Columnistas

Razones para la esperanza
Autor: Dario Ruiz Gómez
9 de Mayo de 2016


Se hace evidente para todos aquellos que quieren ver que, el panorama que se abre ante nuestros ojos no es precisamente amable y la ruina económica nos irá descubriendo todo aquello que se dejó de hacer, carreteras infames, trochas en realidad.

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Se hace evidente para todos aquellos que quieren ver que, el panorama que se abre ante nuestros ojos no es precisamente amable y  la ruina económica nos irá descubriendo  todo aquello que se dejó de hacer, carreteras infames, trochas en realidad, regiones negadas en su desarrollo no  sólo por la llamada guerra sino ante todo por el poder descarado de los grupos delincuenciales que secuestraron caminos y veredas, la vida de millones de habitantes para fortalecer el tráfico de drogas, para destruir bajo su imperio el derecho a una vida social necesaria, para impedir el verdadero ejercicio que fundamenta una democracia. ¿Dónde estuvieron los políticos? ¿Cómo recuperar la vida de millones de desplazados que en los extramuros de las ciudades terminaron absorbidos por el crimen y la delincuencia perdiendo sus valores humanos? Vean el caso de Montería, Sincelejo, Cartagena, Barranquilla, pero vean igualmente el caso de Medellín, de Bogotá, de Cali donde lo que llegamos a llamar “anillos de miseria” se ha transformado en ciudadelas cuya administración  por parte del crimen organizado las ha convertido en un problema de imposible resolución. ¿Es o ha sido la corrupción del contratismo  la causante de que nuestra ingeniería, nuestra arquitectura haya descendido hasta lo peor? ¿Después de la llamada Paz en cuantos países enemigos entre sí quedaremos convertidos? Si el Ministerio de Educación rebajó su presupuesto para la educación de los niños del país y elevó el presupuesto dedicado a la publicidad; ¿qué podremos esperar cuando el problema pueda ser visto en toda su escandalosa e hiriente dimensión? ¿Apenas en La Guajira se mueren los niños de “desnutrición”? ¿Qué pasará cuando en Antioquia se vuelva a enfrentar el mayor de nuestros problemas o sea el alarmante, vergonzoso alto índice de miseria, de analfabetismo, de niños que agonizan cada día por falta de alimentos? ¿Qué pasará cuando se decida enfrentar el hondo problema de las comunidades negras degradadas por la guerrilla y los narcotraficantes? ¿Seguiremos utilizándolas como folclor? ¿Dónde queda el departamento de Nariño? 


Leí en mi juventud una novela de un autor rumano Virghil Georgiou, “La hora veinticinco” donde el autor describe el infierno que le tocó vivir a su protagonista, en los campos de concentración  nazis, huyendo, golpeado, vejado, -la historia de millones de familias colombianas desplazadas-. Al final, rescatado por el ejército norteamericano cuando cruza la frontera un oficial le dice: “¿Por qué no sonríes? Hay que sonreír” –cito de memoria- Y si  vuelvo a leer “Cementerios bajo la luna” del gran escritor católico George Bernanos, o el crudo testimonio de Orwell sobre la guerra civil en Cataluña siento que la poca confianza que me queda en la raza humana terminaría por esfumarse irremediablemente. Cuando a Sartre al final de la Segunda Guerra mundial le preguntaron sobre esta matanza, respondió secamente con una frase: “Dios ha muerto”. Desde el período de entre guerras ya el nihilismo o sea el caer en la nada se había apoderado de infinidad de espíritus muchos de los cuales se suicidaron, entraron en la locura al darse cuenta de que se habían cerrado todas las salidas a la esperanza de vivir en una sociedad humana. Pero hay algo en los espíritus más puros del siglo XX y que debieron enfrentar esa barbarie, me refiero a Simone Weil, Gabriel Marcel, Jacques Maritain a quienes la fe les permitió no hundirse, indicar que en el Dios –no ese dios de un burgués como Sartre indiferente a la brutalidad nazi tal como lo señala Alan Rider- de la esperanza de los más pobres, de aquellos que conservaron el fuego de la piedad humana, se encuentra el camino de la verdadera paz y de la verdadera reconciliación ya que no han conocido la corrupción,  la mentira de los políticos. Esa es mi fe.


¿Cómo recuperar la vida de millones de desplazados que en los extramuros de las ciudades terminaron absorbidos por  el crimen y la violencia perdiendo sus valores humanos?




Comentarios
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Laureano
2016/05/09 08:51:31 am
Esta es la realidad sin atributos especiales, el entramado de fenómenos que superan nuestra capacidad de interpretación y distorsionan nuestra percepción sensorial, atrofiándola !...precisamente -como un simple maestro, INTERESADISIMO en los niños- estoy proponiendo una capacitación-tomando como base una fundamentación pedagógica actualizada,cientifica- a las maestras(o) para reorientar su trabajo especialmente con la población infantil - y propongo acudir a zonas rurales, necesitadas de una orientación de su desarrollo acorde a sus necesidades e imaginarios propios. La propuesta ya ha sido presentada en la zona de El Queremal-Salado(Valle)....pero me preocupa lo escaso encontrar maestros(a) que con la voluntad, interés y dedicación deseen irse al campo y trabajar con estas comunidades -qué "jartera", me han contestado algunas consideradas buenas maestras, !pero en lo urbano!-les aterroriza el campo.Yo sigo adelante y voy a enviar mensajes por el medio que me facilite.....en alguna parte del país debe estar esa maestra(o), que albergue en su ser maestro (a), que no es solo un modo de ganarse la vida, síno una manera de ganarse la vida de los otros....y en mi proyecto: la vida del niño campesino.