Columnistas


Cof cof cof mi Medellín
Autor: Álvaro González Uribe
9 de Abril de 2016


La emergencia ambiental de los últimos días en Medellín y en casi todo el Valle del Aburrá puede que sea coyuntural debido a factores climáticos pasajeros.

La emergencia ambiental de los últimos días en Medellín y en casi todo el Valle del Aburrá puede que sea coyuntural debido a factores climáticos pasajeros, pero nos tiene que servir a los medellinenses para reflexionar muy seriamente sobre la manera cómo durante años hemos tratado nuestro ambiente.


No sé qué debe pasar para que todos se convenzan de que la lucha por el medioambiente no es un asunto de loquitos mochileros. Es nada más y nada menos que un tema de salud pública, de la defensa de la vida como lo es cualquier política criminal. Un estudio de la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia dice que hoy en Medellín las enfermedades respiratorias crónicas son la causa de cerca de 1.000 muertes por año, cuando en 1998 eran 200.


Medellín y su área metropolitana están en mora de adoptar un plan maestro ambiental, mucho más allá de los planes de manejo ambiental parciales y sectoriales. (Ya escrita esta columna leí una carta en buena hora enviada por el escritor Pablo Montoya al alcalde Federico Gutiérrez proponiendo un plan integral en este sentido).


No intento pontificar sobre un tema en el que no soy experto, pero el sentido común me dice que se debe empezar analizando la geografía de Medellín con la prospectiva del cambio climático global que por supuesto nos afecta y afectará cada vez más. Partiendo de allí plantear acciones de corto, mediano y largo alcance. El plan debe ser el marco “constitucional” para acometer cualquier desarrollo de la ciudad y su área metropolitana.


La naturaleza de esas acciones debe ir marcada en principio por los distintos plazos. Tienen que ser integrales, pues de una y otra manera, y en mayor o menor medida, todos somos agentes contaminantes. No es asunto solo de autoridades, sino también de empresas particulares de todos los sectores, con un papel también clave de cada ciudadano en su comportamiento. En resumen: tanto en la construcción del plan como en su implementación los actores debemos ser todos en cuanto contaminantes como en cuanto afectados.


Medellín se ha distinguido nacional e internacionalmente por proponerse y lograr grandes retos. Está en la identidad antioqueña porque así surgimos ante la difícil geografía. Esa fue nuestra escuela y tiene que seguir siéndolo.


Y es absurdo y mezquino aquello de burlarse o intentar menospreciar los logros y premios aduciendo que nos faltan otros, sean o no más importantes. Lo de la importancia es relativo porque los retos a enfrentar son diferentes en tiempos, naturalezas, dificultades, contextos y recursos. Imponerse los propósitos de ser la ciudad más educada o innovadora, o disminuir índices de homicidios, no van contra otros ejercicios de ciudad y políticas públicas a implementar paralela o posteriormente. Por ejemplo, la educación y la innovación son herramientas fundamentales en el mejoramiento ambiental.


Empezar a reconocer (bueno, y a sentir) sin vergüenza que estamos muy mal en la calidad del aire es el primer paso para crear conciencia ambiental. Y de allí a trabajar todos en lo pequeño y en lo grande. El alcalde Federico Gutiérrez y el director del Área Metropolitana Eugenio Prieto han hecho lo que tienen que hacer y muy bien. Ahora lo que sigue es convocar a todos los sectores para construir ese plan maestro ambiental que en un futuro nos haga sentir orgullosos de Medellín la de mejor aire para respirar.


No se pueden desconocer los esfuerzos de anteriores administraciones ni tampoco los de tantas entidades de diverso tipo. Sin embargo, lo que hoy sucede es un indicador de que no ha sido suficiente o no ha existido coordinación o ha faltado compromiso.


Así como las secretarías de seguridad se han vuelto fundamentales por obvias razones de criminalidad y orden público, en este momento las secretarías locales y regionales de medio ambiente deben cobrar la mayor importancia en cuanto a atención, recursos y calidad del personal. Deben ser las estrellas de las administraciones. De la vida.