Editorial


El compromiso con la Tierra
22 de Abril de 2016


Los proyectos se complementan en tanto pilares de una ciudad equitativa y defensora de la vida que se entiende sostenible, o sea en diálogo con su entorno natural.

Con una nueva edición del Día sin carro, que incluye las motos, las alcaldías del valle de Aburrá se unirán a la celebración mundial del Día de la Tierra, fecha que apoya el esfuerzo de transformación cultural de las relaciones de las sociedades con la naturaleza. Desde su ideación en algunas ciudades europeas que lo convocan desde 1994, el Día sin carro ha demostrado que la menor cantidad de automóviles particulares, y ahora motos, circulando en la vía pública reduce las emisiones de gases contaminantes y ha enseñado a los urbanistas los beneficios de otros medios de transporte, como el público, el masivo o la bicicleta. Su utilidad más importante es la pedagógica.


El modo de conmemoración escogido por Bogotá (desde el año 2000) y Medellín (desde 2010) ha contribuido a que los ciudadanos tomen conciencia de su corresponsabilidad en la gestión de la sostenibilidad. En Medellín también creó las condiciones para que la Administración, el Concejo y la ciudadanía participante definieran el modelo de gestión territorial sostenible que se convirtió en norma con el Plan de Ordenamiento Territorial 2014-2029. Entre los más destacados, que no los únicos, proyectos de este POT se cuentan Parques del río, Jardín circunvalar y el proyecto TPM, de reordenamiento del transporte urbano, que hasta el pasado diciembre se ejecutaban a plena marcha. 


Los proyectos de transformación del entorno del río Medellín y de las montañas que circundan la malla urbana tienen vida independiente y son substanciales para tejer una nueva relación de los habitantes con el río y sus afluentes, en el caso de Parques del río, así como para forjar hábitat, equidad y sostenibilidad en barrios de ladera que han crecido al ritmo de las necesidades de imprevisibles ocupantes. Aunque cada uno tiene vida propia, que garantiza la concertación atendiendo las expectativas de los vecinos y facilita la ejecución cuando existió verdadera voluntad de hacerla, los proyectos se complementan en tanto pilares de una ciudad equitativa y defensora de la vida que se entiende sostenible, es decir, en diálogo con su entorno natural para hacerlo parte del desarrollo físico, pieza estructurante de nuevos espacios públicos colectivos y sustento de nuevas formas de crecimiento orientadas a la conservación y disfrute de los bienes naturales. 


Una ciudad pensada como entorno vivo y sostenible tiene el deber de desarrollar sistemas de servicios públicos eficientes. Gracias al duro trabajo colectivo, Empresas Públicas de Medellín sigue avanzando en la prestación integral de los servicios públicos domiciliarios y Empresas Varias afianza un modelo ejemplar en gestión de residuos. Aunque la ciudad, y el valle de Aburrá, tienen el Metro como fundamento de la movilidad sostenible, eficiente y segura, la formación de un sistema público de transporte que incentive a los ciudadanos a abandonar el vehículo particular para moverse en la ciudad sigue siendo una tarea pendiente en Medellín y los demás municipios. Por ser tan grande falencia, inquieta el silencio de más de cien días sobre el proceso de estructuración y puesta en marcha del modelo de transporte urbano sostenible, seguro y eficiente, que habían negociado la Administración Municipal y las empresas de buses organizadas en cuencas prestadoras de servicio. La renuncia a que todo el sistema de transporte público y masivo sea movido a gas o por energía eléctrica y se organice en el modelo diseñado por la Alcaldía implicaría un enorme retroceso con impactos ambientales, laborales y hasta de seguridad. 


En un día como el que hoy celebra el mundo se ven paradójicas las posturas de algunos abanderados del ambientalismo radical. Con entusiasmo que sólo amaina cuando obtienen las victorias que buscan, abanderan movilizaciones contra la actividad extractiva de industriales organizados que responden a las autoridades colombianas y a grupos internacionales de presión. En cambio, son fuertes en su silencio para combatir la minería criminal, y depredadora, o para exigir que intereses personales no se pongan por encima de proyectos que mejoran la sociedad y su entorno natural, como las iniciativas de Medellín, que duermen esperando decisiones que no las entierren o reduzcan a mínimos.