Columnistas

La transformación económica de Antioquia
Autor: Danny García Callejas
8 de Junio de 2016


El valor agregado, la calidad del producto y la velocidad para adaptarse a los deseos del consumidor son las claves para un bien competitivo.

El valor agregado, la calidad del producto y la velocidad para adaptarse a los deseos del consumidor son las claves para un bien competitivo. Los costos, en especial el de transporte, quedaron relegados a preocupaciones del siglo pasado. Los países y empresas más exitosas han logrado transformar sus mercancías en marcas de profunda recordación que seducen a sus usuarios por su facilidad de uso, respaldo y garantía.


Los bienes tecnológicos son el mejor ejemplo de la forma en que la industria ha incorporado la atención al cliente como una prioridad, haciendo que los usuarios consuman con fruición estos aparatos y mantengan una viva memoria del producto, su marca y su historia. Los artículos de la empresa de la manzana mordida —para evitar mencionar su nombre— permiten que el cliente solicite asistencia técnica desde cualquier lugar que posea conexión a internet o red de telefonía celular.


Sin embargo, lo sorprendente está en lo intuitivo y fácil con que se pueden usar sus celulares y computadores, por ejemplo. Las investigaciones de mercado y, en especial, la opinión del comprador se convierten en insumos fundamentales. Tanto que el precio del producto está gobernado por la búsqueda de satisfacción de los deseos del consumidor. Detalles pequeños como el empaque, presentación y colores de la mercancía se convierten en obsesión empresarial.


En Colombia, las organizaciones han detectado la importancia de competir con calidad. En una extraordinaria charla en la Universidad de Antioquia, el presidente de Nutresa Carlos Ignacio Gallego Palacio explicaba como la transformación del conglomerado hacia la fidelización y satisfacción del cliente ha llevado a aumentar la calidad de los productos del grupo, a tal punto que el componente de mayor peso es el costo del empaque de la mercancía.


En efecto, hay que parecer para ser. La presentación de los productos y sus historias deben indicar su calidad. Es así como las organizaciones intentan conectar íconos representativos con sus productos. Algunas marcas mantienen las curvas de su botella y el burbujeante líquido interior como distintivos universales. Otras, como las tiendas de venta de cafés preparados al por menor, intentan ser reconocidas por historias de vida: un caficultor con su mula en los Andes.


Antioquia sigue por la ruta del desarrollo pero está lejos de contar con una economía de alto valor agregado. Según la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, solo 2% de las exportaciones manufactureras corresponden a productos de alta tecnología. Los minerales y bienes agrícolas dominan las exportaciones del departamento, que carece de una amplia diversidad productiva y exportadora.


Si, en efecto, la región quiere alcanzar el desarrollo, deberá contar con una visión global. Las verdaderas autopistas para la prosperidad se encuentran en la inventiva y creatividad de los ciudadanos y empresarios de la región. Los costos de transporte deben ser tema del pasado. El futuro de la región comienza cuando reconozcamos que la competitividad la provee la calidad del producto y su valor agregado; allí inicia la transformación económica de Antioquia.


*Profesor, Departamento de Economía


Universidad de Antioquia