Columnistas

Chocó: piñatas de defraudadores
Autor: José E. Mosquera
30 de Junio de 2016


¿Cuánto tiempo debe aguantar el Chocó la interinidad en la dirección del Icbf y las intervenciones en la Secretaria de Educación y el Hospital San Francisco de Asís de Quibdó?

¿Cuánto tiempo debe aguantar el Chocó la interinidad en la dirección del Icbf y las intervenciones en la Secretaria de Educación y el Hospital San Francisco de Asís de Quibdó? La mayoría de las entidades descentralizadas en el Chocó han pasado por largos períodos de interinidades. Mientras sigue la interinidad en el Icbf, varios niños mueren diariamente de hambre, desnutrición y paludismo en el Chocó. 


Los argumentos que se esgrimen desde Bogotá para mantener las intervenciones y las interinidades en el Chocó, se sustentan en las falacias de un prejuicio que son mecanismos adecuados para blindar a las instituciones de la politiquería y la corrupción. Argumentos cargados de dosis de discriminatorios dado que los mayores focos de la politiquería y la corrupción estatal se concentran en Bogotá, y desde donde se expanden como sarampión contagioso hacia las regiones. 


En el Chocó, los hechos demuestran que en las entidades intervenidas y en interinidad se han duplicado las irregularidades, la corrupción y los niveles de endeudamientos. Las intervenciones de la salud y la educación, terminaron en los peores desastres administrativos en los últimos años en la región. Durante el período en que fue intervenida la salud, se duplicaron sus deudas y los niveles de corrupción. Danzas de irregularidades que originaron dos carteles: uno de los embargos y el otro de suministros, mediante los cuales se saquearon sus finanzas y dejaron en peores niveles de postración la red hospitalaria chocoana.


Caprecom, antes de ser liquidada se convirtió en un parque de diversiones de un selecto club de defraudadores, que desde Bogotá, Medellín y Manizales la saquearon. Ahora se vive otro calvario de peores proporciones con la intervención del Hospital San Francisco de Asís de Quibdó, los niveles de desatención, el deterioro de las instalaciones hospitalarias y las irregularidades se han duplicado. Las imágenes del San Francisco son las de un hospital de una aldea africana, donde miles de chocoanos mueren por falta de atención médica.


La intervención de la educación fue otro gran negocio para los interventores, entregada a un grupo de políticos del Valle que vaciaron sus arcas y generaron un profundo decrecimiento del nivel educativo. Las intervenciones y los encargos de foráneos desde Bogotá son unas especies de fuentes de enriquecimientos de interventores y encargados, que con sus padrinos políticos no les duele la crisis que generan en el Chocó. 


En el caso del Icbf desde hace más de cuatro años se vive una preocupante interinidad en su dirección regional, la cual estuvo al vaivén de los intereses de políticos del Valle. La actual directora general, Cristina Plazas, ha seguido con el mismo libreto de los encargos de foráneos. En el 2012, se abrió un concurso de meritocracia para proveer el cargo, se presentaron 28 aspirantes, después de cumplir todo el proceso de acreditaciones académicas, de experiencias, de pruebas de conocimientos y de habilidades gerenciales fueron declarados ganadores tres aspirantes: una mujer y dos hombres. Al Icbf le correspondía enviar dicha terna a la Gobernación del Chocó para que se nombre en propiedad al director regional. 


Lo increíble ha sido que sin declarar desierto el concurso, la directora Plazas, se niega enviar la terna, lleva dos años burlándose del concurso y nombrando en interinidad. Su argumento lo sustenta que es una forma de blindar la entidad de la corrupción. 


Pero los hechos demuestran que con los encargos se ha multiplicado más la corrupción y las irregularidades en las alimentaciones de los niños. Hace poco, la Fiscalía Séptima de Quibdó, encarceló al director de la Fundación Obras de Misericordia y a varios funcionarios del Icbf, implicados en una defraudación por $ 4.170 millones. Amén de los escándalos de las muertes de niños por faltas de atención, hambre, desnutrición y paludismo. En conclusión: el Chocó se ha convertido en una piñata de defraudadores controlados desde los poderes centrales.