Columnistas


Se fue el campeón Édgar Perea Arias
Autor: José E. Mosquera
21 de Abril de 2016


Édgar Perea Arias, fue un narrador deportivo admirado, venerado y odiada por su estilo inconfundible de hombre apasionado, frentero y polémico.

Édgar Perea Arias, fue un narrador deportivo admirado, venerado y odiada por su estilo inconfundible de hombre apasionado, frentero y polémico. Fue un ícono en la narración deportiva, su trayectoria como narrador y comentarista deportivo multifacético es admirable y debe ser referente para las futuras generaciones en el periodismo deportivo. 


Vivió una infancia dura, rodeado de pobreza y necesidades, recorrió las calles de Quibdó, como un gamín hambriento y le toco dormir en la puerta de la Catedral de la capital chocoana. Pero con esfuerzo y trabajo, logró convertirse un referente en la narración deportiva colombiana. Un hombre que las ciudades de Quibdó y Barranquilla, marcaron la vida de uno de los mejores narradores deportivo en Colombia. La primera, donde paso sus primeros años de infancia, en medio de la pobreza y la miseria y la segunda, donde se formó como narrador deportivo. 


Por eso es interesante conocer parte de la histórica trágica de la infancia de Perea en el Chocó, porque permite conocer la otra cara de la vida de un hombre que salió de las penumbras de las necesidades en Quibdó hasta convertirse, en Barranquilla y Bogotá, en un referente de la prensa deportiva colombiana, un narrador multifacético, exitoso y aclamado por una gran fanaticada.


Historia reseñada en el libro Édgar Perea, polémico, del periodista José Cervantes Ángulo, publicado por Intermedio Editores en 1994, en el cual el propio Edgar Perea, relató de manera escueta cómo fueron sus primeros años en Quibdó, después de la muerte de su madre. Una historia que sirve de referente sobre la vida de un hombre que pasó una infancia dolorosa pero con tesón logró alcanzar la cima del éxito. Sin dudas, Edgar Perea, fue un verdadero campeón en la vida.


“Tenía yo unos cuatros de edad cuando mi madre, doña Georgina Arias, murió en Quibdó de un derrame cerebral. Entonces, quedé huérfano. Un tío materno nos recogió a mis hermanos y a mí, y nos dio alojamiento en su casa. Pero éramos cinco hermanos…le dábamos mucha lidia a ese señor, y no la pasábamos bien, pero nada bien, porque allí todo era miseria y pobreza absoluta. Él nos trataba muy mal, nos ofendía mucho y nos pegaba demasiado. Entonces, un día me fugué de esa casa y anduve por las calles de Quibdó como un gamín. No meda pena ni avergüenzo al decirlo, yo fui gamín. Dormía también en la puerta de la Iglesia de Quibdó, en el mercado…. Dormía en la calle con un grupito de muchachos, y con ellos me robaba los patacones que las fritangueras hacían en los tugurios de las esquinas. Recuerdo que pasábamos corriendo frente a las ollas y cogíamos el patacón a las carreras y caliente. 


“Llegábamos a las canoas cargadas de panelas y también nos las robábamos. Un día me robé una panela y me la comí entera a escondidas de los demás integrantes de la gallada, y a la media hora sentí unos dolores en el estómago que me privaron. Cuando desperté, estaba en el hospital. No sé quién me llevo, ni que pasó. Solo sé que desperté en una camita del hospital. Allí había como cuarenta enfermos más. Total, cuando me di cuenta de que ya no tenía dolor, me levanté, corrí y me fugué. 


“Fue entonces, cuando un desconocido me vio en la calle y me recogió. En el río Atrato nos embarcamos en una canoa río Arriba durante varias horas hasta que llegamos a una finca que queda en unas laderas del río. Allí estuve largo tiempo, haciendo trabajos varios y cortando plátano. Tenía entonces seis años. Tuve una infancia dolorosa. Es más, creo que nunca tuve infancia porque vivía enfermo y era un recogido”. Una síntesis de la infancia de Perea. Paz en su tumba.