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Que es ser dueño (y 2)
Autor: Pedro Juan González Carvajal
22 de Marzo de 2016


El dueño gestor, es decir, quien fundó la empresa, es el gran inspirador de la organización.

El dueño gestor, es decir, quien fundó la empresa, es el gran inspirador de la organización. La cuidó como a un bebé desde su nacimiento, la protegió, la orientó, la educó y obviamente quiere verla crecida, robusta y autónoma, como si fuera un ser viviente.


Lo anterior es fácil de describir, pero difícil de implementar y de llevarlo a la práctica, pues con honrosas excepciones, los dueños gestores consideran insustituible su presencia para que su “hija” pueda sobrevivir.


Y lo malo es que esta aseveración puede ser cierta, mientras la informalidad en el manejo,  la operación y el  funcionamiento de la empresa sea el común denominador. Organizaciones que trabajan al ritmo del estado de ánimo del dueño gestor, o que están sometidas a sus caprichos, formas de ver el mundo y costumbres, muy seguramente jamás llegarán a la madurez y serán posiblemente negocios exitosos que desaparecerán cuando el dueño gestor  muera.


Manejar los asuntos familiares, personales y de  negocio revueltos, es una clara demostración de la capacidad de gestar y de la incapacidad de administrar objetivamente. Estos ruidos organizacionales se incrementan cuando hijos o parientes del dueño gestor entran a engrosar las filas de súbditos que trabajan para el patrón y que vivencian en carne propia, los altísimos costos explícitos u ocultos de la informalidad.


Para este tipo de  dueño gestor, las políticas, los objetivos, los procesos, los procedimientos y muchas veces el respeto por el marco legal, son cosas accesorias y muchas veces obstaculizadoras de su estilo de manejo, que obviamente no es gerencial. Es su olfato, su impulso, su ceguera, su soberbia, la que lo acompañan en la toma de decisiones, muchas veces emotivas, muchas veces explosivas, muchas veces inapropiadas. El dueño gestor con este perfil, no busca empleados, sino clones o subalternos obsecuentes y aduladores que sean incapaces de contradecirlo y obviamente sean poco propositivos. El estilo paternalista se impone y la objetividad y racionalidad se pierden, mientras la factibilidad, sostenibilidad y sustentabilidad del negocio, se afectan y se ponen en riesgo por el aumento de la incertidumbre.


Por otro lado, las excepciones existen y también se da el caso de dueños gestores gerentes que trabajan como empleados en su empresa, que se saben acompañar por terceros con quienes comparte sus experiencias, pero que también sabe escuchar y propone y facilita escenarios de discusión. Este dueño gestor gerente planifica su retiro de la organización y deja en vida su testamento o legado empresarial y se propone acompañar a quien designe para que adquiera el vuelo suficiente en el manejo de la organización. 


Promueve la definición de marcos de actuación y reglas de juego formalmente establecidas, gusta de patrocinar el trabajo con calidad y ante todo es respetuoso con sus subalternos. 


Este dueño gestor gerente se retira gradualmente y sabe interrelacionarse con la organización para evitar equívocos o duplicidad de esquemas de autoridad. Establece espacios de conversación y determina el tipo de información que requiere para estar enterado sin tener que meterse en el detalle o interrumpir las nuevas dinámicas que se han implementado para cuando se dé su ausencia. Comienza a desempeñar, capitalizando su experiencia, el papel de consejero y paulatinamente  disminuye su presencia física.


Finalmente es la confianza, el atributo por excelencia que permitirá desarrollar o no, cualquiera de las dos dinámicas descritas.


¿Cómo buscarla? ¿Cómo distinguirla? ¿Cómo otorgarla?  He ahí el gran dilema. Ya Maquiavelo sostenía que el Príncipe debería poseer dos grandes cualidades: Virtud y Fortuna. La primera puede ser analizada con objetividad, pero con la bendita Fortuna, Maquiavelo se tiró en la batica de cuadros y reconoció que la subjetividad y lo no racional, deben ser también tenidos en cuenta.