Palabra y obra

Culture in Colombia: mission impossible?
La cultura en Colombia: ¿misión imposible?
6 de Mayo de 2016


A propósito de la noticia del cierre de la Fundación Manuel Mejía Vallejo, Félix Ángel plantea estrategias para estas entidades del país.


Félix Ángel


Artista y curador


Washington (EE.UU.)


El problema generalmente se atribuye a la falta de dinero, pero puede ser gestión deficiente, y definitivamente, falta de educación.


“The problem is usually lack of money but the culprit may be deficient management, and definitely, poor education”.


¿Por qué resulta difícil trabajar la cultura en Colombia? La respuesta es casi siempre la misma: falta de recursos. También puede ser falla de la gestión, no de disponibilidad de dinero, y sin duda, falta de educación.


En países desarrollados donde existen toda clase de incentivos para la filantropía, y esta constituye un valor social fuertemente arraigado, la sostenibilidad de las fundaciones, y en particular las dedicadas a la educación y la cultura no siempre tienen éxito, no por falta de dinero sino por errores en la estrategia. Qué decir entonces de iniciativas similares en países subdesarrollados como Colombia, y en provincias retrógradas como Antioquia donde la filantropía es considerada un pésimo negocio. La gente prefiere contar y ahorrar centavos por el placer de tenerlos, en lugar de ser parte de una transformación social a largo plazo, elevar el nivel de la educación entre la comunidad, y mejorar la calidad de vida –personal y colectiva-, con una visión diversificada. La disculpa es que cultura compete al Gobierno, el Ministerio y las secretarías de Cultura. 


En sociedades prósperas, estudios y análisis relacionados con el impacto de la cultura se realizan y actualizan frecuentemente en el contexto de la fluctuación de las variables sociales y económicas. La mayoría coinciden en señalar condiciones que, no importa el entusiasmo de quienes lideran las iniciativas, hay que evitar o acondicionar para responder apropiadamente a los desafíos que a diario toda institución recibe, evitando acumular errores desde el comienzo.  


1- Falta de claridad en el propósito: Una fundación cultural no puede simplemente justificar su trabajo como un “aporte a la cultura”. Debe definir desde un comienzo un propósito específico, para el cual hay que diseñar un racional que ayude a explicar por qué se requiere de su existencia, y convencer de su necesidad.


2- Desconocimiento de la competencia: Arte, música, teatro, etc., son disciplinas que cubren un amplio espectro dentro de sus propios campos. Duplicar las generalidades es un error de base que es difícil de defender frente a organizaciones similares establecidas y mejor conocidas. Ignorar lo que otros hacen, y cómo lo hacen, genera errores en la acción.


3- Ausencia de valores: La sobrevivencia de una fundación depende en parte de los valores (éticos, profesionales, sociales, etc.) que logra establecer más allá de los personalismos y protagonismos. Este tipo de fundaciones difícilmente alcanza a sobrevivir una generación; desde un comienzo presentan problemas de abuso de poder, y deficientes prácticas profesionales que desvirtúan la imagen y erosionan el apoyo.


4- Lentitud en innovar: Una fundación debe tener claridad en su misión, pero no hay una metodología rígida para cumplirla. La creatividad debe ser un recurso propio para adaptarse a los constantes cambios y variables del medio en cualquier sentido (económico, social y político), de otra forma se corre el riesgo con el tiempo de convertirse en algo irrelevante.


5- Diversificación excesiva: No todas las necesidades del medio tienen que ser, o pueden ser satisfechas por una sola fundación. Demasiados objetivos empañan la claridad del propósito y confunde a los donantes.


6- Falta de rigor fiduciario: Toda fundación debe responder al escrutinio externo sobre la forma como se emplean los recursos que obtiene, considerando que la mayoría cae en la categoría de organizaciones caritativas, sin ánimo de lucro. En una fundación eficiente, el 90% de los recursos obtenidos por filantropía deben dedicarse a los proyectos que ejecuta. El éxito de una fundación depende de su impacto, no de cuánto requiere para su funcionamiento burocrático.


7- Dependencia del apoyo: Muchas fundaciones tienen éxito inicial en obtener recursos de fuentes específicas (sobre todo oficiales, que no controlan), pero se duermen en lugar de diversificar la base de apoyo. Comprometer la existencia de una fundación con dineros oficiales es como venderle el alma al diablo: se convierten en subsidiarias de la administración de turno.


8- Carencia de relaciones estables: Concentrarse en conseguir dinero indiscriminadamente puede llevar al aislamiento de la comunidad que beneficia. Cuando una fundación no tiene una relación estrecha con la comunidad o buena parte de ella, es posible que sufra las consecuencias negativas de cualquier cambio inesperado. Es necesario cultivar el grupo social que por su actividad se identifica o participa de los beneficios del trabajo comunal.


9- Menosprecio de las estadísticas: Pocas fundaciones mantienen a la mano información relacionada con la efectividad de las operaciones, llevándolas ciegamente a persistir en comportamientos inefectivos destinados a fracasar por falta de estrategias en la planificación y concentración de sus esfuerzos. 


10- Dotación: Crear una fundación sin una dotación económica inicial (un fondo invertido que no se emplea directamente en las operaciones de la fundación, o emplea un porcentaje mínimo equivalente al 10% del mismo cada año, y se incrementa constantemente),  o de otra naturaleza (sede de funcionamiento, por ejemplo) no es estrictamente necesario pero es recomendable, de otra forma resta impulso al plan de acción e imagen. Cualquier donante quiere estar seguro que su contribución impacta directamente la misión de la institución y los programas que implementa, no los sueldos de los empleados. 


11- Dar debido reconocimiento: La vida de una fundación depende en gran parte del apoyo constante que  la comunidad le brinda. En la misma medida en que una fundación espera recibir apoyo, debe ser generosa en reconocer a quienes lo proveen. 


12- Junta Directiva: Una JD no es un cuerpo decorativo. Los miembros deben estar familiarizados con los objetivos de la fundación, y poseer conocimientos y habilidades específicas que contribuyen a guiar el destino de la organización. La JD es un grupo de expertos, no un club de amigos cuya función es sancionar cualquier cosa que presente el director, o ponerse de acuerdo sin evaluar consecuencias. 


El libro Por qué las fundaciones fracasan: Como evitar errores frecuentes trae otras recomendaciones, por ejemplo la necesidad de un líder carismático, calificado y efectivo; sitio en la red diseñado clara y profesionalmente (tecnología); rigurosa contabilidad; aprecio por y cultivo de pequeños donantes; y vigilancia de las obligaciones fiduciarias; no pagar impuestos no significa abstenerse de presentar la declaración de renta. El Stanford Social Innovation Review recomienda planear diligentemente la recolección de fondos -advirtiendo que no siempre es divertido-, pero es algo en lo que es necesario invertir.


La reflexión y pregunta final es inevitable: ¿Cuán preparados estamos en Medellín, en Antioquia y Colombia, para que una fundación sobreviva y cumpla su propósito más allá de la buena voluntad? Ciertamente la respuesta depende del análisis de las condiciones mencionadas, y posiblemente otras,  y ver en qué medida se ajustan o no a nuestra realidad.