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Declaraci髇 de renta, ura ch醕hara!
Autor: Rub閚 Dar韔 Barrientos
16 de Junio de 2016


Por estos d韆s, no pocos personajes con doble moral, andan pontificando acerca de que es saludable que los ministros y congresistas presenten sus declaraciones de bienes y renta, para que el pa韘 las conozca.

Por estos días, no pocos personajes con doble moral, andan pontificando acerca de que es saludable que los ministros y congresistas presenten sus declaraciones de bienes y renta, para que el país las conozca, en el entendido de adherir a la “invitación” que hizo el presidente Juan Manuel Santos de que se hagan públicos estos documentos como una muestra de la lucha contra la corrupción. Se quieren evidenciar los ingresos del último año, las deudas, otras entradas económicas, las participaciones en sociedades, etc., dizque para “brujear” cositas en el sentido de visualizar si se amplificaron las cifras sospechosamente.


Es indudable que no es lo mismo presentar una declaración de renta en Estados Unidos que en Colombia: allá existe la seguridad a toda prueba y en Colombia reina la inseguridad por todos los rincones. La iniciativa de este embeleco, es de las intensas congresistas Claudia López y Angélica Lozano. Se olvida que en este país, ganarse un chance es peligroso y mostrarse propietario de bienes es jugar con candela. Estos funcionarios (ministros y congresistas) es posible que tengan el escudo del gobierno en materia de seguridad, pero ello se revienta cuando salen de sus cargos y se vuelven unos ciudadanos de a pie. Pero de igual forma, se omite que tratándose de chanchullos, elusiones y evasiones, aquí están los reyes para esconder información o, claro está, anidarla en testaferros. Es lo uno y lo otro.


Según las cuentas de las ponentes, unos cien congresistas están en contra de la iniciativa y, por ahora, hay unos treinta a favor. No hay ambiente, pues, para esta “empelotada” de información. Si sacamos el espejo retrovisor, nos encontramos con que el año pasado, por estas mismas calendas, los diarios informaban que había 4.500 funcionarios públicos sin presentar la declaración jurada de bienes, que es otra obligación que deben llevar a cabo los funcionarios públicos, ante la Contraloría General de la República. Eso deviene de la Ley 8422 de 2004, que tiene normatividad contra la corrupción y el enriquecimiento ilícito en la función pública. 


En este país de leyes y de leguleyos, todas estas normas no solo pasan de agache para muchos sino que nada remedian. ¿O usted amable lector, piensa que presentando estos papeles se acaban la podredumbre, los actos corruptos y los bolsillos llenos de muchos aviesos funcionarios? ¡Claro que todos sabemos que no! Aquí lo único que sirve es el control político, rudas auditorías, una excelente contraloría y una fiscalización que raspe duro. Se han revisado los documentos que presentan los funcionarios públicos y, para variar, se han hallado dos defectos entre los que osan entregar estos papeles: a) Muchos afirman que por el nivel de ingresos, no tienen fundamentos para declarar sus bienes y b) No pocos presentan incompleta la información con omisiones relevantes.


La Dian cada vez instala más controles y cruces de información para sorprender a los omisos y a los que declaran fraudulentamente. Aquí hay sabios, expertos y genios para engañar al fisco. Y fuera de eso, existen los asesores de campanillas que basan sus recomendaciones en pasar los bienes a terceros y en diluir la información. Nada se ganan con exhibir una declaración de renta que puede no tener fiabilidad en la medida en que no recoge la información tributaria apretujada. O si no, recordemos el episodio de Panamá Papers. En suma, por la peligrosidad de revelar información de riqueza, porque la declaración puede ser apenas un dato parcial de los haberes, por esa mentalidad chanchullera de muchos y porque el testaferrato es una figura antiquísima, nos parece este proyecto de ley anodino y de poco alcance. Tengamos controles serios y abrasivos, que delaten al avieso, y no botemos fusible en normas que pueden trampearse y que no cercan a los indecentes, amén de que arriesgan la gente.