Editorial


Trump: de improbable a inevitable
6 de Mayo de 2016


Los l韉eres conservadores que permanec韆n a la expectativa de la suerte de Trump, ya empezaron a asumir la inminente realidad.

Con la decisión tomada el martes por el pueblo norteamericano en las elecciones primarias de Indiana, Donald Trump se convirtió en el previsible candidato del Partido Republicano para la contienda presidencial de noviembre, lo que quedó convalidado momentos después por la renuncia a su aspiración de Ted Cruz, en quien se habían afincado las esperanzas de quienes todavía esperaban la caída del magnate inmobiliario, y por la declaración del presidente del Comité Nacional del Partido Republicano, Reince Priebus, quien mediante un mensaje en Twitter señaló a Trump como el “presunto candidato”. El escueto trino de Priebus es señal explícita de que los líderes conservadores que permanecían a la expectativa ya empezaron a asumir la inminente realidad, depurada aún más por la renuncia del gobernador de Ohio, John Kasich.


A falta de las primarias en Nebraska y West Virginia el próximo martes; Oregon, el 17 de mayo; Washington, el 24 de mayo, y el supermartes del 7 de junio en California, Montana, New Jersey, Nuevo México y Dakota del Sur, el discurso de los dirigentes del partido empieza a virar hacia el llamado a la unidad en torno a Trump para evitar una hegemonía demócrata de por lo menos cuatro años más, dejando de lado el rotundo fracaso que para el establishment republicano representó esta campaña y asumiendo que en el escenario actual, en el que el rechazo es tan alto hacia su virtual candidato, Hillary Clinton tiene todo a su favor para ganar la Presidencia de los Estados Unidos y permitir a los demócratas apuntarse el segundo mayor hito electoral en la historia de la Nación después de haber ungido a un afroamericano: el de elegir a una mujer.


Si bien reconocemos que en este pronóstico hay una dosis de esperanza en que el pueblo norteamericano se niegue a elegir a Trump como su presidente, también nos amparan argumentos desde la razón: el primero, que si bien el magnate logró acumular votos suficientes dentro de su partido para constituirse como candidato republicano, sólo algunos de sus once contrincantes han respaldado su campaña y los más representativos nunca firmaron un compromiso de adhesión a la campaña del candidato único para cerrar filas en torno suyo. De hecho, algunos líderes de opinión, que hasta ahora habían estado algunos más callados que otros, han empezado a hacer manifestaciones más contundentes, no sólo de negarse a votar por Trump sino, incluso, de llegar a votar por Hillary Clinton. Entre ellos están, por ejemplo, los expresidentes George H. Bush y George W. Bush, el excandidato y senador por Arizona, John McCain; el senador por Carolina del Sur, Lindsey Graham, y el senador por Nebraska, Ben Sasse. Lo anterior sin contar con que dentro del partido también hay un voto femenino que, en general, está en contra de Trump por su antifeminismo, tan notorio durante su campaña y también durante su vida.


De otro lado, aunque la señora Clinton perdió las elecciones primarias de Indiana, se da por descontado que será elegida como la candidata del Partido Demócrata por la ventaja con que ya cuenta en cuanto al número de delegados. Contrario a los republicanos, cuyo desgaste ideológico y falta de cohesión fue notoria en el amplio número de precandidatos, esta formación política se ha mostrado más consolidada con apenas tres precandidatos (el gobernador de Maryland, Martin O’Malley, se retiró de la contienda en febrero), lo que permite anticipar que todo el partido va a rodear a la candidata única, a lo que se sumaría el apoyo de negros, latinos, musulmanes, mujeres, discapacitados físicos y cualquier minoría o segmento poblacional al que Trump haya ofendido. 


Pocos en el contexto internacional miran con buenos ojos una eventual presidencia de Trump y más allá de los estragos que la misma cause en su país y en el mundo, lo que sí es seguro es que haría gran daño al Partido Republicano. Por eso, han de ser los mismos republicanos disidentes quienes con los demócratas, los verdes, los libertarios, el Partido de la Constitución, el Partido Estadounidense de la Libertad y los independientes, los que tendrán que derrotar a los “inconformes” que han caído en la fascinación del lenguaje provocador e irreverente, del discurso anti-establishment y del show mediático y las redes sociales que tan bien maneja el Sr. Trump.