Editorial

Empleo y asistencialismo
10 de Mayo de 2016


El alcance y la permanencia de los programas asistenciales no pueden ser indefinidos ni generar dependencia.

Hace poco más de una semana el Dane revelaba que el desempleo en Colombia para el primer trimestre del año se había ubicado en 10,7%, cifra superior en 0,9 puntos porcentuales a la registrada en el mismo periodo del año anterior. A juicio de Mauricio Perfetti del Corral, director de la entidad, una de las principales razones para este resultado fue la desaceleración en el sector de la construcción, así como el Fenómeno de El Niño, que golpeó fuerte al sector agrícola. Lo paradójico es que tanto a finales del año pasado como en los últimos días, han surgido voces reclamando mano de obra para el campo, las mismas que se han lamentado de que la mano de obra joven ha preferido históricamente migrar a las ciudades, laborar en las obras de infraestructura que el Gobierno adelanta y, en no pocos casos, rechazar el empleo para no perder los beneficios de los programas sociales.


Desde que el dólar superó la barrera de los $3.000, e incluso en las últimas semanas en las que se ha situado por encima de los $2.900, los negocios de exportación viven cierta bonanza que les ha representado un incremento en la demanda de mano de obra. Es el caso del café y de las flores. En septiembre pasado, apurados además por el impacto nocivo de la intensa sequía, los cafeteros del Suroeste de Antioquia hicieron llamados casi desesperados para que personas con o sin experiencia en el trabajo agrícola trabajaran en la recolección de una cosecha que, si no se recogía pronto, corría el riesgo de perderse. Los caficultores explicaban la carencia de mano de obra en el hecho de que los potenciales recolectores habían sido absorbidos por la construcción del megaproyecto vial entre Caldas y Amagá. Esta semana fueron los floricultores quienes reiteraron la necesidad de contratar a por lo menos 400 trabajadores en municipios del Oriente cercano, quienes accederían a todas las prestaciones sociales. A pesar de que las fincas productoras de flores están muy cerca de los centros urbanos, tampoco este llamado ha tenido la acogida esperada, pues desde noviembre pasado se hizo pública por primera vez esta necesidad durante la socialización, con los empresarios antioqueños, del programa 40.000 nuevos empleos. Fue cuando Asocolflores puso el dedo en la llaga al señalar por primera vez que el Estado compite con el sector privado con programas como Más Familias en Acción, pues algunos campesinos, desplazados o víctimas del conflicto en general prefieren no vincularse a un empleo formal para no perder esas ayudas.


Por la seriedad de estos gremios, nos parece que las tesis expuestas merecen la atención y el análisis por parte del Gobierno Nacional, en el sentido de que, como hemos señalado en estas columnas en otros momentos, el alcance y la permanencia de los programas asistenciales no pueden ser indefinidos ni generar dependencia entre las poblaciones beneficiadas, pues si bien son necesarios en determinados momentos para atacar coyunturas específicas, tales programas deben desembocar en estrategias de superación de la pobreza que hagan virtuoso el proceso en la medida en que sus beneficiarios lleguen a un estado de autosostenibilidad económica y no a un retroceso.


Es importante recordar aquí que precisamente en noviembre pasado Planeación Nacional denunció la existencia de al menos 653.143 “colados” entre los 34.964.317 registros del Sisbén, personas cuyas condiciones económicas no calificaban para estar recibiendo subsidios o algún tipo de beneficio estatal. Y cómo, también el año anterior, el Gobierno Nacional hacía alarde de que 402.000 personas habían superado la línea de la pobreza, mientras 171.000 habían superado la línea de pobreza extrema, producto precisamente de programas como el acceso al régimen subsidiado de salud, los subsidios de Acción Social, los programas de complementación nutricional, la vivienda gratuita y las becas de Ser pilo paga.


Para un país que busca entrar al club de los más desarrollados, los renglones productivos, la generación de fuerza de trabajo y la educación de sus ciudadanos son las materias en las que debe estar concentrada la acción del Estado. No es sostenible presentar al país como apto para ingresar al selecto grupo de la Ocde si los indicadores, más o menos confiables, son producto del asistencialismo y no de la dinámica natural de su economía, que es lo que nos daría los méritos para ser considerados como un país del mundo desarrollado.