Columnistas


El papel de dueño
Autor: Pedro Juan González Carvajal
15 de Marzo de 2016


En el mundo empresarial, cuando alguien toma la iniciativa de sacar adelante una idea y la convierte conscientemente en proyecto, o simplemente, a partir de su instinto emprendedor, la concreta, estamos hablando de un gestor de negocios.

En el mundo empresarial, cuando alguien toma la iniciativa de sacar adelante una idea y la convierte conscientemente en proyecto, o simplemente, a partir de su instinto emprendedor, la concreta, estamos hablando de un gestor de negocios. 


Quien lidera estos procesos de creación en el mundo de los negocios debería tener muy claro desde el principio, para sí mismo, qué tipo de negocio quiere, qué tamaño de negocio quiere alcanzar, cuál es la dimensión económica del negocio y cómo se imagina su relación con el negocio en el tiempo. Cuál su relación deseada como empleado, como gerente, como miembro de un comité de gerencia, como presidente de junta o como simple rentista.


Este gestor, comúnmente, acompaña el desarrollo de su idea y la cuida con esmero hasta que adquiere cierta dimensión y se enfrenta entonces, a una de las decisiones más cruciales de la vida empresarial: continúa solo al frente de la actividad, o busca reforzar la capacidad de gestión con terceros, haciendo paulatinamente el tránsito doloroso de negocio a empresa. 


Si continúa solo, lo cual es válido, tendrá la obligación de desarrollar por sí mismo todas las actividades operativas, tácticas y estratégicas que el negocio demanda, lo cual consumirá su tiempo y todas sus energías: como la capacidad del hombre es limitada, es muy posible que el tamaño de su empresa alcance su máxima dimensión de acuerdo con las capacidades que el gestor logre desarrollar por su propio esfuerzo, limitando su crecimiento y tendiendo cada vez más a dedicarse a la micro gerencia, perdiendo la posibilidad de potenciar el desarrollo estratégico de la actividad.


Si se deja acompañar, es muy posible que la expansión y crecimiento de la actividad se desarrolle de manera más fluida y que se construyan los cimientos para que el gestor, en algún momento del tiempo y bajo otra perspectiva, se dedique a la gerencia, o a la dirección estratégica de la organización ocupando cargos de otras dimensiones como Presidente o Presidente de Junta, permitiendo que terceros ocupen cargos claves en la empresa.


Sea cual sea la decisión, es importante distinguir el rol a desempeñar entre empleado-dueño o simplemente dueño, lo cual es importante definir claramente por el bien de la organización.


El empleado-dueño está imbuido en el día a día de la organización y con la mejor de las intenciones, trata de tener conocimiento pleno de todo lo que allí sucede, influenciando de alguna manera el pleno desenvolvimiento de los empleados, quienes de todas maneras no podrán impedir el continuar viéndolo y considerándolo como dueño, ya sea que ejerza o no como gerente de manera directa, o nombre a un tercero para el cargo, pero bajo la influencia de su presencia permanente.


Como dueño, se aleja físicamente de la organización y establece mecanismos de comunicación con ella. La mejor manera y la más respetuosa de mantener este contacto, es a través de su gerente, quien fuera de ser idóneo, debe ser una persona de absoluta y plena confianza, o a través de la participación en alguna instancia periódica con algunos miembros de la organización, encabezados por el gerente. Esta debería ser una máxima de comportamiento, con el fin de no generar ruidos innecesarios.


Otra posibilidad, es ser miembro de una sociedad anónima, donde de acuerdo con el porcentaje de acciones, participará ya sea en la Asamblea, ya en la Junta Directiva, o ya en ambas.


Lo que sí es claro, es que el papel de dueño, de socio, de gerente es un rol de primer nivel para la vida y la dinámica de la organización. Cada época trae su afán y las sociedades para sobrevivir, requieren de dueños que se anticipen a los acontecimientos y prevean con astucia y generosidad, aquello que ha de ocurrir alrededor de posibles relevos generacionales o de la presencia de directivos sin lazos de consanguinidad. 


Así mismo, el dueño deber servir de inspirador a la labor organizacional, donde su sensibilidad del negocio y experiencia permitirán contribuciones para alcanzar la viabilidad y sostenibilidad deseadas y requeridas.