Columnistas

Proceso paralelo y acumulativo
Autor: José Alvear Sanin
6 de Abril de 2016


Después de unos diálogos, dizque exploratorios, entre enero de 2014 y marzo 16 de 2016 (¡apenas 26 meses!), el Eln acepta participar en otro proceso de paz.

Después de unos diálogos, dizque exploratorios, entre enero de 2014 y marzo 16 de 2016 (¡apenas 26 meses!), el Eln acepta participar en otro proceso de paz, adicional y paralelo, para recibir los remanentes después de la entrega de lo principal a las Farc. Pero como a estas les falta todavía mucho por extraer, el proceso con el Eln se coordinará con el anterior para que, dentro de lo que podemos llamar la “cláusula de la guerrilla más favorecida”, todo lo que ya ha logrado la primera beneficie a la otra; y todo lo que la segunda obtenga por encima de lo ya entregado quede, automáticamente, extendido a ambas. Y así ad infinitum, porque la capacidad de ceder y entregar del gobierno no tiene límites.


Las cuatro páginas del “Acuerdo de diálogos para la paz en Colombia entre el gobierno nacional y el Ejército de Liberación Nacional” repiten lo habitual para la galería: participación de la sociedad en la construcción de la paz; democracia (para la paz); transformación (para la paz); víctimas; fin del conflicto armado; implementación; fase pública; pedagogía (para la paz); funcionamiento de la mesa, y desde luego, financiación total por parte del gobierno. Pero no se nos informa de cuánto serán los jugosos honorarios que recibirán los participantes en esta nueva farsa.  


No vale la pena analizar tantas y tan rimbombantes monsergas. El presidente ha dicho que se trata de un acuerdo “diferente”. Veamos por qué: Mientras las Farc y el gobierno tienen “plenipotenciarios”, ELN y Santos tendrán “delegados”. Cada parte tendrá hasta 30 representantes, y en cada sesión se sentaran 5 principales y 5 suplentes por cada lado. 


En los 26 meses exploratorios gobierno y ELN se reunieron, ora en Ecuador, ora en Brasil, ora en Venezuela, países “garantes” donde rotarán también las reuniones de la mesa, para hacer agradable turismo “pacificador”, que lógicamente incluirá también a Chile, Cuba y Noruega, países “acompañantes” cuyos gobiernos están comprometidos con la agenda del Foro de Sao Paulo. 


Por Santos firman Frank Pearl (homólogo de De la Calle); el general Herrera Berbel (clon de Mora Rangel); José Noé Ríos (humorista flojo), y los ilustres, inexpertos y flamantes negociadores Jaime Avendaño, Paola Celis y Juan Ugarriza.  Por el Eln, Antonio García (homólogo de alias Márquez) y Pablo Beltrán, Omaira Vásquez, Jaime Torres y Darío Cañas. 


La euforia del presidente es explicable. Desde principios de marzo ya sabía que el 23 no firmaría Timochenko, pero el 16 lo alegró el placet de Gabino. A partir de ahora, cañando, cediendo y entregando en dos tableros, la confusión resultante producirá el buen acuerdo que él sí está dispuesto a firmar.


Poco importan los meses que tardarán ambas firmas, porque entretanto avanzarán de tumbo en tumbo mediante concesiones y nuevos favorecimientos, la infiltración del Estado y la desinstitucionalización del país, hasta que nuestra democracia se apague definitivamente en la paz bolivariana y narcochavista. 


En el famoso cuento italiano, Bertoldo, condenado a muerte, pidió únicamente escoger el árbol del que sería ahorcado. Pero ninguno le gustaba: unos, por altos; otros, por bajitos; por delgados, por gruesos… y así logró permanecer largos años hasta lograr el perdón. A las guerrillas colombianas ninguna concesión les satisface para firmar la “paz”. Siempre exigen algo más, porque saben que el gobierno nunca se cansará de ceder, y así hasta alcanzar el poder…


Montealegre se despide manifestando en 89 páginas a la Corte Constitucional que si se firma un convenio gobierno-Farc, este dizque sería un pacto sobre “derechos humanos”, que automáticamente entraría a formar parte de la Constitución, aun en el caso de que sea rechazado expresamente por el pueblo. He ahí el tipo de democracia que nos quieren imponer con los más abyectos sofismas.