, lo que motivó la respuesta del COC y de la empresa patrocinadora del concurso, Claro, que explicó en un comunicado que “fueron los colombianos quienes a través de mensajes de texto realizaron la elección del deportista que portará la bandera colombiana durante la ceremonia inaugural de los Juegos… y que cualquiera de los siete deportistas opcionados, independientemente de quienes sean sus patrocinadores, tienen los méritos suficientes para ser el abanderado del país”.