Columnistas


El modelo colombiano y la democracia
Autor: Guillermo Maya Muñoz
7 de Marzo de 2016


Sobre las conversaciones de paz en la Habana, entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc, que deben terminar en este mes, con un acuerdo y la entrega de las armas, el Gobierno ha dicho que el modelo económico no está en negociación.

Sobre las conversaciones de paz en la Habana, entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc, que deben terminar en este mes, con un acuerdo y la entrega de las armas, el Gobierno ha dicho que el modelo económico no está en negociación.


Una cosa es decir que el modelo básico no está en juego, es decir la propiedad privada (con función social), la fuerza laboral asalariada, y la búsqueda de la ganancia privada; y otra, afirmar que la variante capitalista neoliberal no está en juego. El proceso democrático decidirá qué variante capitalista satisface a las mayorías nacionales, y no los intereses de un pequeño grupo de privilegiados.


¿El modelo neoliberal, con articulación primaria exportadora a la economía mundial, alta concentración del ingreso, alta informalidad laboral y el dominio de las finanzas en la salud, las pensiones, educación, etc, no está en discusión? Claro que sí. Las reformas de Gaviria-Hommes del 90-94, bajo las banderas del partido Liberal, todas sin excepción, son un fracaso total.


Lord Keynes (No es John M. Keynes sino un seudónimo) propone una clasificación de dos clases de capitalismo, y la opción, entre ellas, que ya ha sido probada históricamente como exitosa, económica y socialmente (Paul Mason on “Is Capitalism Dead?)


La primera clase tiene tres "variantes" capitalistas, definidos por la escuela austriaca de economía: Primera, “el Rothbardiano inspirado en Murray Rothbard, donde no exista el gobierno y en el que todo se privatiza incluida la justicia”.


Segunda, el sistema capitalista liberal Misesiano inspirado en Ludwig von Mises o Hayekiano (Friedrich Hayek), “donde hay un Estado mínimo vigilante con la infraestructura pública básica (bajo el sistema de Hayek podrían existir algunas intervenciones sociales y económicas mínimas)”.


Y tercera, el capitalismo neoliberal, “donde los gobiernos intentan controlar la macroeconomía con política monetaria y diversos grados de intervención pública (…) , pero donde los mercados laborales son desregulados, los gobiernos tratan de equilibrar el presupuesto”.


La segunda clase está conformada por dos ‘variantes’ de capitalismo, que difieren solo por la nacionalización de la industria: Primera, “un sistema capitalista donde el Estado keynesiano mantiene el pleno empleo mediante la política fiscal, fuertemente regula las empresas, y proporciona servicios sociales amplios y de bienestar (como la salud, educación y subsidios de desempleo), y fuerte gasto en infraestructura pública, pero donde la nacionalización de ciertas industrias y/o servicios es mínima o inexistente”. Y segunda, el anterior con la inclusión de que “algunas industrias se nacionalizan (por ejemplo, los sectores de frontera)”.  


Dado que el fuerte gasto en infraestructura pública, incluiría un elevado gasto en innovación y desarrollo tecnológico, la propuesta de Lord Keynes se podría complementar con la de Mariana Mazzucato autora de El Estado Emprendedor (2013). El desarrollo y la innovación tecnológica se han convertido en la característica clave del estado mazzucatiano, que con grandes inversiones patrocina las innovaciones en los sectores líderes de las tecnologías de la información y comunicación (Tics), nanotecnología, nuevas moléculas medicinales, etc.  


Sin embargo, Mariana señala que hay dos problemas con esta intervención gubernamental en el desarrollo tecnológico: las grandes corporaciones Imponen precios elevados a los consumidores, como en el caso de las medicinas, y evaden el pago de impuestos.


Estas dos tendencias negativas corporativas deben ser contrarrestadas, en primer lugar, con mayores impuestos a la riqueza, como aquellos propuestos por Tomas Piketty en su libro El Capital Siglo XXI (FCE), y la abolición de los paraísos fiscales, como propone el colaborador de Piketty, Gabriel Zucman en su libro La riqueza escondida de las naciones (2015). En segundo lugar, la gestión monopólica de los mercados debe tener mayor regulación estatal, especialmente las finanzas, que es fuente de una mayor fragilidad financiera y origen de la última crisis de 2008, y que todavía no ha sido superada.


Lord Keynes ve problemas con el capitalismo en sus formas austriacas y neoliberal (austriaca y monetarista), pero no ve ningún problema de fondo con el capitalismo cuando se trata de las formas keynesianas, “que son lo que llamaríamos las economías mixtas socialdemócratas de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial”.


Y concluye diciendo que: “El hecho de que el neoliberalismo es gravemente deficiente, no se sigue que la izquierda debe rechazar totalmente el capitalismo. (…), y toda la evidencia sugiere que este es el sistema económico mejor y más exitoso que las economías modernas pueden tener”.


En conclusión, no se trata de que la sociedad colombiana acepte el socialismo marxista, que ha perdido toda legitimidad, después de que gran parte de la humanidad pasó por la dolorosa experiencia del socialismo “realmente existente”, autoritario y antidemocráticos del siglo XX, y del que todavía quedan algunos rezagos. Se trata de civilizar el capitalismo salvaje que existe en Colombia, y eso no es negociar ‘el modelo’, es democratizarlo.


El acuerdo de la Habana no es la solución a los males colombianos, pero si el punto de partida.