Columnistas

Adictos al tarbajo
Autor: Rafael Bravo
20 de Mayo de 2016


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La edad no es un impedimento para que los norteamericanos insistan en trabajar pasados los 65 años. El retiro ‘’digno’’ no existe para el 20 por ciento de la población. Eso es bueno y malo a la vez: por un lado, el sector productivo aprovecha la experiencia y trayectoria de una fuerza laboral en un mercado que carece de gente capacitada. Increíble como hay un grupo (12 por ciento) que descarta por completo la posibilidad de jubilarse. Morirán de pie en su sitio de trabajo.


Además, sentirse útil y permanecer conectado al mundo laboral alarga la vida y aleja las enfermedades propias de la vejez de acuerdo con sicólogos y médicos geriatras. A ello contribuye la prolongación en las expectativas de vida y los avances científicos. Por otra parte, no resulta conveniente para las nuevas generaciones encontrar dificultades de acceso al mercado laboral si hay un grupo significativo de trabajadores que se niega a jubilarse y el relevo generacional se aplaza.


Uno de los factores incidentes para posponer el retiro es que una gran mayoría no dispone de ahorros suficientes para vivir cómodamente. Asombra ver como una cuarta parte de los trabajadores en los Estados Unidos alcanza a tener solo mil dólares en cuentas de ahorro según el Employee Research Institute. Los ingresos recibidos por el Seguro Social son bajos por lo que muchos deben echar mano de lo que logran acumular en sus fondos de empleados o no disponen de otra opción que continuar laborando para complementar las entradas. 


La Gran Recesión y la crisis financiera de finales de la década pasada obligaron a la gente a gastarse lo que habían guardado para la vejez. La recuperación de la economía ha abierto las puertas del empleo a los trabajadores de mayor edad quienes son más productivos y valoran la oportunidad que se les ha brindado para regresar al mundo laboral. No es el caso de los obreros fabriles para quienes las oportunidades son reducidas por la automatización de procesos y la avanzada tecnología. 


Interesante ver como una porción significativa de norteamericanos entre los 60 y 75 años regresaron a las aulas escolares para obtener un título universitario. En ese rango de edad el número de graduados se ha triplicado en un lapso de 30 años. La administración Obama ha destinado importantes recursos del presupuesto federal de modo que los cesantes sin importar la edad, busquen educarse y ponerse al día con las exigencias tecnológicas del sector empresarial. 


Finalmente, es difícil explicar por qué más y más norteamericanos no disfrutan de sus años dorados y se sienten aburridos con el tiempo libre. A la pregunta en una encuesta realizada por la entidad antes mencionada, de si el retiro ha sido una experiencia muy satisfactoria, moderadamente satisfactoria o para nada satisfactoria, las respuestas no dejaron de sorprender: 4 de cada 10 se inclinan por la segunda opción, mientras uno de cada 10 no se encuentra contento con su situación de jubilado.