Columnistas

Mujeres sin frontera
Autor: Henry Horacio Chaves P.
20 de Mayo de 2016


Mientras seguimos esperando que en Medell韓 o en Antioquia una mujer gane las elecciones, o que la Universidad de Antioquia tenga su primera rectora, debemos celebrar que despu閟 de 48 a駉s haya asumido la primera mujer como directora de Coldeportes.

Mientras seguimos esperando que en Medellín o en Antioquia una mujer gane las elecciones, o que la Universidad de Antioquia tenga su primera rectora, debemos celebrar que después de 48 años haya asumido la primera mujer como directora de Coldeportes. Más allá de un asunto de género, Clara Luz Roldán ha demostrado en el Indervalle y en la Secretaría de Deportes de Cali, que conoce del tema y que sabe administrar. Curiosamente el órgano rector de los deportes no había tenido a una mujer al frente, aunque las mujeres son las que nos han dado las medallas olímpicas más importantes.


Aunque parezca queja o letanía, hay que insistir en que la situación de las mujeres sigue siendo desventajosa y llena de prejuicios, como los que se vieron reflejados en el ya famoso concepto de la Secretaría de Gobierno de Bogotá sobre el caso de Rosa Elvira Cely, según los cuales ella se buscó la muerte violenta con que acabó su vida. Más curioso resultó que los prejuicios fueran expresados por otra mujer: la abogada que después ha sido víctima de matoneo en las redes. 


Sobre las condiciones desfavorables, el panorama está lleno de ejemplos en todas las geografías. Uno de los más recurrentes es la diferencia salarial entre hombres y mujeres que cumplen funciones y responsabilidades similares. Fue noticia esta semana el logro de Robin Wright, la atractiva actriz estadounidense que exigió un sueldo equivalente al de Kevin Spacey, con quien protagoniza la exitosa serie de Netflix, House of Cards. Consiguió un sueldo igual demostrando que su responsabilidad en la serie era igual a la de su esposo de ficción. Algo que seguro no hubiera tenido que reclamar si no fuera mujer, y que han hecho antes otras estrellas como Patricia Arquette o Jennifer Lawrence, quienes se convierten en ejemplo para las mujeres de otros países y profesiones.


Pero si de ejemplo se trata, lo que ocurrirá dentro de ocho días en el parlamento iraní, tiene ribetes de histórico. Tomarán posesión en la Cámara 18 mujeres. El número más alto de diputadas en todos los tiempos y el doble de las que había. Y lo más significativo es que por primera vez en Irán su congreso tendrá más mujeres que clérigos. Algo importante está sucediendo. 


Para hacernos una idea de lo que significa, vale señalar que cuando se cumplieron las primeras elecciones de la República Islámica en 1980, de los 270 diputados, 164 eran clérigos. La semana entrante serán 16 de 290. El avance de las mujeres en estos 36 años se refleja en otros aspectos, como el hecho de que el 60% de los títulos universitarios sean para ellas. Un porcentaje comparable a muchos países de occidente, lo mismo que en la representación legislativa. Todavía es lejana la diferencia con los hombres, pero son pasos gigantes que permiten soñar con una reforma del estatuto legal y social de las mujeres que acabe con la discriminación institucionalizada.


No la tendrán fácil en todo caso, pero nada les ha tocado sencillo. De hecho, ni siquiera todas las nuevas diputadas tienen lo que se conoce como perspectiva de género, por lo que las reformas de fondo seguro tardarán un par de décadas más. Claro que si algo han demostrado las mujeres, y en especial las de culturas tan represivas como las del Islam, es que los cambios más drásticos se toman su tiempo y demandan revoluciones que en muchos casos son silenciosas, lentas pero seguras.