Palabra y obra

Dora Ramírez and Antioquia’s women in art
Dora Ramírez y la mujer antioqueña en el arte
8 de Abril de 2016


La partida de Dora Ramírez es precisa para reflexionar sobre el papel de la mujer en el arte del departamento.



Dora Ramírez mirando el atardecer, un día de la década de 1980.

Libe de Zulátegui y Mejía


Profesora, curadora y crítica de Arte


Hace unos días, el 24 de marzo, precisamente, se fue Dora Ramírez, la querida y siempre alegre Dorita.  Amiga, pintora, bailarina y muchas más dotes familiares y artísticas adornaron a esta mujer corajuda que se le montó a la vida y la gozó  hasta que ella misma decidió que no más. Se acostó para esperar lo que ya venía y con la calma de la sabiduría que recogió en 92 años.


El arte antioqueño le debe a Dora el ejemplo de saber estar al día, sin copiar a nadie, sin la obligación de “estar a la moda para estar “in”.


Cuando vivía en su casa de Caracas, Dora organizaba reuniones con los artistas del momento, invitaba artistas veteranos de aquí, de Colombia o del mundo, para que quienes teníamos esa oportunidad  pudiéramos conocer otros caminos y nuevas formas de creación que nos traían aquellos maestros y Dora los encabezaba. También hacía tertulias para comentar la obra de algún artista determinado y esa era otra manera de enseñar, de escuchar a quienes tenían más experiencia y digerir lo que se escuchaba para aplicarlo a través de sí mismo. Cómo nos nutrió Dorita. Gracias, ¡maestra!


Los jóvenes de hoy no la conocieron, así como no conocen a los grandes artistas que ha tenido Antioquia. Es un dolor que estén consultando en internet pintores, escultores, grabadores de otros mundos y épocas, porque no saben que aquí podrían tener los mejores ejemplos para entender el desarrollo y la evolución del arte, que hay maestros que con su obra, solamente, brindan el conocimiento de lo que significa taller y creación.


Composición, color, escuelas, anatomía, dibujo, grabado. De todo hay. Fueron y son excelentes guías, no para cometer el error de copiarlos, sino para saber qué es una magistral acuarela, un equilibrado y excelente óleo, grabados que sirven para expresar sentimientos, analizar su momento histórico, ilustrar  letras de grandes escritores y para darse el lujo de hacer lo que se desee, sin temor de ser censurado porque es figurativo, abstracto o no hace instalaciones. Sólo basta recorrer las noticias del mundo para darse cuenta de que hoy el artista es libre como nunca lo había sido, que quienes obligan a trabajar un camino determinado están ofendiendo al arte y a los que desean ser ellos mismos. Lo único que sí exige la creación artística actual es la honestidad y la calidad. El artista, haga lo que haga, debe hacerlo bien hecho. 


¿Y qué es bien hecho?


No permitir “basuritas”, colores torpes, mala elaboración en una instalación, falta de equilibrio y seguridad en la composición, dibujo inseguro aunque sean unos trazos grandes y  sueltos. Debe verse en la calidad de la línea al dibujante experto, suciedad en el color, en los elementos utilizados y, lo ya dicho, que no haya torpeza, la cual brilla de lejos cuando se halla en una “obra de arte”.  Es cierto que para hacer, ver o encontrar errores en cualquier obra, se debe tener el ojo educado y eso lo da el estudio serio, la experiencia. 


Cuando se está ante una obra de Dora Ramírez el espíritu se alegra con sus soluciones sabias, la belleza de sus personajes, el hermoso colorido pleno de vigor, la expresión de cada elemento que rodea a sus modelos, siempre solemnes y serios, también sensuales. Pero la alegría o talante está en el conjunto y recorrer con la mirada  sus artistas de cine o sus mitos, siempre fue y será un placer.


Ya que estuvimos un ratico con Dorita, vamos a mencionar artistas antioqueñas que  poco se mencionan y para los estudiantes de hoy es difícil llegar a sus obras. Son todas ellas grandes pintoras, ceramistas, dibujantes, escultoras, etc.


De la maestra Débora Arango se habla mucho y su obra está en el Museo de Arte Moderno y en su casa de Envigado. Hay libros y estudios muy bien realizados la mayoría, así como programas televisivos con entrevistas y comentarios muy autorizados.


Pero de Jesusita Vallejo de Mora Vásquez y de sus compañeras de estudios con el maestro Pedro Nel Gómez poco se habla y sólo hay que visitar el Museo de Antioquia, donde hay poco, pero bien seleccionado.  Duele que siguiendo la historia, no se le haya dedicado una sala a un grupo tan válido y valiente, en un momento en que la mujer no tenía lugar en las salas de exposición ni en los museos, aunque el de Antioquia era el único a decir la verdad. 


Sea porque eran mujeres o porque no se entendía su calidad, no son conocidas en todo su valor Marta Elena Vélez, Rosa Vélez, Ana Fonnegra de Isaza, Gloria Lucía Robledo, Luz Helena de Vieira, Anita Rivas, Mariela Restrepo y más acá, Ethel Gilmour, artista norteamericana que desarrolló su arte frente a las situación de violencia que padeció Antioquia, con una delicadeza y paralelamente, con una valentía que despertaba admiración. Esta obra que, independiente de su temática, la destaca por la calidad de la técnica que Ethel aplicaba a todo lo que pintaba o dibujaba.


Hay más artistas, pero el espacio se agota. Hay que dedicarles  una crónica con detalles que atraerán la curiosidad de la juventud artística de Antioquia.



Ocho icónicas de ellas