Columnistas


Una Pesadilla llamada Trump
Autor: Rafael Bravo
6 de Mayo de 2016


Contra todos los pron髎ticos, el pa韘 despierta a la pesadilla que significar韆 una presidencia Trump. Su triunfo holgado en el estado de Indiana y el retiro de la contienda del tal Ted Cruz y el gobernador de Ohio John Kasich.

Contra todos los pronósticos, el país despierta a la pesadilla que significaría una presidencia Trump. Su triunfo holgado en el estado de Indiana y el retiro de la contienda del tal Ted Cruz y el gobernador de Ohio John Kasich, lo convierte en el candidato de facto del partido republicano. La otra sorpresa inesperada fue el repunte del senador Bernie Sanders derrotando a Hillary Clinton, gracias al apoyo de los jóvenes que salieron en masa a respaldar al septuagenario. La Clinton se perfila como la también virtual aspirante demócrata con el concurso del establecimiento demócrata representado por los denominados Super Delegados. 


En sus más recientes declaraciones a los medios, Trump se ratifica en las controversiales propuestas para construir un muro fronterizo pagado por el gobierno mexicano, el veto a los musulmanes para ingresar a los Estados Unidos, además de los anuncios de que librara una guerra comercial con China. Gran parte de sus simpatizantes son personas sin mayor preparación que difícilmente conseguirían un empleo calificado pues carecen de la educación necesaria, lo que hace muy difícil la promesa de que devolverá los empleos perdidos. Obligar a las transnacionales a que se trasladen de China no es más que demagogia insulsa. Devolver el reloj del tiempo 50 años cuando entonces había abundancia de empleos en las fábricas solo cabe en la mente de un enajenado. 


El mundo globalizado en que vivimos requiere de una fuerza laboral preparada para los retos de la robotización e informática y lamentablemente el electorado anglo que sigue al magnate aspirando a unas mejores condiciones de remuneración y empleo no cumple con las exigencias pedidas por el mercado. Además, si Trump se dedica a expulsar a los indocumentados por su condición, no habrá quien los reemplace en aquellos oficios donde ni siquiera los afroamericanos están dispuestos a hacer. Nadie se atreve a imaginar a nadie distinto a los trabajadores mexicanos y centroamericanos sembrando y recogiendo las cosechas agrícolas o haciendo labores manuales de baja paga.


Sorprende ver como el lenguaje nativista y excluyente que ha utilizado para satanizar a inmigrantes, homosexuales y las mujeres, haya calado con algunos sectores de la población pudiente y electores declarados independientes. No parece importar la imagen desfavorable que tiene entre amplios sectores de la población: un 64 por ciento entre las mujeres, un 73 por ciento de los no-anglos, un 70 por ciento de los menores de 35 años y un apabullante 87 por ciento de los hispanos. Ni hablar de lo que significa para los conservadores moderados del partido republicano que se niegan a depositar su voto por Trump.


La caja de Pandora del racismo que muchos pensaban se había sellado con la elección del presidente Obama estaban bien equivocados. Los mítines políticos de apoyo a Trump son una expresión de odio y rechazo a otros grupos raciales y el renacimiento de movimientos como el Ku Klux Klan que abiertamente han expresado simpatías con el candidato. El lenguaje verbal y la incitación a la violencia física que promueve en la tribuna, lo que ha hecho es incitar a sus seguidores a atacar a quienes se oponen a su candidatura. 


El partido de Lincoln se encuentra ante un personaje egocéntrico que no merece llegar a la Casa Blanca ondeando las banderas de la división, la xenofobia y el aislamiento internacional con el sello Donald Trump. Los electores tienen la palabra.