Columnistas


Afici髇 vergonzosa
Autor: Henry Horacio Chaves P.
6 de Mayo de 2016


Aunque no soy hincha de Nacional espero que avance en la Copa Libertadores y repita la haza馻 de 1989, cuando despu閟 de cuatro intentos fallidos el pa韘 pudo celebrar un t韙ulo en ese torneo.

Aunque no soy hincha de Nacional espero que avance en la Copa Libertadores y repita la hazaña de 1989, cuando después de cuatro intentos fallidos el país pudo celebrar un título en ese torneo. Su nómina, su técnico y la organización que lo respaldan, tienen todas las credenciales para lograrlo. Su fiel afición lo merece. Hablo por su puesto de los hinchas que acompañan al equipo en las buenas y en las malas, pero sobre todo, a los que se comportan en el estadio como en su casa.


Es vergonzoso que antes o después de un partido tengamos que hablar de situaciones de orden público más que del deporte. El ridículo espectáculo de hampones con camisa de ese, o cualquier otro equipo, cometiendo desafueros, hay que superarlo. Lo ocurrido en Perú recientemente con un grupo de desadaptados que dizque fue a acompañar a Nacional pero en realidad se dedicó a hacer felonías, habla mal de la ciudad y del país. Igual lo que hicieron los hinchas del Cali en Argentina. Después nos quejamos del trato discriminatorio que nos dan a los colombianos en muchos aeropuertos del mundo.


Como ellos, hay seguidores de otros equipos que han hecho barbaridades en los estadios, las calles y los sistemas de transporte de varias ciudades dentro y fuera del país. Recientemente malos hinchas de Millonarios casi acabaron con el estadio de Manizales. Como ha ocurrido antes, se anunciaron drásticas sanciones que luego, cuando pasa la efervescencia del momento, son reducidas sin mucho ruido. También ha ocurrido con barras de otros equipos.


El caso de Nacional hay que tomarlo en serio. No sólo porque es el único equipo colombiano que sigue en la competencia internacional, sino porque es uno de los que tiene más afición y más vociferantes barras bravas. Aunque algunas de esas organizaciones de hinchas han descalificado los actos de vandalismo, les ha faltado contundencia y cooperación con las autoridades. Aún está fresco el recuerdo del modo vergonzoso con que respondieron al gesto de la alcaldía de permitirles acceso como visitantes en el clásico frente a Medellín. Mientras la institucionalidad presentaba como un logro que las dos aficiones pudieran compartir el escenario, como debe ser, en las tribunas y en las afueras algunos desafiaban esa autoridad cometiendo desmanes.


El problema no es del fútbol ni de los equipos. Pero en otros países solo fue posible controlarlo metiendo en cintura a las instituciones deportivas, con multas, con sanciones drásticas que no fueron menguadas. Los equipos siguen en deuda frente al compromiso para que su afición pueda volver a ser familiar. Para que cada partido no sea una batalla sino un programa y una historia por construir. Eso supondrá que no estimulen a los malos aficionados y que controlen las barras, que cooperen con las autoridades y que sus jugadores y técnicos no inciten a la violencia. 


Esa violencia no le permitió a Nacional hace 27 años disputar la final y alzar la Copa en su escenario natural, el Atanasio Girardot. El partido tuvo que jugarse en Bogotá por razones de seguridad, que ojalá no se repitan. Porque así como merece reeditar la hazaña, vale la pena que lo pueda hacer en el estadio que ha sido su sede, desde donde ha construido su afición y el amor por sus colores. Los malquerientes y los aficionados al desorden no pueden empeñar la fiesta. El club, las barras organizadas y las autoridades están a tiempo de prevenirlo. La ilusión sigue viva.